Gracias por la magia

Con la despedida de uno de los mejores N° 10 que el público tuvo la suerte de disfrutar o sufrir como rival, surge el inevitable deber de recordar las mayores perlas de Riquelme dentro de un campo de fútbol. El patio de su casa ya no será lo mismo sin él.
Durante 18 años de carrera, Juan Román Riquelme regaló magia en las canchas. Tal vez desde Bochini que no se encontraba semejante lazo entre un jugador y su hinchada.
Es injusto quedarse con momentos específicos pero el tiempo es tirano. La mayoría por obvias razones es con la camiseta de Boca. Aunque Román ha sabido brillar por el fútbol europeo, la Selección Argentina y dar sus últimos pases en Argentinos Juniors, el club que lo vio nacer futbolísticamente.
Hecha esta presentación arrancamos con diez eventos en la cancha del genio de Don Torcuato. El mismo que los encargados del fútbol infantil en Platense no lo inscribieron cuando tenía 7 años porque era demasiado delgado. Unos visionarios.
BONUS TRACK: DUPLAS GANADORAS EN LA SELECCIÓN ARGENTINA: CON AIMAR EN EL SUB-20 (05/07/1997) Y MESSI EN LOS JJOO (19/08/2008)

José Néstor Pekerman, con un título mundial juvenil a cuestas, armó un segundo sub-20 en 1997 para el sudamericano de Chile. Allí conocimos por primera vez a la dupla mágica. Juan Román Riquelme con la número 8 dominando el medio centro. Su juego incluía pases milimétricos al pie y tiros libres maravillosamente ejecutados, como ante Paraguay en un 5-2 a favor del conjunto albiceleste, Su compañero de andanzas era el riocuartense Pablito Aimar, futuro crack de River actualmente integrante del cuerpo técnico campeón del mundo, con una gambeta endiablada; debilidad de este cronista que siempre lo quiso en su equipo. Esa amistad de estos dos genios, que se mantuvo tanto dentro como fuera de la cancha, llevó a la juvenil a conquistar después de 30 años el campeonato continental.
Con este antecedente y con compeñeritos como Walter Samuel, Esteban Cambiasso y Bernardo Romeo, Riquelme y Aimar fueron a Malasia para repetir el mundial juvenil logrado dos años antes en Qatar. Con un gol cada uno, dejaron en el camino a Inglaterra, donde Michael Owen era la figura principal y por 2-1. A Brasil se le venció con goles Lionel Scaloni y Martín Perezlindo. Tras vencer a Irlanda en semifinales, el rival final fue Uruguay. La victoria fue también 2-1 tras empezar perdiendo. Román fue el goleador con 4 tantos al igual que Romeo y Aimar la figura de ese campeón. En un gran gesto, Román, capitán en la final en reemplazo del suspendido Markic invitó a éste a levantar el trofeo juntos.
En la selección mayor, Passarella lo hizo debutar ante Colombia en la Bombonera y Bielsa lo eximió de representarla en Corea-Japón 2002. Ya en 2005 Riquelme dejó algunas maravillas como el golazo de tiro libre en la victoria ante Brasil en las eliminatorias para Alemania. En el mundial germánico, aportaría su magia al comando del mejor gol colectivo en selecciones ante Serbia y Montenegro, además de sendas habilitaciones a Saviola y Ayala en los goles ante Costa de Marfil y la selección local respectivamente. Misteriosamente en ese último partido, fue reemplazado por Julio Cruz en el primer error de Pekerman en ese partido. El otro fue no poner a un juvenil Lionel Messi.
En el segundo ciclo de Alfio Basile, le confiaron la diez albiceleste sin ser titular ni tener equipo y respondió con dos golazos ante Chile en la primera fecha de las eliminatorias rumbo a Sudáfrica 2010.
El otro título de Juan Román con la Selección es la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Beijing 2008. Riquelme sería, junto a Mascherano y Nicolás Pareja, los mayores de 23 años elegidos por Sergio Batista. Su socio en China sería un Lionel Messi en ascenso, quién obtuvo el permiso de Guardiola para participar ante la negativa de Barcelona de ceder al jugador. El mejor recuerdo fue un espectacular 3-0 contra el Brasil de Ronaldinho, con Román convirtiendo de penal el último tanto. La final se ganaría por la mínima diferencia a Nigeria, gracias a una corrida de Ángel Di María.
