La noche del sábado en el Palacio Ducó dejó una sensación que ya empieza a volverse costumbre dolorosa para el mundo xeneize: la de haber hecho todo, absolutamente todo, para ganar… y no haberlo logrado. Boca igualó 1 a 1 frente a Vélez Sarsfield y resignó dos puntos que, por juego, por volumen ofensivo y por merecimiento, tenían que haber viajado a Brandsen 805.
El equipo del Vasco Arruabarrena jugó bien. Construyó, insistió, arrinconó. Pero el fútbol, ese deporte cruel que no entiende de merecimientos, volvió a castigar con la moneda más injusta: un gol rival en la primera —y prácticamente única— llegada al arco propio.
El golpazo que dejó groggy a Boca
Boca arrancó con determinación. Milton Delgado estrelló un remate en el palo, tuvo otra chance desde la media luna que se fue por encima del travesaño, y el equipo se adueñaba de los costados con un Leonel Flores encendido y las pinceladas de siempre de Aranda.
Pero a los 10 minutos, cuando el partido recién se acomodaba, llegó el mazazo. Un tiro libre de Vélez —un «tirito», como lo definió la crónica en vivo— se coló junto a una barrera mal armada y pasó a centímetros de los largos brazos de Montero. Primer tiro al arco del Fortín. Gol. Inexplicable. Evitable. Flagrante.
Boca quedó groggy. Tanto que, apenas un par de minutos después, Leandro Paredes tuvo que sacar una pelota sobre la línea que se metía inexorablemente. El 2 a 0 estuvo ahí, y con él, el fantasma de aquella fatídica primera fecha contra Deportivo Riestra.
Paredes, el capitán que sostiene
El gesto de Leandro fue elocuente: cara de fastidio, reproche directo al arquero. No era solo su enojo; era el de toda la cancha de Huracán, otra vez repleta, que murmuraba cada vez que la pelota iba hacia Montero. El arquero tuvo una salida tímida tras un córner y otra intervención dudosa que pudo costar caro. El pánico, pareciera, no solo lo siente la tribuna: también lo transmite quien debe custodiar los tres palos.
Ascacíbar, el alma del equipo
Si hubo un nombre propio que brilló por encima de todos, fue el del Ruso Ascacíbar. Volante de origen, delantero por vocación esta noche. Pisó el área rival no menos de diez, doce veces. Cabeceó al palo en el cierre del primer tiempo. Insistió con una chilena, con remates de media distancia, con presencia constante. Y fue él, sobre el final de la primera etapa, quien estampó el 1 a 1 tras una jugada con influencia decisiva de Leonel Flores.
Nueve puntos para el Ruso. El mejor jugador de Boca, por enorme diferencia.
Flores, el más peligroso; y el drama del 9
Leonel Flores fue, por lejos, el delantero más peligroso de la noche. Aunque fue el partido en el que menos pudo destacarse —doblemente marcado por Vélez—, su influencia fue determinante. Hasta que el desgaste lo sacó del campo.
Y ahí aparece la herida abierta: Boca no tiene 9. Merentiel tuvo una actuación nula, y Milton Giménez, su reemplazo, tampoco ofreció respuestas. La pregunta se cae de madura: ¿cuánto más se puede sostener este nivel? El debut de Enner Valencia, el ecuatoriano recién llegado, no debería demorarse demasiado. ¿Será titular el martes contra Deportivo Recoleta? La decisión es del Vasco, pero la necesidad aprieta.
El segundo tiempo: dominio sin premio
El complemento fue un monólogo xeneize. Vélez, el buen Vélez de Guillermo Barros Schelotto —que juega bien de verdad y tiene velocidad de sobra arriba—, prácticamente no se acercó al arco de Montero hasta los minutos finales. Boca lo arrinconó, lo movió de un lado a otro, lo tuvo contra las cuerdas. Pero no tuvo quién la empuje.
Los cambios del Vasco fueron acertados: Pellegrino por un Ayrton Costa amonestado e irregular (y el ex Estudiantes rindió mejor que el titular), Villa por un agotado Flores, Velasco por Aranda y Giménez por Merentiel. Decisiones lógicas de un técnico que está atento.
Lo positivo: hay equipo, hay forma, hay identidad
Más allá de la bronca, hay un Boca que se va encontrando. Los laterales responden: Lozano, sobrio y seguro por la derecha; Di Lolo, afianzado; Pellegrino como alternativa sólida. Paredes, en nivel superlativo. Milton Delgado, soltándose cada vez más. Y una impronta clara: este Boca va, va y va. Insiste. Con errores, sí, pero insiste.
Es un equipo diferente al del primer semestre de 2026. Hay método, hay forma, hay un once que se repite. Falta, todavía, que florezca en resultados.
Lo que viene
El martes, Boca recibirá a Deportivo Recoleta por la Copa Sudamericana, otra vez en el Ducó. Después, la Copa Argentina frente a Vélez el 2 de septiembre. Y la vuelta a la Bombonera, el 28 de agosto por el torneo local.
Newells y Vélez son cuatro puntos que tendrían que estar en el bolso y no están. La tabla anual aprieta, el Clausura recién arranca y la pelea por los playoffs será larga. Pero con este nivel de juego, Boca tiene con qué.
Solo falta que la pelota entre. Solo falta que el arco propio deje de ser una ruleta rusa. Solo falta que aparezca ese 9 que la mande a guardar.
Mientras tanto, se mastica bronca. Otra vez.
SÍNTESIS
Boca: Álvaro Montero; Leandro Lozano, Lautaro Di Lollo, Ayrton Costa, Lautaro Blanco; Santiago Ascacibar, Leandro Paredes, Milton Delgado; Tomás Aranda; Leonel Flores y Miguel Merentiel. DT: Rodolfo Arruabarrena.
Vélez: Tomás Marchiori; Joaquín García, Thiago Silvero, Emanuel Mammana, Elías Gómez; Rodrigo Aliendro, Lucas Robertone; Matías Pellegrini, Diego Valdés, Manuel Lanzini; Dylan Godoy. DT: Guillermo Barros Schelotto.
Goles en el primer tiempo: 12m Diego Valdes (V); 39m Santiago Ascacibar (B)
Cambios en el segundo tiempo: Cambios en el segundo tiempo: al inicio, Marco Pellegrino por Costa (B); Simón Escobar por Valdés (V); 17m. Claudio Baeza por E.Gómez (V); Thiago Aguierre por Godoy (V); Alan Velasco por Aranda (B); Milton Giménez por Merentiel (B); 29m. Sebastián Villa por Flores (B); 37m. Alex Verón por Lanzini y Lucas Feler por Robertone (V).