TAS (Triste Anunciada Sentencia)

Pasaron 14 meses y un poco más, de la nefasta tarde en la que el micro que transportaba al plantel profesional de Boca fue recibido con una lluvia de piedras, botellas y demás objetos en la esquina de la Avenida Lidoro Quinteros y Libertador. 

Calle de acceso directo al estadio de River. Desde siempre el lugar donde se reunían los hinchas visitantes para ingresar al Monumental.

Si esa intersección de avenidas, no es inmediación de ese estadio, es porque ya no se entiende más nada…


Ya se repitió hasta el hartazgo todo lo que pasó. Desde las apretadas de los médicos y directivos de Conmebol, a las corridas y destrozos dentro del Monumental, que hicieron huir despavorido al propio presidente de River en el anillo interno. Todo cuidadosamente ocultado por medios cómplices, hasta lo insostenible. La estrategia repetida, en transformarse de victimario en víctima, una vez más, lograba el éxito.

 Un infausto “pacto de caballeros”, repleto de anomalías y sobre todo, mentiras. Irregularidades por doquier, que Daniel Angelici, ahora ex presidente de Boca, firmó cuál si fuera un neófito o ingenuo. Cuando sabemos que lejos está de ser cualquiera de estas condiciones…

Todo un escenario que transformó lo que debía ser una final inolvidable, en un sin fin de mamarrachos.  Una final, que desde ese mismo momento dejó de tener razón de ser.
UNA FINAL QUE JAMÁS SE DEBIÓ HABER JUGADO. SEAN CUÁLES SEAN LAS CONSECUENCIAS.


Para luego llegar al reclamo en este Tribunal Arbitral Deportivo.  Todo el proceso no estuvo ajeno al despropósito que rodeó la Copa Libertadores 2018.

Boca, con Angelici sin verdadera voluntad de hacerlo, planteaba un recurso extraordinario de queja, sobre un partido que él aceptó jugar.

¡Y EN OTRO CONTINENTE!

Por supuesto que a Boca lo avalaba el derecho y también las razones para la protesta.  Sobre todo con el antecedente cercano de 2015. Cuando el presidente que a viva voz pedía respetar el “pacto de caballeros”, intrusó el césped de La Bombonera, retiró a su equipo, y no lo jugó nunca más. Con la anuencia certificada de Conmebol, claro está. 

Porque en realidad, una vez sellado el resultado en la cancha, esa protesta perdió todo peso. Pocos, muy muy pocos, creían que ciertamente podría ser un fallo favorable para Boca.

Más allá de las cientos de especulaciones y falsas informaciones periodísticas. Nadie sabía nada.  Cifras multimillonarias para compensar a Boca(?), contaban varios sabiondos de la nada. Por supuesto, puro verso…


El TAS, 14 meses después, con toda una Libertadores jugada, y otra en su comienzo, determinó dejar sin efecto toda protesta de Boca.  Como si nada hubiera pasado.

Y “sanciona” a River con 2 partidos sin público en su estadio en esta Copa 2020. Un chiste. Por la gravedad de lo que pasó, una falta de respeto.  Pero previsible. Sabido. No se podía preveer otra decisión. Por lo menos yo no esperaba algo distinto. Disparatado era pensar que Boca recibiría un monto de dinero similar al que recibe el ganador, sin consagrarlo como tal. No hubiera sido lógico. Y finalmente eso pasó. 


Se cierra de esta forma, un círculo oscuro. De entramados imposibles de verificar para casi todos nosotros.


Lo que deja claro todo lo ocurrido en esa Copa 2018, es que Boca tuvo oportunidades para defenderse de distintas maneras. Tanto adentro como afuera de la cancha.  Y en todas falló.
La noticia de la resolución del TAS es el punto final.

Casi de inmediato se conoció la renuncia de Daniel Angelici a su cargo en FIFA. El tiempo para patear el tablero era otro. Exactamente hace 14 meses.


Todos, de alguna manera, lo imaganábamos a este desenlace. Hace rato Boca sabía su suerte. Esta Triste Anunciada Sentencia. 

“El pacto de caballeros”
Un papel sin siquiera un membrete del organismo que rige la competencia.
Otro absurdo de Conmebol.

Marcelo Gonzalez

Papá de Ciro . Socio de Boca. Periodista. 22 años siguiendo y comentando los partidos de Boca por Radio Cristal de Entre Ríos.  Comentarista y Director Periodístico de Cadena Xeneize.

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