Boca no tiene un problema de fútbol, tiene un problema “de cabeza“
Opinión sobre el pálido empate ante Newell´s 2-2 en el Parque de la Independencia.
Hay partidos que sirven para mucho más que sumar un punto. Sirven para confirmar aquello que hace tiempo venimos viendo. Boca hoy tiene un problema profundamente psicológico. No pasa por un esquema, un cambio de nombres o una modificación táctica. El gran problema de este equipo está en la cabeza.
Porque Boca puede comenzar bien un partido, puede dominar por momentos y hasta dar la sensación de que está más cerca del gol que el rival. Pero alcanza un solo golpe para que todo se venga abajo. Apenas Boca recibe un gol, el equipo se derrumba emocionalmente. Se queda sin respuestas, pierde confianza y empieza a jugar con el miedo de volver a equivocarse. Hoy alcanzó para empatar, pero en Boca el empate nunca puede ser un consuelo. Como decía el Toto Lorenzo, Boca es Sportivo GANAR SIEMPRE. Esa es la vara de este club. Acá no alcanza con reaccionar; hay que imponerse.
La jugada del primer gol de Newell’s es un claro ejemplo de esa fragilidad. La defensa quedó mirando. Hubo una desatención inadmisible para un equipo con aspiraciones grandes. A Cóccaro prácticamente nadie lo incomodó. Nadie lo fue a trabar, nadie le hizo sentir el rigor que exige una jugada en el área para un defensor de Boca. En un club como Boca, esos detalles cuestan partidos. Y muchas veces, también cuestan campeonatos.
Álvaro Montero volvió a dejar sensaciones encontradas. En el primer gol reaccionó demasiado tarde; la respuesta fue lenta y llegó completamente a destiempo. Sin embargo, también es justo reconocer que en el empate inició la jugada con un gran pase desde su propio arco, prácticamente una asistencia para Flores. Pero incluso allí terminó cayéndose después de ejecutar el envío. Esa imagen resume bastante bien el momento del equipo: aparecen buenas intenciones, pero todavía falta confianza, seguridad y una personalidad que Boca no puede darse el lujo de perder.
Por eso el cuerpo técnico y la dirigencia deberían trabajar seriamente el aspecto mental del plantel. El problema ya no parece exclusivamente futbolístico. Boca necesita recuperar esa fortaleza anímica que durante décadas convirtió a este club en un gigante del continente. Hoy, cuando recibe un golpe, le cuesta muchísimo volver a levantarse. Esta vez alcanzó para empatar. Pero Boca no puede vivir de excepciones. Boca tiene que acostumbrarse otra vez a ganar.
En lo individual, también quedaron varias conclusiones. Al entrenador podrá gustarle más la salida limpia que ofrece Figal, y es un argumento válido. Pero si el análisis se centra exclusivamente en la tarea defensiva, Di Lollo hoy ofrece un rendimiento apenas superior. Apenas. Porque tampoco estamos hablando de un marcador central que permita asegurar que Boca está preparado para ganar la próxima Copa Libertadores. Incluso habrá que ver si alcanza para conquistar la Sudamericana. Boca necesita una zaga de máxima jerarquía si realmente pretende volver a dominar América.
Villa, por su parte, tuvo un primer tiempo muy flojo. Impreciso, desconectado y apático. Recién en la segunda mitad logró meterse más en el partido y mejorar sus intervenciones. Esa irregularidad también termina siendo el reflejo de este Boca: momentos interesantes que duran demasiado poco.
Y después está la mejor sensación de la noche. Los pibes. Otra vez los pibes. Flores fue, por lejos, el jugador más desequilibrante de Boca y, para mí, el mejor de toda la cancha. Pero más allá de su enorme partido, hubo algo que volvió a emocionar: los chicos del club fueron los que empujaron al equipo. Metieron, corrieron, trabaron cada pelota como si fuera la última, jugaron con el cuchillo entre los dientes y dejaron el alma por esta camiseta. Eso es Boca. Esa rebeldía, esa hambre y esos huevos no se negocian nunca. Porque el que sale del Boca Predio sabe perfectamente el peso de este escudo y entiende que esta camiseta no se usa: se defiende.
Y eso abre una discusión que la dirigencia debería darse sin prejuicios. Si tantos refuerzos llegaron para ocupar determinados puestos y todavía ninguno logró adueñarse realmente del lugar, ¿por qué no mirar más hacia abajo? ¿Por qué no darle una verdadera oportunidad al marcador central del Boca Predio? Los chicos conocen la historia del club, entienden lo que significa vestir esta camiseta y muchas veces sienten más el partido que futbolistas con cientos de encuentros en Primera.
Otro caso es el de Alan Velasco. Ojalá este gol sea el punto de inflexión que tanto necesita. Ojalá sea el comienzo del jugador por el que Boca invirtió una cifra millonaria y que Juan Román Riquelme fue a buscar convencido de que podía marcar diferencias. Pero tampoco podemos vivir del «ojalá». Velasco ya está en deuda y necesita empezar a rendir con continuidad. Boca no puede esperar eternamente. Boca necesita respuestas todos los fines de semana.
Gorosito también dejó una imagen positiva. Jugó un buen partido, mostró personalidad y entendió cómo había que disputar cada pelota. Lo mismo Aranda, que cumplió con solidez cuando el equipo más lo necesitaba. Son señales que invitan al optimismo, pero que todavía necesitan consolidarse frente a rivales de mayor jerarquía.
Porque los problemas tácticos se corrigen entrenando. Los errores técnicos se mejoran jugando. Pero recuperar la personalidad es otra historia. Y mientras Boca no vuelva a convencerse de que puede llevarse puesto a cualquier rival, seguirá siendo un equipo que compite a medias. Los pibes ya marcaron el camino: meter, correr, jugar con hambre y dejar la vida. Ahora les toca a los grandes entender, de una vez por todas, que en Boca no alcanza con ponerse la camiseta. Hay que honrarla.