Con la renuncia de Alfio y la llegada de DAM a ser entrenador de la selección, Román, códigos mediante, renunciaría a la camiseta albiceleste en 2009 para no volver más.
N° 10 – DEBUT EN BOCA ANTE UNIÓN (10/11/1996)
DEBUT ANTE UNIÓN
A un año de haber asumido la presidencia de Boca, Macri buscó jugadores en Social Parque y las divisiones inferiores de Argentinos Juniors. Dentro de ese paquete de juveniles pedido por Carlos Bilardo, el DT de aquel entonces, aparece Juan Román Riquelme, quien no tardaría mucho en llamar la atención del doctor.
Boca tenía sus típicos campeonatos en los que ni fu ni fa, lo cual no era de extrañar con Sandro Guzman en el arco xeneize. El Doc y su ayudante de entonces Nery Pumpido fueron a buscarlo en el entrenamiento de la reserva y lo pusieron entre los titulares. Era la 12° fecha: enfrente estaba Unión de Santa Fe. Desde la primera bandeja de la tribuna que da a la calle Brandsen, este cronista tuvo la oportunidad de ver la aparición del crack con la camiseta azul y oro número 8 (el 10 era Diego Latorre) que cambiaría su manera de ver el fútbol.
Gambetita cedió su protagonismo: el verdadero creador de fútbol esa tarde era aquel misterioso flaquito con el mismo apellido que el personaje paraguayo de Toti Ciliberto en Videomatch. Todas las pelotas llegaban a sus pies, dejando en ridículo a cualquier rival tatengue que se atreviera a desafiarlo. Comenzaban a llegar las primeras ovaciones de la Bombonera hacia Román. En ese partido, admiramos por primera vez su mejor arma: la asistencia. Con uno de esos “tomá y hacelo” le permitió al Negro Fernando Cáceres meter el segundo gol de Boca. Un cronista le preguntó la sensación que le causaba jugar por primera vez en la Bombonera con su nombre coreado por todos los sectores. Juan Román Riquelme contestó que “ya había jugado muchas veces con la Reserva”. No sólo los rivales futbolísticos quedaban en ridículo con JRR. Dos semanas después, convertiría su primer gol de los 56 goles en ese estadio (92 en total). Era el último tanto de un 6-0 frente a Huracán.
N° 09 – EL DIEGO LE PASA LA POSTA (23/11/1997)
Eran las últimas escenas de Maradona en una cancha de fútbol. El Bambino Veira tenía lo mejor del mercado: Cannigia, Latorre, el Ñol Solano, los colombianos Oscar Córdoba, Jorge Bermúdez junto a los platenses Guillermo Barros Schelotto y Martín Palermo. La base estaba pero llegó el Cabaret, con el Cartonero Báez haciendo de Berlusconi y el Diego peleado con los controles antidoping. Mientras tanto, Riquelme agonizaba su fútbol por la banda izquierda sin chances de mostrar su verdadero juego.
Así llegó a la 10° fecha del Torneo Apertura al Superclásico con River. Apretón de manos entre la que fue la genial dupla de ataque del Juvenil ’79: Ramón Diaz, entrenador de River, y el Diego como capitán de Boca. Riquelme iba al banco de suplentes con la camiseta 20. Fue un primer tiempo horripilante del equipo xeneize con un Maradona desconocido e inconexo. Latorre termina despidiéndose tristemente con la camiseta con la que supo formar una pareja letal junto a Gabriel Batistuta a comienzos de los noventa, sería reemplazado por el Pájaro Cannigia. River ganaba 1-0 con gol de la Bruja Berti.
Era el momento no sólo de cambiar piezas al equipo sino de un recambio generacional. El segundo tiempo comenzó con Román reemplazando a DAM. El genio del fútbol mundial le cedía su trono al aprendiz que se formó en las mismas juveniles y brillaría en azul y oro. El huevo Toresani empataba al poco tiempo y Palermo se apoyaba en un defensor millonario para dar vuelta el partido. Riquelme pasaba airoso su primer superclásico como protagonista. No sería el último en el que su fútbol llevaba al triunfo a Boca frente a los primos.
N° 08 – EL TOPO GIGIO A LA DIRIGENCIA (08/04/2001)
Boca iba camino a su segunda Copa Libertadores con Bianchi liderando el equipo. El plantel comenzó a tener sus primeros roces, mandando al psicólogo a Salvestrini. En ese clima, Riquelme supo enfrentar y vencer a todo tipo de rivales, tanto dentro como fuera de la cancha. Esta no sería la excepción.
