Diaz de calma

Más allá de refuerzos y frustraciones, una de las más gratas sorpresas de estos dos primeros partidos oficiales de Boca es la actuación de Marcos Díaz reemplazando al lesionado Andrada en el arco xeneize. Anoche su participación en la victoria resultó decididamente activa: fue el gestor de los dos goles de su equipo a través de salidas rápidas y precisas. Tal vez en su caso se pueda ver la punta de un ovillo que ayude a entender para qué está el equipo de Russo en este 2020.

El ex arquero de Huracán estaba decidido a irse antes del comienzo de la pretemporada. Incluso tenía un acuerdo con un club español que lo esperaba en este mercado de pases para darle la oportunidad de jugar en Europa. Sin embargo, una llamada de Raúl Cascini lo motivó a intentar cambiar esa tibia imagen que hasta días atrás tenían los hinchas de Boca de su figura. La continuidad reclamada, un golpe de suerte que en los arqueros es consecuencia necesaria de la desgracia de un compañero, le permitió a Marcos asentarse y obtener un reconocimiento que ya lo ubica en otro nivel para la consideración general. Boca tiene, con Andrada y él, el puesto cubierto por un buen tiempo. Todo por la módica suma de invertir cero en el puesto.

Carlitos volvió al gol y se lo vio feliz y distendido luego de la victoria


Treinta y un dias después de empezar a trabajar, como enfatizó Miguel Ángel Russo en la conferencia de ayer, esa es la marca más fuerte que empieza a mostrar el nuevo ciclo en el club. Una competencia interna más productiva, ya sea por el trabajo del cuerpo técnico, por la influencia de los históricos (Cascini, Delgado, Bermúdez) cerca del plantel o hasta por la falta de refuerzos, lo cual redobla la apuesta en jugadores que hasta hace nada eran descarte en la visión de muchos. Ver a Sebastián Villa sacarse hombres de encima y mostrar sus dotes de hombre rayo, a Campuzano aprovechando su momento, incluso a Tevez guardando energía para los últimos metros, son signos satisfactorios que solo pueden suceder porque la receta esta vez fue diferente. 


Sí, claro que la coyuntura, la falta de decisión y todos los imponderables que ocurrieron en el club desde los últimos días de diciembre atentaron contra la posibilidad de sumar más y mejores refuerzos, pero la realidad invita a mirar con un poco de optimismo lo que viene: potenciar un plantel castigado, respetar la inversión hecha en estos jugadores con el fin de lograr que le dejen a Boca un dividendo escencial, el único que necesitan sus arcas: un poco más de gloria.

Gonzalo Suli

Periodista. Cubriendo Boca para Cadena Xeneize y Pintado de Azul y Oro. Jefe de redacción de www.cadenaxeneize.com

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