Nunca teme luchar

En una noche cargada de historia, recuerdos y emoción, Boca volvió a hacerse fuerte en Brasil. Con un golazo de Lozano y una actuación sostenida desde la defensa hasta el ataque, el Xeneize eliminó a San Pablo y selló su pasaje a las semifinales de la Copa.

El destino estaba marcado, como tantas otras veces. Desde la mística del Virrey y aquella conquista de la República Federativa de Brasil, hasta cada batalla librada en territorio paulista. Y, especialmente, en el Morumbí, ese estadio que tantas veces cayó moribundo a los pies de Boca.

Esta vez fue el turno de un discípulo de aquellos hombres de pico y pala. Un zurdo, tozudo, de pocas pulgas —aunque con mucho más pueblo y tribuna que cualquiera de nosotros— que volvió a salir victorioso de aquella tierra paulista. Rodolfo Arruabarrena, simplemente el Vasco, fue una vez más protagonista de una historia que parece escrita para Boca.

El estandarte de este Boca Juniors es la esperanza. Esa esperanza que nace de la pasión de los hinchas y que cae sobre un plantel quizás corto de nombres y de recambio, pero ancho de espaldas para afrontar tantas luchas, casi sin descanso.

El destino estaba marcado.

Ante la mirada atenta de aquel lugarteniente de mil batallas, admirado en aquellas tierras casi riquelmeanas, Boca encontró nuevamente una columna vertebral capaz de sostenerlo. Una defensa con Montero como estandarte, con bases cada vez más firmes.

El destino estaba marcado: Boca tiene rock en su zaga, calidad suprema en el mediocampo y corridas indescifrables en su ataque.

Pero antes hubo que atravesar una primera batalla. La violencia apareció en las piedras que retumbaron contra los vidrios que resistían. De un lado, el daño; del otro, el fervor y el entusiasmo. Boca atravesó aquella primera contienda y salió indemne, sostenido por el canto de sus jugadores y por la pasión de los que llegaron hasta Brasil.

Y entonces apareció el homenaje.

¿Cómo no iba a ser especial jugar en este mismo estadio, escenario de uno de los momentos más tristes y dolorosos que quedaron grabados en la memoria de los futboleros? Allí, donde un marcador de punta izquierdo de Nacional cayó en el campo de juego.

Juan Izquierdo se alejaba de este mundo el 27 de agosto de 2024, en el minuto 84, justamente en este estadio.

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Esta vez, en el minuto 60, Lozano corrió con la misma fuerza con la que aquel día había corrido para atender a su amigo y compañero. Pero ahora lo hacía hacia el arco de San Pablo.

Y llegó el zurdazo.

La pelota se clavó contra un rincón imposible, venció al arquero y desató la locura xeneize. Y quizás, en medio de ese festejo, también apareció el recuerdo de quien ya no está.

El destino estaba marcado para que Lozano convirtiera su primer gol con la camiseta de Boca Juniors.

Y también estaba marcado para que aquellas piedras, utilizadas como símbolo de eternidad, terminaran señalando el camino hacia las semifinales.

Desde la zurda de un uruguayo que entendió que esa noche no debía solamente ser figura y goleador. Debía también dejar un mensaje: las personas se van de este mundo solamente cuando se las olvida. Mientras el recuerdo permanezca, siguen estando con nosotros, día a día.

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El destino estaba marcado para que Lozano hiciera estallar a todo un mundo Boca y lo llevara hasta las semifinales de una Copa que, aunque no sea “la Copa”, es la que toca jugar.

Y Boca, como siempre, nunca le teme a la lucha.

Porque Boca está obligado a luchar.

Y, sobre todo, está obligado a ganar.

Ruben Mingroni

La medicina y Boca Juniors son mis dos pasiones. Papa x 2. Columnista de medicina en Cadena Xeneize.

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