Por amor a Boca
Boca es el club más grande de América. Viéndolo desde afuera del país, se confirma con creces: miles de historias, desde lugares casi inverosímiles, lo sostienen día a día.
¿Pero de dónde nace esa pasión a la distancia? ¿De dónde surge ese amor por algo que muchos ni conocen, ni palpan, ni ven? Todo nos lleva a pensar en algo casi místico, en un acto de fe: se cree, se siente, se ama esos colores.
Esa pasión es tan intensa que cualquiera que se ponga la camiseta pasa del anonimato a las primeras planas, y desde allí se extiende en el tiempo. En lo bueno o en lo malo, siempre serás “un ex Boca”.
Si hay algo que despierta ese fervor popular, es esa “droga legal” que significa vivir, sentir y consumir el mundo Boca. Es una adicción que te mantiene en éxtasis cada vez que visitas su casa; que te hace sentir parte de un grupo de hinchas enfervorizados abrazados a una pasión descontrolada.
Es una droga difícil de manejar, capaz de acelerar tu corazón hasta rozar el colapso, o de pararlo por un gol o una pelota mal definida. Lo único seguro es que nunca pasará desapercibida. Siempre provocará un efecto.
Esa droga puede ser beneficiosa o peligrosa, según la dosis que se reciba. En muchos casos, es capaz de aliviar todos los dolores del cuerpo y el alma, transformando al más veterano en un atleta de elite que salta, grita e insulta, aunque en su vida diaria le cueste subir un simple escalón. Pero también puede ser peligrosa, cuando aparecen efectos secundarios: declaraciones escandalosas, actitudes poco profesionales de jugadores, certificados truchos, desprecio por el club que representan.
Y sin entrar en temas más complejos, están los efectos adversos de los medios, que —mintiendo o diciendo la verdad— generan un malestar constante, solo interrumpido cuando suena el silbato inicial del partido, para luego volver al final de los 90 minutos.
Estamos a horas de la asunción de un nuevo técnico, que recibe el llamado de Boca. Esa palabra tan breve, pero que encierra tantas historias, tantos momentos, tantas imágenes. Ese técnico viene a probar la droga del éxito glorioso, ya vivido, a pertenecer a un club que exige todo cada día, pero que también te hace fuerte, porque no hay otra: la magia está en soportar para después gozar.
Llega en busca del amor de un público que sabe brindarlo, incluso en los peores momentos. Porque Boca es grande por su gente, y eso es lo que mejor representa la pasión eterna.
Miguel Ángel Russo será nuevamente técnico de Boca. El técnico de la Libertadores, el de Román en su máximo esplendor, el de Martín y sus goles, el de ese equipo que nos enamoró. El que junto a Carlitos y Diego nos regaló una noche imposible de olvidar.
Solo le pido a Dios que esta droga boquense lo beneficie, que los efectos adversos y secundarios no le jueguen en contra, y que termine diciendo, como alguna vez lo hizo:
“Son decisiones. La gloria no tiene precio”,




