En terapia intensiva

El paciente Club Atlético Boca Juniors lleva 11 días (fechas) internado en terapia intensiva, y entre sus allegados, hinchas y todos los que verdaderamente lo quieren, crece la incertidumbre. La gran pregunta es si, dentro de esa sala de cuidados intensivos, se lo está cuidando realmente.

El cuadro parece es grave. Aunque desconciertan los partes médicos que da el jefe de sala, Miguel, quien, con tono de disculpa, reconoce errores, ofrece cambios y promete soluciones. Uno de los cercanos al paciente recuerda con desconfianza una de esas decisiones: «Espero que no sea como cuando cambió el antibiótico: sacó la medicación uruguaya y trajo una nacional de Banfield… el paciente tuvo una reacción adversa, se alteró, y hasta rompió un vidrio de la sala.»

El infectólogo Claudio, con voz firme pero mirada confundida, sostiene que hacen falta cambios profundos si se quiere revertir esta situación crítica. Según se comenta, él habría sido quien ordenó modificar el tratamiento en el entretiempo del último episodio.

Cada día, los que de verdad quieren al club comienzan a dudar de quienes lo están atendiendo. Pasan los kinesiólogos, que detectan fallas en el sistema; el dietista confiesa que el plan no dio resultados. En resumen: nada está funcionando como se había planeado.

En el último parte médico, se reunió todo el equipo. Se dijeron verdades cara a cara, reconocieron errores y se fijó un plazo de 15 días como margen vital para empezar a revertir la situación crítica.

Una mucama, testigo involuntaria de la charla, comentó que un residente llegado desde Italia y con gran prestigio, levantó la voz con firmeza y les dijo lo que pensaba. Afuera, los hinchas se preguntan: ¿será suficiente para provocar un cambio real?

El camillero dijo haber visto al jefe Miguel notablemente abatido: “Esto lo sacamos entre todos”, murmuró, pero su voz tenue no pareció convencer a nadie.

Afuera, la gente espera. Ansía una recuperación. Pide el regreso del tratamiento que incluía la medicación uruguaya y exige una segunda opinión médica, incluso el cambio de lugar de atención. Porque cuando se trata de la salud de Boca, nadie quiere dejar nada librado al azar.

Lo que más llama la atención es la actitud de los jefes de servicio Marcelo y Mauricio. Se muestran convencidos de que todo lo que ocurre está dentro del plan, sin querer ver el evidente deterioro del paciente. Mientras tanto, el mandamás del establecimiento, que antes enamoraba a propios y extraños con discursos que llegaban incluso en voz baja, hoy parece perdido, cuestionado incluso por quienes lo tenían en un pedestal.

Es momento de sinceramientos profundos. En la vida, todos tenemos límites de conocimiento. Pedir ayuda no debería avergonzar a nadie: podría salvarnos de algo peor.

Todo, absolutamente todo, debe hacerse por el amor a Boca. Y por lo más valioso que tiene el club: su gente, que desde afuera espera, sufre, y sueña con volver a verlo bien.

Ruben Mingroni

La medicina y Boca Juniors son mis dos pasiones. Papa x 2. Columnista de medicina en Cadena Xeneize.

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