La Bombonera de los milagros
Boca le ganó en la última jugada del partido a Lanús por 1-0 con un golazo de Belmonte. Sufrió la ausencia de Aranda, fue superado pero logró un resultado positivo que lo posiciona en el torneo.
Solo la irracionalidad de este deporte maravilloso puede explicar lo que se vivió este viernes en La Bombonera. El retorno a casa, con el estadio reventado y la gente respondiendo sin filtros, pedía una victoria. Y llegó. Pero no fue una victoria cualquiera: fue un triunfo sacado de la galera, un milagro futbolero empujado en el pucho del partido, de esos que te dejan con el corazón en la boca y la razón apagada. Boca le ganó a Lanús, y Belmonte, con la frente fría de quien conoce su exequipo, desató la locura tras una llave maestra del Ruso Ascacíbar.
Pero pasada la euforia, y con la obligación de ponerle la cabeza fría a tanta emoción, hay que mirar el espejo de la realidad. Boca jugó un partido pobre. Flojo. Lanús tuvo seis situaciones clarísimas para ganar, incluyendo un cabezazo insólito, libre de marca, que se fue por encima del travesaño en el minuto y medio. Si la pelota entraba ahí, la noche se diluía en una pesadilla.
¿Cómo se explica entonces el 1 a 0? Se explica por la seguridad absoluta de Jagger Herrera, que jugó más de 90 minutos y fue un muro. Se explica por las salvadas milagrosas de Álvaro Montero, que se llevó el premio al mejor. Y se explica porque el fútbol, a veces, premia la fe y castiga la puntería. Lanús erró todo lo que tenía que errar, y Boca, que no tuvo fútbol ni ideas, aprovechó su única chance clara.
El fantasma del mediocampo Más allá del «milagro», la victoria deja una tarea pendiente enorme para el Vasco Arruabarrena. Boca extraña horrores a Tomás Aranda. Es una obviedad, pero la ausencia del enganche se traduce en un equipo carente de creatividad, de juego y de ideas. Sin Aranda, y con un Leandro Paredes que aún anda en dos o tres cilindros tras su lesión, el mediocampo es un desierto.
La decisión de apostar por Alan Velasco como reemplazante lo pone bajo una lupa implacable. No fue un desastre, pero le cuesta demasiado salir a los extremos y queda excluido del circuito.
¿Será el momento de la titularidad definitiva de Villa? ¿Aparecerá Flores? Son las incógnitas que deberá resolver el cuerpo técnico, porque cuando los de arriba no juegan, el equipo sufre, se expone y depende de una genialidad aislada para generar peligro. El 9, aislado y sin pelotas, es otro síntoma de un equipo que no encuentra su brújula futbolística.
Ganar como sea: la mística de Boca Sin embargo, en Boca, el análisis táctico a veces se rinde ante la mística. Esta victoria era una condición sin equa non.
Tras resignar puntos inexplicablemente ante Newell’s, Platense, Vélez y Racing, este viernes Boca recuperó los que parecían perdidos. Meterse entre los primeros de la tabla anual, mantenerse vivo en el torneo local, prepararse para el mano a mano de Copa Argentina ante Vélez y los duelos de Copa Sudamericana ante San Pablo, requiere de estas victorias.
Ganar en el pucho, sufriendo, con un equipo que hoy evidenció poco recambio y que se resiente cuando cae un soldado fundamental, tiene un sabor especial. La Bombonera respondió, se llenó de par en par, y demostró que este equipo y esta gente son un matrimonio inseparable.
Boca está vivo, vigente y peleando en las tres competencias. El desgaste será monumental, pero la confianza que da ganar de esta manera es el primer paso para encontrar el fútbol que hoy se perdió. Ahora toca viajar a Córdoba para enfrentar a Vélez. La rueda no para, y Boca no se puede bajar.






