Boca volvió a fracasar en La Bombonera: eliminado de la Libertadores y cada vez más lejos de su historia

El “Xeneize” cerró la fase de grupos con tres derrotas en los últimos cuatro partidos y terminó tercero en una zona accesible. Pasará a disputar los playoffs de la Copa Sudamericana, un premio consuelo demasiado pobre para la historia de Boca.

Lo más preocupante no fue solamente la eliminación. Fue la forma. Boca jugó apurado, nervioso y desordenado. Tuvo la pelota, acumuló centros y remates, pero nunca supo qué hacer con el partido. Atacó por obligación y no por convicción. Cada jugada parecía improvisada. Cada definición terminaba mal. El equipo transmitió impotencia desde el primer minuto hasta el último.

Y mientras muchos se escondían, hubo un solo futbolista que entendió lo que se estaba jugando: Tomás Aranda. El juvenil fue prácticamente el único que pidió la pelota, intentó asociarse y mostró vergüenza deportiva en medio del derrumbe colectivo. En un equipo paralizado por el miedo y la confusión, Aranda al menos tuvo personalidad para hacerse cargo. No alcanzó, claro, pero dejó en evidencia la pasividad alarmante de varios referentes y compañeros.

Universidad Católica, sin hacer un gran partido, necesitó apenas una llegada clara para desnudar todas las falencias defensivas de Boca. A los 33 minutos del primer tiempo, Clemente Montes encabezó un contraataque letal y definió con una categoría que el equipo argentino jamás tuvo en toda la noche.

El resto fue un monólogo estéril. Zeballos desequilibró por momentos, pero resolvió mal casi siempre. Paredes alternó buenas intenciones con lentitud. Milton Giménez peleó aislado y terminó absorbido por la impotencia general. Los cambios tampoco modificaron nada. Boca fue un cúmulo de nervios y centros desesperados.

La Bombonera, que históricamente fue sinónimo de presión para los rivales, hoy se transformó en escenario de frustraciones repetidas. Y los números son devastadores: Boca Juniors fue eliminado cinco veces en su cancha en apenas 15 meses.

  • Eliminado ante Alianza Lima en la Fase 2 de la Copa Libertadores.
  • Eliminado frente a Independiente en los cuartos de final del Apertura 2025.
  • Eliminado contra Racing Club en la semifinal del Clausura 2025.
  • Eliminado ante Huracán en los octavos de final del Apertura 2026.
  • Eliminado frente a Universidad Católica en la fase de grupos de la Copa Libertadores 2026.

Un dato que retrata el derrumbe futbolístico y emocional de un club que perdió la fortaleza de local y la mística copera que durante décadas intimidó al continente.

También quedó expuesto Claudio Úbeda. El entrenador nunca logró darle una identidad al equipo y Boca terminó jugando a los empujones, sin estructura ni ideas. El equipo no tuvo rebeldía táctica ni respuestas desde el banco en el partido más importante del semestre.

Pero el problema es más profundo. Boca lleva años improvisando. Cambian los técnicos, cambian los jugadores, cambian los discursos, pero el resultado es el mismo: un equipo sin funcionamiento, sin liderazgo y cada vez más lejos de competir seriamente en la Copa Libertadores.

La eliminación frente a Universidad Católica no es un accidente aislado. Es otra mancha pesada en una etapa futbolística oscura. Boca ya no impone respeto ni siquiera en La Bombonera. Y para un club que hizo de la Copa su razón de ser, eso debería encender todas las alarmas.

La eliminación también vuelve a poner bajo la lupa a la dirigencia que lidera Juan Román Riquelme y al proyecto futbolístico. Porque el problema excede a un entrenador interino o a una mala noche. Boca lleva demasiado tiempo improvisando. Cambian los nombres, cambian los técnicos, cambian los discursos, pero el equipo sigue mostrando los mismos síntomas: falta de juego, de personalidad y de rumbo.

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