Serio, inteligente y sin sustos: así fue el Boca que se metió en semifinales en el Morumbí
El equipo de Arruabarrena sostuvo la ventaja mínima de la ida, empató en Brasil y clasificó a semifinales de la Copa Sudamericana por primera vez en doce años. Facundo Herrera, otra vez sólido; Leandro Lozano, la gran figura.
Que lloren, si quieren llorar. A esta altura del año, con Boca metido en semifinales de la Copa Sudamericana, la bronca ajena es apenas un ruido de fondo. Lo importante pasó en el Morumbí: el equipo de Rodolfo ‘Vasco’ Arruabarrena sostuvo el 1-0 que se había traído de la Bombonera —el gol de Miguel Merentiel en la ida—, empató en Brasil y se metió entre los cuatro mejores del segundo torneo más importante de Sudamérica por primera vez en doce años. No es un dato menor. Es, directamente, una alegría que Boca se venía debiendo.
Un partido para el bolsillo, no para la tribuna
Y la palabra que mejor lo resume es esa: serio. Boca no se volvió loco en un Morumbí caliente, no salió a regalar el partido buscando un segundo gol que no necesitaba, y tampoco se escondió atrás esperando el milagro. Manejó los tiempos, cedió la pelota cuando había que cederla y no sufrió sobresaltos hasta el tramo final, cuando San Pablo, urgido, encontró el empate parcial y se tiró encima en busca de la hazaña. Pudo haber sido un cierre con el corazón en la boca, pero ni siquiera eso: Álvaro Montero apenas tuvo que intervenir en un cabezazo en el primer tiempo y en un rebote sobre el travesaño antes del gol local. El resto, control. La intención, la inteligencia. Y con eso alcanzó.
Lo que faltó, otra vez, fue peso ofensivo. Ni Leonel Flores, ni Alan Velasco, ni Miguel Merentiel tuvieron una noche redonda arriba, y esa carencia quedó tapada por una razón simple: Boca no necesitó hacer un gol para clasificar, necesitaba no cometer errores. Y no los cometió.
Los nombres propios de la clasificación
Facundo Herrera volvió a dar examen y volvió a aprobar con nota alta. Ya no hay margen para la duda: es el segundo marcador central que Boca necesitaba, y su solidez le está rindiendo también a Lautaro Di Lollo, que crece de la mano de tener por fin un socio confiable atrás. Leandro Paredes, aunque distante de su mejor versión física, sigue siendo una presencia determinante para el equilibrio del equipo, más allá del porcentaje de partido pleno que pueda ofrecer.
Pero la figura, de punta a punta, fue Leandro Lozano. Cumplió primero con lo suyo —defender, y defender bien— y cuando el partido lo permitió, apareció para convertir el gol de Boca tras una asistencia de lujo de Leo Flores. Un partidazo del uruguayo, de esos que además de ganarse el partido se ganan la titularidad.
Del lado de las deudas, Merentiel volvió a irse sin gol y, como ya es costumbre, eso alcanza para que se le noten más las imprecisiones técnicas. Es una discusión instalada hace rato y probablemente seguirá instalada mientras no aparezca un recambio mejor. Velasco, por su parte, corrió y se sacrificó para el equipo, pero careció de claridad con la pelota dominada.
La polémica de siempre, esta vez de nuestro lado
No voy a esquivar el tema del VAR, aunque tampoco le voy a dar más entidad de la que tiene. Hubo una revisión al límite por una posición adelantada que, en la repetición, es opinable, y esta vez el fallo favoreció a Boca. Que quede claro: no cambia la historia de este semestre, en el que Boca ya sintió en carne propia decisiones de ese mismo VAR que le costaron caro —ahí está, todavía fresca, la expulsión de Bareiro ante Cruzeiro en Belo Horizonte—. Una jugada dudosa a favor no salda ninguna cuenta pendiente. Pero tampoco hay que regalarla: esta vez, el bar que tantas veces se usó para bajarle el pulgar al Xeneize, jugó para el otro lado.
Lo que viene
Nada está terminado, y en Boca lo saben mejor que nadie: quedan cuatro frentes abiertos entre la tabla Anual, el Clausura, la Copa Argentina y la Sudamericana, en una temporada donde cada vez son menos los equipos argentinos con chances reales de pelear en varios planos a la vez. La semifinal de la Sudamericana será ante Vasco da Gama: se abre en la Bombonera y se cierra en Río de Janeiro. Antes, eso sí, hay una parada obligatoria: el domingo, clásico ante San Lorenzo en el Nuevo Gasómetro, con la duda de cuántos titulares repetirá el Vasco Arruabarrena pensando en el desgaste acumulado.
Boca va. Boca está. Y, sobre todo, Boca compite en serio. Con eso, por ahora, sobra y basta.




