Licencia para festejar

Aquí, en Cadena Xeneize, en un espacio plenamente bostero, pido permiso y me permito yo también escribir sobre emociones y razones que despertaron el festejo por la camiseta nacional por una vez, después de tanto tiempo

Perdón, pero es fútbol. Así de simple. No pasa muy seguido, casi que es una exclusiva de los Mundiales, pero anoche fue uno de esos partidos donde hasta los hinchas de Boca le prestamos nuestro aliento incondicional a la Selección Argentina. Y estuvo buenísimo: no solo por la épica victoria (dimensionemos bien el término, no?) sino por esa sensación empática que nos generó el equipo desde la adversidad de tener en contra a gran parte de la opinión pública. Todos contra uno.

Porque más allá del placer de defender una posición, el equipo de Scaloni mostró una imagen que transmitió clima de final de principio a fin. La formación estuvo a la altura, con mayoría de nombres propios habituados a las grandes citas (Paredes, Di María, Otamendi, por qué no Montiel) con un De Paul soberbio, aguantando todo, metiendo con todo y asistiendo a lo Riquelme para el gol decisivo y también para ese que debió ser el 2-0 y fiesta pero que el mismísimo Messi falló de manera insólita, tal vez para darle el merecido reconocimiento al resto del equipo, que ayer demostró que puede ser una gran Selección incluso sin el aporte decisivo del 10.
La otra historia, la de las conspiraciones y operaciones mediáticas, justifica tal vez los años sin títulos que terminaron ayer. El fútbol argentino está lleno de egos, desde los dirigentes hasta la corporación de entrenadores que no pueden digerir que un “novato” como Lionel Scaloni haya quedado de frente al puesto con el que todos sueñan pero pocos -de los importantes, se entiende- se hubiesen animado a asumir en las condiciones que lo hizo el hombre que ayer rompió un maleficio de casi tres décadas. Si bien hay mucho por cuestionar en el Fútbol Argentino, el proyecto Selección tiene una planificación a la altura de las mejores federaciones, con la experiencia de quienes absorbieron la camiseta durante toda su trayectoria futbolística, desde el propio Cuerpo Técnico hasta el mismísimo César Luis Menotti, pasando por referentes más cercanos en el tiempo como Javier Mascherano. La Selección Argentina es hoy un club europeo, con base incluso en el viejo continente. Y sobre todo ese armado tiene al mejor de todos brillando como nunca antes.
Claro, las deficiencias en la organización de torneos, las dudas sobre los arbitrajes y todas las relaciones entre los amigos del poder pusieron a la gestión Tapia en el centro de la escena. Y lo peor que podía pasarles a quienes quieren tomar el poder (porque la intención nunca será arreglar las cosas, solo tener el mando) era que la Selección, la cara visible de todo lo que rodea a la AFA, se consagre y sume “puntos” para el otro lado. Por eso la lectura oportunista de las palabras de Gallardo, por eso las lamentables maniobras que quedaron expuestas luego del apoyo unánime y público del plantel (con Messi a la cabeza) para Scaloni y compañía.
Las últimas alegrías que nos había dado la Selección tenían un referente bien bostero, nada menos que Gabriel Batistuta: la gran estrella del bicampeón 91/93 del Coco Basile. Si bien el primer título le costó a Boca la recordada final con Newell’s, toda la etapa de Batí con la celeste y blanca fue motivo de orgullo para todo el pueblo xeneize. Esa identificación que pocas veces se da, tenía ese anclaje necesario en contados jugadores, desde ahí hasta la última ilusión con Benedetto y Gago en la previa del Mundial de Rusia. Sin embargo, esta Copa America puede significar el comienzo de algo distinto entre ambos sentimientos. Todos los miembros de la Scaloneta pueden saber desde hoy que cuando haya que salir a bancar al equipo como hinchas leales, el de Boca siempre estará dispuesto.

Gonzalo Suli

Periodista. En Twitter @gonsul.

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