Otra vez una 10° fecha, otro triunfo ante River. Como ese mítico partido de cuartos del 2000, un 3-0 que se gestó en el segundo tiempo. Ya el Negro Ibarra la había colgado en un ángulo de un zapatazo de larga distancia. A los setenta y dos minutos, Héctor Baldassi cobra penal para Boca. Riquelme frente a Franco Constanzo. El arquero tapa el remate al medio; la pelota se eleva y Román llega al anticipo y convierte el segundo gol. La Bombonera explota, este cronista enloquece. Nadie en la maraña de abrazos y festejos se dio cuenta pero el festejo era distinto.
Juan Román Riquelme se separa de los abrazos de compañeros y dirige su corrida y mirada al palco presidencial. Mauricio Macri no estaba pero el juego de cámaras nos presenta el segundo duelo de la noche. El último diez coloca sus manos abiertas en sus orejas. A las personas en ese lugar les llegara claro el mensaje: con Román no se jode. Se dice que Mauricio nunca le perdonó ese gesto desafiante, aquel que Román explicó con total naturalidad que se trataba de un topo gigio para su hija Florencia. El simpático topo tano lo acompañaría ante cada gol en su periplo europeo al año siguiente.
N° 07 – SU ÚLTIMA JOYA ANTE LANÚS (11/05/2014)
Tantas veces los dirigentes lo mandaron al muere, tantos técnicos lo qusieron bajar. Sin embargo Román siguió aquí, jugando en el patio de su casa por 206° vez. Era un secreto a voces, nadie quería confirmarlo y muchos esperaban que fuera mentira pero se sabía: iba a ser la última función de Juan Román Riquelme en la Bombonera. Sería frente a Lanús con el técnico que mejor lo entendió: Carlos Bianchi. Ya en la derrota ante River 1-2 en ese mismo estadio, Román nos regaló su último tiro libre ejecutado con maestría.
Dieciocho años después, este cronista ya no era el niño que vio debutar a Riquelme pero seguía igual de emocionado al ver la magia del número 10 de Boca. Coreaba su nombre y lo bancaba en todas sus cruzadas. El ídolo se lo devolvió junto a todos los hinchas xeneizes con un partido espectacular donde se observó el último caño, sin tocar la pelota. Carlos Izquierdoz quedó pagando y la hinchada con la panza llena de tanto lujo aplaudiendo hasta rabiar. Boca ganó 3-1 y Riquelme se despidió para siempre del césped de la Bombonera a los 88 minutos del partido reemplazado por Juan Sánchez Miño. Eran Times New Roman, esperando a que alguien pueda tomar la posta y liderar a Boca como en sus mejores momentos. Nadie lo sabía en ese momento, o tal vez se hacían los boludos para que no se haga realidad. Riquelme se iba de Boca. Eternamente agradecidos sus seguidores. A Boca le dio absolutamente todo. Era tiempo de ayudar a Argentinos, su viejo equipo en épocas juveniles, a volver a Primera: su última misión en una cancha de fútbol.
N° 06 – SU FIRULETE ANTE CHARLES PEREZ (ROSARIO CENTRAL (21/11/1998)
David Charles Perez no fue un defensor destacado en Rosario Central. Su nombre pasaría desapercibido en el fútbol argentino sino fuera por ser la víctima de un giro con caño por parte de Riquelme en el complicado 3-2 que ganó Boca en Arroyito en la 16° fecha del Torneo Apertura.
Ya sin Maradona y Latorre en el equipo, Carlos Bianchi le dio la número 10 a Juan Román Riquelme. Con su conducción absoluta e indiscutida, los desbordes de Guillermo Barros Schelotto y la contundencia de Martín Palermo, Boca pasó por arriba al resto del fútbol argentino. Dentro de ese aluvión de triunfos llegaba a TeRmosario. El partido iba 2-2 con buen juego por parte de ambos equipos. El canalla tenía en los goles del Rafa Maseratesi el arma para complicar al conjunto de la Ribera.
En ese encuentro, Riquelme hizo magia en un costado de la cancha: uno de sus mejores firuletes que no solo servía para lucimiento personal sino para demostrar la guapeza con la que Boca encaraba los partidos. Un gol de Palermo en el final destrabó el encuentro pero todos recuerdan ese hermoso tunel de taco, muestra gratis de las maravillas que hacía JRR durante ese maravilloso campeonato donde el xeneize se consagraría campeón invicto, el primer título del 10 vestido de azul y oro.
