Nunca lo den por muerto: Boca está en la final de la Sudamericana
El Xeneize venció 3-1 a Vasco Da Gama en el Maracaná con goles de Di Lollo, Merentiel y Paredes.
Nunca den por muerto al equipo más grande del mundo. Boca está en la final. Y lo hizo con garra, con corazón y con esa mística que lo hace diferente a todos los demás. Porque Boca es Boca, porque su historia pesa, y porque cuando muchos lo dan por terminado, aparece para recordarles por qué es el más grande.
Un primer tiempo para enmarcar
El equipo salió enchufado desde el primer minuto. Hubo puntos muy altos en todas las líneas, intensidad, personalidad y una propuesta que ilusionó de entrada. Battaglia cumplió con creces su rol, Merentiel tuvo un muy buen partido y la defensa respondió a una altura importante. Boca estaba metido, concentrado y decidido a buscar la clasificación. Y ahí apareció Lautaro Di Lollo, con ese gol que comenzó a alimentar el sueño de todo el pueblo xeneize. Un primer tiempo extraordinario, de esos que nos hacen creer, una vez más, que con esta camiseta siempre se puede.
Los altibajos del complemento
Sin embargo, en el segundo tiempo el equipo comenzó a bajar sus niveles. Villa dejó de encarar con la misma decisión, perdió profundidad y ya no consiguió desbordar como lo había hecho en la primera parte. Flores, por su lado, tuvo una noche complicada: no logró encontrarse con el partido, estuvo impreciso, desconectado y sin la capacidad de desequilibrio que necesitaba el equipo. Tampoco aportó demasiado en el retroceso para colaborar en la marca. Al chico le pesó el partido, y es entendible: hay encuentros en los que la exigencia te supera, y lo importante será que pueda aprender de esta experiencia.
Los cambios, una respuesta a tiempo
Las modificaciones, en líneas generales, estuvieron a la altura. Valencia entró para darle otra presencia al equipo, aguantar las pelotas, disputar cada balón y ofrecer una alternativa de contragolpe. Velasco también tuvo un ingreso positivo: estuvo metido en el partido, ganó algunas pelotas, se animó a gambetear y aportó desde su lugar. En un segundo tiempo en el que Boca necesitaba sostenerse, cada intervención contaba.
Paredes: cuando el corazón escribe la historia
Pero hay que hacer un punto aparte para el capitán: Leandro Daniel Paredes.
Cuando el Vasco Arruabarrena lo llamó desde el banco para que ingresara, más de un hincha de Boca habrá fruncido el ceño. Su rendimiento durante el partido no venía siendo bueno, tenía dificultades para disputar algunas pelotas y, encima, estaba condicionado por una tarjeta amarilla. Si hablamos estrictamente de fútbol, el partido de Paredes fue malo. No hay que esconderlo ni disfrazarlo.
Pero el fútbol también tiene estas cosas. Porque una cosa es analizar los noventa minutos y otra muy distinta es entender lo que significa tener el corazón de un bostero. Y Paredes, con todas las dificultades que había tenido, terminó apareciendo cuando Boca más lo necesitaba. Jugando prácticamente en una pierna, sacó ese remate desde afuera del área que nos dio la clasificación a la tan ansiada final.
¡Qué corazón tiene el capitán de Boca! ¿Y cómo no va a tenerlo si es hincha de este club, si siente esta camiseta y si sabe perfectamente lo que significa defender al equipo más grande del mundo? El fútbol tiene memoria, pero también tiene momentos que quedan grabados para siempre. Y lo de Paredes es uno de esos instantes que el hincha xeneize va a recordar toda la vida.
No importa lo que haya pasado antes. No hay nada que reprocharle al capitán por esta noche. Porque cuando llegó el momento de la verdad, apareció, puso la pierna, puso el corazón y nos regaló una alegría inmensa. Boca está en la final, y eso es lo que hoy importa.
Nunca lo den por muerto
Que sigan hablando, que sigan dudando, que sigan esperando que nos caigamos. Nosotros conocemos nuestra historia. Sabemos lo que representa esta camiseta y sabemos que, mientras Boca esté de pie, nunca se lo puede dar por muerto.
Boca va. Boca siempre va.
¡Y Boca va a Barranquilla!
Ganó el club más grande del mundo. ¡Vamos, Boca, carajo!






