Triunfo épico en el Maracaná: Boca hizo historia y Paredes la escribió con gloria
No busquen prolijidad en estas líneas, porque la garganta no da para más. Ha sido una noche de emociones que entra directamente en la historia de los triunfos más inolvidables de Boca Juniors. Por el escenario, por la magnitud del rival y porque la gesta parecía imposible: Boca venía con la desventaja del 0-1 de La Bombonera.
Había que venir a Brasil a enfrentar a 70.000 torcedores del Vasco da Gama, efervescentes como pocos. Les podemos asegurar que, en años de recorrer estadios y vivir otras hinchadas, nunca se sintió algo tan fuerte como el ruido de un Maracaná ardiendo. Y ahí, en un rincón, los 4.000 (o quizás un poco más) xeneizes que se quedaron sin voz. Había que pelear contra todo, contra mucho, pero la fe sobraba.
Desde el día de la derrota en La Bombonera, desde estas mismas páginas de Cadena Xeneize, les proponíamos no bajar ninguna bandera. Boca había jugado mal ese día, pero había perdido de manera injusta. Si hacían las cosas bien, la historia era perfectamente reversible. Y vaya si la hicieron bien.
Una primera parte de manual
Boca ejecutó en los primeros 45 minutos un partido con maestría táctica, pensado por el Vasco Arruabarrena y ejecutado de forma granítica por sus jugadores, lo que terminó dando la justificada ventaja de 2-0.
Nada fue casualidad. Boca elaboró y construyó su triunfo épico. A diferencia de lo que el propio Arruabarrena había insinuado en la previa sobre «esperar y ver», Boca salió a buscar el partido. La alineación con tres delanteros definidos (Flores, Villa y Merentiel) gritaba a los cuatro vientos la intención de atacar. Boca nunca resigna ir al frente, y eso es lo que nos identifica.
A los 3 minutos, tras un córner ejecutado de manera magnífica por Lautaro Blanco (un relojito suizo, qué pedazo de jugador se ha convertido), llegó el centro y el cabezazo de Lautaro Di Lollo. ¿Cuántos goles importantes tiene Di Lollo para abrir los partidos?
Quizás es hora de empezar a tener un poco más de paciencia y respeto con este pibe formado en Boca Predio. A los 3 minutos, Di Lollo puso el partido en paridad. La serie empezaba de cero.
De ahí en más, Boca no se replegó. Siguió yendo a buscar. Cristian Villa fue una pesadilla para la defensa del Vasco, aprovechando los espacios que deja este equipo brasileño. El recurso del pelotazo largo para Villa funcionó a la perfección, y fue el mismo Villa quien brindó una asistencia extraordinaria para el gol de Darío Merentiel, que hasta ese momento le daba la clasificación a Boca. En 35 minutos, Boca hizo pack y puso la serie a su favor.
Solidez defensiva y el único punto bajo
Detrás, la defensa respondió con una solvencia absoluta. Jäger y Di Lollo sacaron todo lo que venía. Lo de Jagger, en particular, habla de la jerarquía de un jugador que hoy jugó una semifinal internacional con 70.000 en contra con una seguridad y prestancia enormes.
En el medio, un Ascacíbar que volvió a ser el Ruso de Estudiantes, desplegándose y recuperando, y un Battaglia que, con sus condicionamientos físicos por la larga lesión, se plantó de cinco y cumplió hasta que el cuerpo le dio.
El único punto bajo de la noche fue Leo Flores. No jugó bien, estuvo impreciso y desconectado. Para los inconformistas de siempre: sí, Flores jugó mal. Pero en una noche de tanta felicidad, no dejemos que esto nos empañe el recuerdo.
El susto y el guion de película
El entretiempo no le vino bien a Boca. El Vasco reaccionó con el ingreso del «Puma» Rodríguez, quien marcó el 2-1 tras un desvío desafortunado de Di Lollo. El Maracaná explotó, pero como es habitual, cuando el equipo local empieza a recibir golpes, se calla. Boca entró en un momento de confusión y retroceso.
Ahí, a los 10 minutos del segundo tiempo, Arruabarrena dio un golpe de efecto: ingresó Leandro Paredes. El capitán ni siquiera tenía botines puestos en el banco, y venía de un desgarro hacía apenas 11 días. Físicamente, Paredes no estuvo bien. Le costó, se tuvo que acurrucar cerca de los centrales y Boca sufrió.
Pero el fútbol, como en las grandes películas, tiene estos finales. La pelota, la última, la del desenlace, le quedó a él. Al «muchachito de la película». Al cuestionado. Al que algunos ridículos decían que ni siquiera estaba lesionado. Paredes, con el alma y lo que le quedaba en la pierna, sacó ese remate desde afuera del área que terminó doblando la resistencia del arquero rival.
¡Iluminado! La luminaria siempre va al predestinado, y Boca tiene su muchachito de la película, pero detrás tiene un equipo de producción (este gran equipo de Arruabarrena) que avala para que la estrella brille.
Lo que viene: ¡Boca va por todo!
Este Boca es el único equipo del fútbol argentino vigente en todo lo que juega: Final de la Copa Sudamericana en Barranquilla, semifinal de la Copa Argentina en Mendoza contra Independiente, y puntero de la tabla anual de la Liga.
El Vasco Arruabarrena ha logrado algo que hacía años no se veía: la identificación más absoluta de los hinchas con su equipo. Hoy Boca jugó por la plata y por la gloria. Y sus hinchas, los 4.000 que se rompieron la garganta en Río y los millones en todo el mundo, merecen esta alegría.
Nos vamos de Río de Janeiro, volvemos a casa. El domingo estamos en Avellaneda, porque si Boca dice presente, nosotros también.




