BOCA TIENE A ATLAS: LOS TITANES CONQUISTAN EL CIELO
La noche fría contrastaba con el calor que siempre emana de la mítica Bombonera de Buenos Aires.
La bruma se dejaba ver por los reflectores que alumbran el verde césped.
La parada era difícil. Todos quieren ganarle a Boca, no solo las deidades de Talleres de Córdoba y su Barrio Jardín, sino los Zeus y otros dioses del Olimpo que se agazapan detrás de sus micrófonos, anhelantes, para festejar esa derrota que esperan partido tras partido.
Galarza se vistió de Zelo, una deidad llevada por ese fervor interior de que algún día iba a luchar del otro lado, con la azul y oro en el pecho.
Hizo la jugada de su vida y clavó un gol al ángulo.
Gol en contra, y todo era cuesta arriba. ¿Y ahora?
¿Quién podría soportar tamaña presión?
¿Quién podría sostener el cielo y la tierra?
¿Quién podría ser infatigable e indomable?
¿Quién podría enfrentar a los contrarios, unos de pantalones cortos y remeras rayadas, y otros de micrófonos nocivos, ávidos de crisis y fracasos?
Lautaro «Atlas» Blanco, el incansable, nacido en el barrio Las Delicias, donde tener miedo no es opción de vida.
Salió una y otra vez del fondo, comandando a los Titanes al triunfo.
Inagotable, tenaz, persistente, contagiando al resto en cada pelota.
Encontrando a la criatura de la primera mitología, el monstruo o bestia Miguel «Egeón» Merentiel, quien venció al arquero con un tiro rasante al segundo palo y cuyo grito titánico se dejó resonar en las tribunas.
Faltaba la batalla final,
mientras el estadio rugía sediento de una victoria más.
Con la fuerza de Lautaro «Atlas» Blanco, el empuje de Miguel «Egeón» Merentiel, apareció Leonel «Cronos» Flores, el poderoso benjamín, quien se escapó por izquierda llegando a su arco predilecto y, con la jugada de siempre, hizo el mismo gol de otras tantas veces.
La fiesta estaba desatada.
El gesto de pertenencia marcando la franja dorada y abriendo sus oídos al grito desenfrenado, para que lo escuche hasta el más silente.
Los mediáticos del Olimpo seguirán esperando, y les sugerimos que esperen sentados, porque la fuerza de nuestros Titanes es constante, y la próxima parada será en el Monte Otris, convertido en el legendario Maracaná de Río.
Boca Juniors es el club donde la resiliencia se convierte en pasión y la adversidad, en grandeza.