N° 05 – SOLITO CONTRA PALMEIRAS (13/06/2001)
Boca iba encaminado a su segunda Copa Libertadores y en las semifinales lo esperaba Palmeiras con ansias de revancha. La ida había sido 2 a 2 en la Bombonera y se definía todo en el Palestra Italia de San Pablo.
Una de las grandes características para que Juan Román Riquelme sea ídolo absoluto es aparecer en las paradas bravas. No hablamos del huevo huevo huevo Giunta Giunta Giunta solamente, sino de imponer presencia a base de habilidad, juego y ponerse al hombro al equipo haciéndote valer de tus dotes naturales con la pelota. Riquelme tenía eso y mucho más que cualquier jugador de su época. Lo demostró más de una vez durante su carrera. Este partido, jugando con toda una hinchada brasileña en contra, no amilanó a nuestro único héroe en este lío. Todo lo contrario. JRR no perdió el tiempo. A los dos minutos, rápidamente puso la pelota para que el Chaco Giménez remate, tapa imperfecta de Marcos y Walter Gaitán convierte con el arco vacío.
Hubo una erección inmediata en los xeneizes a los 17 minutos del primer tiempo. Román seguía el romance con la pelota evitando a esos defensores brasileños como conitos de entrenamiento. Tras encarar varias veces cruzó la pelota fuerte, bajito y por las piernas de un defensor. Marcos hizo maniquí feo sin manos en una tienda de mala muerte en el Once. En 20 minutos, Boca le ganaba 2 a 0 al Palmeiras.
Tener la pelota y escondersela al rival es tal vez la mejor virtud de Riquelme. Se divertía de lo lindo haciendo eso, a pesar de no demostrarlo con la cara (?). Poco le importaron las piedras y el clima de mierda de los hinchas de Palmeiras en el Parque Antártica. Lastimosamente Lamentablemente su divertimento llegó a un abrupto final cuando el equipo de Celso Roth lo empató. Sin embargo, el otro romance de Boca, los penales (?), le permitió al club de la Ribera avanzar a su segunda final consecutiva. Allí, Riquelme pateó a la derecha del arquero, fuerte y arriba. Coronó una actuación perfecta que a la postre significaría la cuarta Libertadores de la historia del club y su segunda personal.
N° 04 – SU ETAPA EN VILLARREAL: INTERTOTO (2003/2004) 3° PUESTO EN LA LIGA 2004/2005 Y LOS CUARTOS DE FINAL EN LA CHAMPIONS LEAGUE (04/04/2006)
Román había sido exiliado a la punta izquierda del F.C. Barcelona en primer lugar por Lucho Van Gaal y Radomir Antic después. La llegada de Joan Laporta a la presidencia blaugrana y con él la magia y alegría de Ronaldinho, obligó a JRR a buscar nuevos rumbos.
Para mitad de 2003, Román puso rumbo hacia la Comunitat Valenciana. El Villarreal C.F. de Fernando Roig Alfonso, uno de los empresarios más adinerados de España, apostó por él, junto a el uruguayo Diego Forlán, el francés Robert Pires y el brasileño Marcos Senna. El técnico español Benito Floro y, a partir de 2004, el chileno Manuel Pellegrini le cedieron el número ocho y le otorgaron las llaves absolutas del equipo.
Román hizo su Nápoli personal del submarino amarillo durante tres años. En ese período, fue el artífice de ganar dos Intertoto con 500 pases en buen nivel (?) en 2003 y 2004 respectivamente. El enganche fue uno de los artífices que hizo posible que el Villarreal llegara a las semifinales de la Copa de la UEFA 2003/04, y después formó una magnífica combinación junto a Cachavacha Forlán que permitió a un equipo chico del fútbol español finalizar tercero en la Liga. Entre Riquelme y Forlán anotaron esa campaña 40 goles.
Su momento cumbre fue en la Champions League de 2005/2006. Cuartos de final, partido de vuelta en El Madrigal ante el Inter de Milán con el resultado clavado en 0-0 y tratando de levantar el 1-2 de la ida. Riquelme fue el corazón de un equipo que llevó a cabo una gran actuación. En un tiro libre hizo gala de su guante derecho: puso la pelotita en la cabeza del Vasco Arruabarrena, quien marcó un tanto que sería decisivo. El Villarreal lograba estar entre los cuatro mejores equipos de Europa gracias al valor doble de los goles marcados fuera de casa. Posteriormente, Román hizo la gran Garrido en el genial relato de Fontarrosa al errar un penal decisivo en las semifinales ante Arsenal. El papelito de Jens Lehman empezaba a perseguir a Riquelme hasta el Mundial de Alemania. Se fue por problemas con Pellegrini y el plantel pero el submarino amarillo nunca olvida al capitán de ese Villarreal de ensueño.
