Empate con gusto a derrota y un ciclo que se estira sin respuestas
Boca igualó 1-1 con el ascendido Gimnasia de Mendoza en La Bombonera y otra vez dejó una pobrísima imagen.

Fue 1-1 en la Bombonera, pero la sensación fue de derrota. Y no es un juego de palabras. Boca volvió a dejar puntos en casa, volvió a mostrar fallas estructurales y volvió a irse envuelto en silbidos. El resultado ante Gimnasia de Mendoza —que celebró probablemente uno de los empates más importantes de su historia— expuso otra vez el problema central: el rival cumple su libreto; Boca no encuentra el suyo.
El equipo dirigido por Claudio Úbeda arrancó con un 4-2-3-1, no con el ya desgastado 4-3-3. Adam Bareiro fue el nueve, con Miguel Merentiel por detrás. Por izquierda se movió Janson, de rendimiento aceptable dentro de un contexto muy pobre. La decisión difícil de explicar volvió a estar en el mediocampo: Alarcón ocupó el rol de interno por derecha, una posición que no siente y en la que volvió a quedar expuesto. Hoy su nivel es bajo, y su presencia como titular permanente resulta cada vez más difícil de justificar.
El primer tiempo fue, directamente, espantoso. Boca tuvo la pelota porque el rival se la cedió, pero jamás supo qué hacer con ella. Sin armonía ofensiva, sin movilidad coordinada y sin sorpresa, el equipo se volvió previsible. Y en una pelota detenida pagó caro. Córner bien ejecutado al primer palo, nadie cubriendo ese sector, y Luciano Paredes —el mendocino— ganó de cabeza ante la marca perdida entre Alarcón y Bareiro. Marchesín quedó sin reacción. Gol y desconcierto.
El detalle es tan simple como alarmante: no había nadie en el primer palo. Un error básico. De esos que no deberían repetirse en el máximo nivel. Boca quedó 0-1 abajo y, una vez más, obligado a remar.
Lo empató sobre el final del primer tiempo con una acción que tuvo como protagonista al más voluntarioso de la noche: Lautaro Blanco. Centro perfecto desde la izquierda, cabezazo de Bareiro de pique al suelo y gol. Los mendocinos protestaron una supuesta falta previa, pero el VAR terminó anulando la acción por posición adelantada de Janson, quien participó activamente. La decisión fue correcta. El 1-1 quedaba sellado.
El segundo tiempo mostró otra cara, aunque no alcanzó. A los cinco minutos, Úbeda realizó un triple cambio que bien pudo haber hecho en el entretiempo: ingresaron Zenón, Paredes y el juvenil Tomás Aranda. Salieron Janson, Delgado —golpeado— y Alarcón. Se perdió una ventana de cambio, sí, pero al menos se modificó algo.
Y el partido cambió, en parte, por Aranda. El chico de 18 años aportó frescura, decisión y juego hacia adelante. No es la solución mágica, pero hoy es más solución que muchos. Arrancó desde la derecha, un sector que no es el habitual para él —tradicionalmente juega como enganche o por izquierda en la Reserva campeona de Mariano Herrón—, y aun así fue el que mejor interpretó dónde estaban los espacios. Gambeteó, filtró pases y le dio otra dinámica al equipo.
Paredes aportó claridad y presencia en la mitad. Su sola postura ordenó más que el resto del mediocampo junto. Incluso por encima de Milton Delgado, que recuperó mucho pero volvió a fallar en la distribución. Ascasibar, en cambio, continúa sin peso específico.
Con ese envión, Boca generó más que en todo el primer tiempo. Hubo una jugada elaborada desde Paredes, con pared incluida para Weigandt, que terminó con un centro mal ejecutado cuando Di Lollo esperaba solo para empujarla. La mejor acción colectiva de la noche terminó diluida por una mala decisión individual. Ahí aparece otra dimensión del problema: errores propios que no dependen del entrenador.
Bareiro, que terminó tocado, preocupa de cara al partido ante Lanús. Sin él, Boca volvería a quedarse sin referencia de área. Y en un equipo al que ya le cuesta generar, perder al nueve sería otro golpe.
El empate final deja a Boca noveno, fuera de los ocho clasificados, con siete fechas disputadas. En la Bombonera no pudo ganarle ni a Platense, ni a Racing, ni ahora a Gimnasia de Mendoza. Se vienen Lanús, San Lorenzo, Independiente, River y Defensa y Justicia. El margen es cada vez más chico.
Además, el horizonte inmediato incluye el sorteo de la Copa Libertadores el 19 de marzo y el inicio del torneo en abril. Con este funcionamiento, el riesgo es alto. Persistir sin cambios profundos también es una decisión.
La pregunta vuelve a ser la misma: ¿hasta cuándo? Úbeda no se irá solo. La responsabilidad es dirigencial. Juan Román Riquelme y su conducción deberán definir cuánto más se sostiene un ciclo que muestra señales de agotamiento. Boca no solo empata: se hunde en la tabla y en el ánimo.
La única verdad es la realidad. Y la realidad indica que Boca no gana en su casa, no encuentra funcionamiento y se acerca a una zona que no condice con su historia. El hincha lo siente. La Bombonera lo expresó.
¿Habrá reacción en Lanús? Boca la necesita. Y mucho.



