“La de Dios“, la jugada inmortalizada por el legendario Hugo Gatti

El fútbol argentino despidió este domingo 20 de abril a una de sus figuras más emblemáticas: Hugo Orlando Gatti falleció a los 80 años, tras permanecer internado durante dos meses por complicaciones derivadas de una operación de cadera y un virus intrahospitalario que agravó su estado de salud.
Ídolo de Boca, Gatti dejó su huella no solo por su carisma y excentricidad, sino también por su forma revolucionaria de atajar. Fue un adelantado para su tiempo: jugaba con los pies, salía del área como un líbero y cortaba centros como pocos. Pero si hay una imagen que lo define, es su jugada más emblemática, “la de Dios”.
El movimiento, que él mismo bautizó así, lo ejecutaba cuando quedaba mano a mano con un delantero rival. Salía a achicar con velocidad, se arrodillaba de golpe, inflaba el pecho conteniendo la respiración y abría los brazos en cruz, como queriendo abarcar todo el arco. Esa postura, tan particular como efectiva, solía descolocar a los atacantes, que muchas veces terminaban rematando al cuerpo del arquero o desviados. Aquel gesto —mitad acto de fe, mitad audacia— quedó inmortalizado como una marca registrada de Gatti.
Nacido en Carlos Tejedor, supo construir una carrera repleta de momentos inolvidables, no solo por su rendimiento bajo los tres palos, sino también por su personalidad única, que le valió el apodo de “el Loco”. Fue pionero en un estilo que hoy es moneda corriente en el fútbol moderno, pero que en su época parecía cosa de otro mundo.
Gatti había sido internado por una fractura de cadera tras un accidente doméstico mientras paseaba a su perro. Aunque la operación fue exitosa, su cuadro se complicó con una infección pulmonar provocada por un virus intrahospitalario. En las últimas horas, su familia tomó la difícil decisión de desconectarlo del respirador, cuando su estado ya era considerado irreversible.
Este domingo se volvió gris para el mundo del fútbol. Se fue un arquero distinto, un personaje irrepetible. Pero su legado, como su jugada más famosa, seguirá vivo cada vez que alguien, bajo los tres palos, se atreva a hacer “la de Dios”.