N° 03 – PARTIDAZO ANTE EL REAL MADRID (28/11/2000)
Boca Juniors llegaba a Tokio como campeón de la Copa Libertadores para enfrentar a los siempre prepotentes y galácticos del Real Madrid. El humo de Marca indicaba que el equipo xeneize a ser una bocata sencilla para Figo, Raúl, Roberto Carlos y un joven Iker Casillas. Cablevisión se había puesto la gorra y cobraba fortunas para ver el partido por (minuto de silencio) PSN. Eran las 7 de la mañana en Argentina y el ritual era comprar medialunas con Fantino en los auriculares. Los que tenían guita lo vieron con Vignolo y Varsky pero compartiendo su lujo con aquellos que no tenian ese cable, aunque había chance de pispearlo por Canal 7 en el programa de Victor Hugo, quien luchaba contra el secuestro de goles(?).
Noviembre es un mes fructífero para Román. Fue su debut en el 96, su titularidad a partir de reemplazar a Maradona en 97, su obra maestra hecha caño a Charles Perez en el 98. Ahora en el final de ese mes de 2000 Riquelme se dedicó a sacar a pasear a Makelele y Geremi todo el partido. Fue su carta de presentación hacia Europa. Bianchi lo ubicó en la izquierda a Juan Román sin preocuparse de la defensa ante los merengues y tuviese libertad de movimiento en ataque. El Chicho Serna era el encargado de hacer el trabajo sucio para que Román simplemente se dedique a hacer su gracia cual niño Yo No Fui.
Boca salió muy enchufado y a los dos minutos mete el primero: centro del Chelo Delgado para el anticipo de Palermo. El segundo gol es un ejemplo absoluto del genio de Riquelme para ver jugadas en su cabeza. Pelotazo de más de 50 metros para que Palermo pique solo y defina cruzado ante la estirada inútil de Casillas. El descuento con golazo de Roberto Carlos de poco sirvió. Riquelme tenía el control absoluto del partido con la pelota bajo el suelo.
Su mejor versión estuvo en el segundo tiempo. Tiro libre ejecutado con maestría que le llenó el trasero de incognitas a Iker. Él no corría, sino la pelota: su filosofía en el fútbol. Makelele se volvía loco tratando de sacarle el esférico sin fortuna. Román corría lo justo, pero vigilarlo era un dolor de cabeza para cualquiera de los que vestía de blanco. Sobre el final, Riquelme hizo su última obra maestra del partido. En la mitad de la cancha a un costadito dejó pagando a Iván Helguera y malambeó con la pelota frente al pobre camerunés Geremi. El Torero había domado a ese toro bravucón madridista que se creía invencible.
El final 2-1 desató la locura en este cronista y en todo hincha xeneize. Palermo fue la figura para los organizadores por sus dos goles pero el genio del 10 le demostró al mundo de qué estaba hecho. Fue el momento cúlmine en su primera etapa en Boca.
N° 02 – EL CAÑO A YEPES (24/05/2000)
Tomamos el Delorean unos meses atrás en ese 2000 soñado para Boca. Román ayudó a que la eliminación ante River por los cuartos de final por la Copa Libertadores sea el mejor momento de éxtasis de este cronista, quién se rateó del colegio ese miércoles para ver el encuentro.
Riquelme ya había avisado al convertir un tiro libre como él solo puede hacerlo en la derrota de la ida por 1-2. Boca tenía la obligación de darlo vuelta en la Bombonera, con Palermo en el banco volviendo de la lesión en los ligamentos cruzados. El River de Gallego no convenció al Enzo para jugar pero tenía a Pablito Aimar, Javier Saviola y el colombiano Juan Pablo Angel en la ofensiva. Recordemos a la dupla defensiva Roberto Trotta y Mario Yepes porque serán protagonistas gracias a Román.
