Tres puntos y una certeza: los pibes vuelven a empujar a Boca

Boca ganó. Y cuando Boca gana, el mundo xeneize siempre termina un poco más feliz. Pero una victoria no tiene por qué esconder las cosas que todavía faltan. El equipo derrotó a Estudiantes con autoridad, controló el partido de principio a fin y prácticamente no sufrió. Sin embargo, sigue estando lejos de ese nivel futbolístico que históricamente se le exige al club más grande del continente. El resultado fue positivo; el funcionamiento, apenas un paso adelante.

El Vasco Arruabarrena continúa en plena búsqueda. Cambia nombres, modifica esquemas y prueba sociedades con la intención de encontrar el equipo. Es lógico: recién empieza su ciclo. Pero Boca todavía no tiene una formación que salga de memoria, y esa identidad que todo gran equipo necesita sigue siendo una materia pendiente.

Ahora bien, si hay algo que dejó esta noche para ilusionarse de verdad, no fue el resultado. Fueron, otra vez, los pibes del Boca Predio.

Porque mientras algunos todavía buscan su lugar, los chicos parecen tenerlo claro desde el primer minuto. Entran y juegan como si llevaran años en Primera. No especulan. No sienten el peso de la camiseta. Todo lo contrario: la honran. Corren, meten, piden la pelota y se animan. Juegan con ese fuego que solo tienen los futbolistas formados en el club, esos que crecieron soñando con defender estos colores.

Boca necesita volver a identificarse con su gente. Y pocas cosas generan tanta identificación como ver a los chicos del Predio ganándose el lugar dentro de la cancha. Porque el hincha puede perdonar un error, pero nunca la falta de compromiso. Y a estos pibes compromiso les sobra.

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El ingreso de Rey Domenech volvió a confirmar esa sensación. Entró por Leandro Paredes, nada menos, y lejos de esconderse pidió la pelota, mostró personalidad y entendió el momento del partido. Son minutos que valen oro para un juvenil. Cada aparición fortalece su confianza y demuestra que está preparado para seguir creciendo.

Aranda también volvió a dejar señales muy positivas. Encara, gambetea, rompe líneas y siempre intenta jugar hacia adelante. Puede equivocarse, como cualquier chico que recién empieza, pero nunca deja de intentarlo. Ese atrevimiento no se negocia. Boca necesita futbolistas que se animen a romper estructuras, y él tiene esa rebeldía que muchas veces destraba partidos.

Pero si hay un nombre que hoy ilusiona por encima de todos es el de Flores.

El extremo surgido del Boca Predio se está convirtiendo, partido tras partido, en el futbolista más desequilibrante del equipo. Cada vez que toca la pelota genera expectativa. Sabés que va a encarar, que va a buscar el uno contra uno y que intentará hacer algo distinto. No juega para cumplir; juega para lastimar. Tiene velocidad, confianza y una personalidad impropia de un futbolista con tan pocos partidos en Primera.

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Y eso no se enseña. Eso se trae de fábrica.

Todavía deberá demostrarlo en escenarios más exigentes, contra rivales de mayor jerarquía y en partidos decisivos. Pero el talento está ahí. Boca parece haber encontrado otro futbolista capaz de marcar diferencias con el sello de la casa.

Otro que volvió a destacarse fue Ascacíbar. Por segundo partido consecutivo convirtió un gol y empieza a demostrar por qué el club hizo el esfuerzo para incorporarlo. Aporta equilibrio, recuperación, intensidad y una virtud que este equipo necesita con urgencia: llegada al área. Pisa posiciones ofensivas como un delantero más y le agrega sorpresa a un mediocampo que empieza a encontrar funcionamiento.

La principal deuda sigue estando arriba. El sistema del Vasco apuesta por abrir la cancha, atacar por afuera y llenar el área de centros. El problema es que Boca todavía no tiene un nueve de referencia que convierta todo ese volumen de juego en goles. El equipo genera situaciones, pero muchas terminan perdiéndose porque falta ese delantero que viva dentro del área.

Por eso la llegada de Enner Valencia despierta tanta expectativa. Si logra adaptarse rápido y transformarse en el finalizador que Boca necesita, este equipo puede dar un salto importante. Porque la idea empieza a verse. Lo que falta es contundencia.

Boca ganó. Sumó tres puntos importantes y dio un pequeño paso hacia adelante. Pero la mejor noticia de la noche no estuvo en el resultado.

La mejor noticia volvió a llegar desde el Boca Predio.

Porque cuando los chicos juegan con esta personalidad, cuando piden la pelota sin miedo y contagian rebeldía, el hincha vuelve a sentirse representado. Y eso, en Boca, vale tanto como cualquier victoria.

Los resultados construyen confianza. Los pibes construyen futuro. Y quizás sea justamente ahí donde el Vasco esté encontrando la base del equipo que tanto busca.

 

David Pauta Carrión

Soy abogado penalista en libre ejercicio. Apasionado hincha de Boca. IG: @david_pauta19

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