Boca hizo lo que tenía que hacer: ganar y mandar un mensaje

Sin exagerar y sin fuegos artificiales, Boca hizo lo que correspondía. Cumplió. Ganó con suficiencia y, sobre todo en el segundo tiempo, lo hizo con autoridad. Marcó las diferencias futbolísticas que hoy existen entre ambos equipos y dejó en evidencia el mal momento de Newell’s, uno de los conjuntos más pobres del fútbol argentino actual. Cuesta encontrar rastros de aquel equipo rosarino competitivo y respetable: lo que queda es un rival que ya no intimida, ni siquiera cuando intenta incomodar desde la fricción.
No fue la goleada de la última visita a la Bombonera, aquella noche de cinco goles que todavía debe doler en Rosario, pero el 2-0 también quedó corto. Boca pudo haber estirado la diferencia sin despeinarse demasiado. No fue una calamidad para Newell’s, pero tampoco una señal de recuperación. Boca, en cambio, sí mostró un cambio positivo respecto del partido anterior. Y eso, en este momento del año, vale.
Porque pasar de una derrota a una victoria siempre ordena el ánimo, pero también porque hubo correcciones visibles desde el planteo inicial. Nombres mejor ubicados, decisiones más lógicas y una lectura más sensata del partido. En especial, una modificación que dejó una conclusión clara: insistir por insistir no siempre es convicción; a veces es necedad.
La apuesta por Gonzalo Gelini como extremo derecho desde el arranque fue uno de los grandes aciertos de la noche. Zenón ocupó ese lugar más tarde, pero no desde el inicio. El juvenil respondió con creces: velocidad, personalidad, decisión para encarar y, algo no menor, animarse a patear al arco. De hecho, tuvo el primer remate peligroso del partido, cerca del área de Gabriel Arias. No fue una aparición decorativa: dejó aprobado alto y abrió una puerta interesante.
Gelini no solo cumplió. Dejó la sensación de que puede ser una alternativa real, al menos como carta de recambio, hasta que Boca resuelva definitivamente el problema del extremo derecho. Porque algo está claro y no parece que vaya a cambiar en lo inmediato: Boca juega 4-3-3. Punto. Se podrá discutir gustos, variantes o matices, pero ese es el sistema elegido. Y si se insiste con él, lo lógico es que lo ocupen futbolistas que se sientan cómodos en ese rol.
En ese marco, el juvenil fue una buena noticia. Un primer tiempo intenso, participativo, y una salida lógica en el complemento, cuando el desgaste pasó factura. Bien por el pibe.
En cuanto a rendimientos individuales, Boca tuvo puntos altos en todas sus líneas. El hombre del partido fue Lautaro Blanco. No solo por el gol, sino porque su acción rompe un partido que se estaba tornando espeso. Newell’s apostó todo a la fricción, al corte permanente, a la falta como recurso. Ya había pasado con Riestra y volvió a pasar acá: pegar, cortar, incomodar. Mucho.
En ese contexto, Blanco ganó la más difícil. Trabó fuerte en la mitad de la cancha, se impuso, cedió rápido al Changuito Zeballos y siguió la jugada. El resto es de memoria: Zeballos encarando como desata-nudos profesional, levantando la cabeza en el momento justo y habilitando al lateral, que definió con categoría, casi como un viejo wing, picándola ante la salida de Arias. Gol clave, justo antes del entretiempo, cuando el 0-0 empezaba a generar fastidio.
Ese 1-0 fue alivio, tranquilidad y una señal. Boca ya era mejor, pero necesitaba romper el partido. Lo hizo.
Arriba, Iker Zufiaurre volvió a mostrar voluntad, pero poca claridad. No alcanzaba. El ingreso de Ángel Romero en el entretiempo fue determinante. Sin exagerar ni vender humo: los 45 minutos del paraguayo fueron buenos. Todavía le falta ritmo físico, es evidente, pero entendió cómo jugar el partido. Se movió con inteligencia, aguantó de espaldas y leyó bien los tiempos.
La jugada del penal lo resume todo. Romero se perfila como nueve, gana la posición, obliga al defensor a recurrir al “camisetazo” primero y al segundo ya dentro del área. Penal claro, bien revisado por el VAR, y bien ejecutado por Leandro Paredes, que empieza a recuperar una versión que tranquiliza. Boca con un buen Paredes es otro equipo. Maneja los tiempos, le da sentido al juego y eleva a los de al lado.
El partido, a partir del 2-0, se volvió un trámite. Newell’s no tuvo recursos ni reacción. Boca administró, movió la pelota y hasta pudo ampliar la diferencia. Ascacíbar, en un partido normalito, tuvo dos llegadas al área. Esa es una virtud que este Boca necesita y puede explotar más.
En defensa, correcto Ayrton Costa, irregular Di Lollo y preocupante lo de Barinaga. A esta altura, el debate es válido: ¿no merece Weigandt una chance real? El lateral derecho fue el punto más flojo del equipo, incluso ante un rival que exigió poco.
Ander Herrera tuvo un partido condicionado por un fuerte pisotón en el primer tiempo que mereció algo más que amarilla. Aun así, dejó pinceladas de su calidad. Cinco puntos, sin decepcionar.
La sensación final es positiva. Tranquila, pero positiva. No es bajar el precio de la victoria; es entenderla en su justa medida. Boca hizo lo que debía hacer frente a un rival inferior y lo resolvió sin sobresaltos. Eso también es madurez.
Ahora viene lo serio. Vélez en Liniers, un escalón más alto, otra exigencia. Históricamente difícil y ante un equipo competitivo. Ahí se verá si esta reacción fue apenas un buen paso o el inicio de algo más sólido. Después vendrán Platense y Racing. El calendario aprieta.
Por ahora, Boca ordenó la casa, ganó y respiró. No es poco. Ahora, que lo sostenga.