Un primer tiempo 0-0 con todo el nerviosismo del mundo. Recién en los 59 minutos la magia hizo su aparición: JRR apareció por la izquierda del ataque, mareó a Gustavo Lombardi y a diez metros del ángulo del área grande la cruzó por todo el área y le puso una asistencia magistral al Chelo Delgado que solo tuvo que empujarla con Roberto Bonano vencido. River respiraba nerviosismo absoluto, prueba de eso fue el penal a los 84 minutos que Trotta le cometió a Battaglia. Riquelme convierte y salta como un nene, como todos los hinchas de Boca. Era el segundo y el pase a las semifinales ante el rival de toda la vida pero todavía quedan dos jugadas memorables que harán único este partido.
Riquelme esta vez se estaciona en la punta derecha del ataque retrocediendo con la pelota atada a la suela. Yepes viene a buscarlo con las pocas fuerzas que tenía. Román hizo una pisadita y se la metió entre las piernas al pobre colombiano que aún no debe saber adonde fue a la pelota tal vez por eso volvió al fútbol argentino (?). No había espacio para ese caño magistral pero esa pisadita de espaldas al rival y el genio del diez de Boca se hicieron presentes en una jugada que sería la frutilla de un postre que tuvo en él a su mejor repostero. Noche perfecta que terminó en el muletazo de Palermo para el 3-0 final.
Ese caño, arrancó lagrimas de emoción en una Bombonera que se venía abajo de la alegría inmensa de haber eliminado al rival de toda la vida. “¿Viste lo que hizo? ¡Qué hijo de puta! ¡Qué genio que es!” No hay duda alguna que Juan Román Riquelme alimentaba su leyenda con jugadas y partidos como este.
N° 01 – LA COPA LIBERTADORES 2007 (20/06/2007)
La tercera parte de este romance fue la más corta pero más hermosa entre el 10 y los hinchas de Boca. Fueron seis meses de puro placer, con Miguel Ángel Russo como entrenador. Pompilio y Macri rompieron el chanchito y Riquelme volvió a las andadas en el patio de su casa por tercera vez. El regreso del ídolo fue incluso mejor de lo esperado. Los hinchas tuvieron la suerte de ver su mejor versión en la edición 2007 de la Copa Libertadores. Y para una copa de gran nivel nada mejor que un enganche tan bueno como un malbec con el añejamiento perfecto: un lujo para el paladar futbolero.
Pocos jugadores ganan un torneo ellos solitos. Son decisiones y Román la tomó en ese 2007. En octavos de final decidió conquistar su tercer trofeo continental. Le hizo un gol olímpico a Vélez (tiene dos en su CV futbolero) y marcó otro tanto en el 4-3 global. Su nivel era inmejorable y no se convirtió en el eje de ese Boca sino en el equipo en sí.
En cuartos, la dejó chiquitita ante Libertad, el Arsenal de Paraguay. Ni siquiera una lesión le impidió abrir el marcador en Asunción para terminar 3-1 en la suma de los dos partidos. Una vez más Riquelme abría todas las defensas. Fue mítica la semifinal donde la niebla se comío al Cúcuta. Como siempre, un tiro libre fatto in Román permitió a Boca superar a los colombianos, finalizando 3-0 el partido de vuelta.
Lo mejor quedó para las dos finales ante Gremio. La Bombonera le dedicó una ovación estruendosa cuando un nuevo tiro libre dejó a Saja, victima de turno, revolcado en el piso. Figura absoluta en ese 3-0 de local. La final de los pantalones amarillo patito transcurrían con tranquilidad en el 0-0. Otra vez Román frotó la lámpara y sacó una volea preciosa que se incrustó en el palo izquierdo a los 68 minutos. El sello final lo puso a los 80 cuando culminó su obra al empujar una pelota suelta en el área chica. 5-0 en total que aún es record absoluto en el torneo. Boca logró su sexta Copa Libertadores y la tercera para Riquelme, quién metió ocho goles en once partidos, siendo goleador absoluto. Como sucediera en 2001, fue elegido el Mejor Jugador de la Final de la Copa Toyota Libertadores. En solo 123 días desde su retorno, recuperó su mejor nivel. Y para siempre el agradecimiento eterno de los hinchas de Boca.
Siempre habrá gente que lo critique. “Eso es lo que dicen ellos”, le contestaría como queja Román. “Yo en Boca soy feli’, es el patio de mi casa”. Sí, Román hiciste feliz a este cronista y a todos los bosteros mucho tiempo. Se te va a extrañar mucho. Gracias por toda la magia.



