¿POR QUÉ CAMBIAR?

En estas horas se abrió la polémica por la chance de que Miguel Russo puede contar con los lesionados y con el convocado a la juvenil, esto es Mauro Zàrate y Esteban Andrada como los recuperados fìsicamente, mientras que el convocado fue Nico Capaldo. A partir de esto, nada anormal, mientras tanto, se juega esto de si deben o no reaparecer algunos jugadores.


En esta historia sacamos de plano a Andrada que bien ganado tiene su lugar, aunque no deberá descuidarse porque atrás Marcos Díaz mostró que puede ser arquero de Boca. Pero ¿qué pasa con el resto del equipo? Y pregunto: ¿Por qué cambiar?
¿Por qué complicar a Campuzano con otro cinco a su lado? Si fue el propio colombiano quien dijo que así, solo, se siente más cómodo. ¿Por qué la necesidad de cambiar, si más allá de errores y aciertos, este Boca necesita una estabilidad futbolística que hace tiempo no tiene?


Tiempo. Esa es la palabra mágica que si no se sabe emplear, es como que un mago deje ver cuál es el truco del que tanto se jacta. El tiempo es, también, lo que necesitan once o doce jugadores que se sepan titulares. Es más que necesario. El cambio constante termina perjudicando, porque nadie se siente dueño de nada, salvo de la incertidumbre, o la pena que pueden tener si hacen un partido malo, porque así, saben que salen del equipo y no conocen cuándo volverán. Es más, lo único que se consigue es “quemar” jugadores que podrían darle variantes al equipo en determinado momento de los partidos. Porque cuando hablamos de equipo, hablamos de los 30 del plantel. 


Jamás habrà que olvidar lo que dijo una vez Bianchi: “El plantel es el que arma el equipo de once para jugar el domingo”. Y creo que no vale la pena aclarar qué quiso decir, ¿no?
Es verdad que Salvio no está en su mejor momento; que Tevez es otro que no está acertando casi en nada, pero lo bueno que sí tiene el entrenador, es mirar a su costado y ver que hay variantes, que no necesariamente tienen que arrancar como titulares, si no que pueden esperar y cambiar el rumbo de un partido.
La experiencia previa, indica que aquel que entra en reemplazo de un titular, no rinde. O rinde regular y al partido siguiente baja. Y esto tiene que ver, insisto, con la estabilidad. Una estabilidad que es futbolística, pero que es también emocional.
Recurro otra vez a Bianchi, cuando les dijo a Palermo y a Guillermo que iban a ser titulares 19 partidos, pase lo que pase. No hizo más que generar las bases en dos jugadores que hasta ese momento, estaban lejos de convertirse en lo que después se convirtieron.

Tevez lo sufrió Cuando Carlitos regresó del Sudamericano en 2003, Bianchi lo dejó fuera de la Primera Fase de la Copa


Apoyo la idea de ir con los mismos once, salvo el arquero, de los ùltimos encuentros. No importa si se cree que con otro nombre se puede mejorar o no, Russo sabe que tiene que darle rodaje a once, y cuando esta “prueba” haya concluído, no hará más que convencer al propio jugador que sale, que es lo mejor para el equipo.
El técnico, creo, tendría que tener estas cosas claras: no joder a Campuzano, que Capaldo se gane el lugar; Tevez seguirá teniendo su chance, pero capaz que en vez de jugar 80 minutos, tenga que jugar 60 y no más; que Fabra jugando va a recuperar lo que alguna vez fue. Que Zárate, que tuvo sólo chispazos desde que está en el club, no es merecedor aún de titularidad “perpetua”. Y así podría seguir mencionando otras cuestiones. Lo normal, como quien dice… no destruir lo que funciona. Con sus más y sus menos, pero algo funciona.

Marcelo Rodriguez

Periodista de Crónica. Las opiniones son personales. Autor de Con alma y corazón, el fenómeno Boca Bianchi.

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