Un grito desgarrador
En una noche que quedará en los libros de historia, con el mítico Estadio Maracaná como testigo, se vivió, se sintió, se sufrió y se disfrutó una rugiente victoria xeneize.
El Cristo Redentor estuvo atento a cada detalle, a cada jugada, casi como los dirigidos por el Vasco Rodolfo Arruabarrena, que solo se relajaron cuando ya habían consumado un triunfo que los depositará en una nueva final internacional.
Esa final los llevará a tierras cafeteras a jugar el partido definitorio de la Copa Sudamericana, el sábado 21 de noviembre de 2026, en el Estadio Metropolitano Roberto Meléndez de Barranquilla, Colombia.
Mientras la fiesta se desataba en las tribunas y la barra no paraba de cantar y explotar de alegría, detrás de los morros una horda de disciplinados y violentos odiadores esperaba la goleada en contra del equipo de la Ribera: el fracaso, la crisis, los lesionados y el trágico final.
A esa horda, se le sumaron orcos sedientos de maldad y trolls hambrientos de derrota. No conformes con despreciar, excretar y maldecir, necesitaban oler el esperado y ansiado fracaso.
Pero una vez más, y cuantas veces más vengan…
BOCA NUNCA TEME LUCHAR.
Esas estrofas que emanan de su himno son el inicio de un sentimiento de lucha. Esa camiseta azul y oro siempre va a estar dispuesta al combate, no importa la circunstancia ni el campo de batalla.
Los orcos y sus hordas sufrieron un duro revés, muy difícil de reponerse.
Boca Juniors, una vez más, demostró que todo se cura con amor:
Amor a la camiseta.
Amor a la Bombonera.
Amor a la historia.
Amor a nuestros fundadores.
Amor a nuestro himno.
Amor a nuestros hinchas.
Amor a cada uno de los que están en cada rincón de este y el otro mundo, festejando con un grito desgarrador.
Boca es grande por su gente.




