Un empate ante Independiente con sabor amargo
El Xeneize, que presentó un equipo alternativo, igualó 1-1 en La Bombonera.
Boca igualó 1-1 frente a Independiente en una noche que prometía ser de evaluación y terminó dejando un sabor a poco. Con un equipo completamente alternativo, producto de la rotación pensada por el cuerpo técnico, el Xeneize mostró dos caras bien marcadas: solidez defensiva y una preocupante falta de ideas en ataque.
El arranque fue parejo, pero todo se rompió temprano. A los pocos minutos, un error grosero de Agustín Marchesín le regaló el gol a Independiente, que sin haber hecho demasiado se encontró en ventaja. Boca, hasta ese momento, tampoco había mostrado demasiado, y el golpe lo obligó a reaccionar con un equipo sin funcionamiento ni conexiones claras.
Desde ahí, el partido se jugó como quiso Independiente: corto, trabado y sin ritmo. Boca intentó, pero le costó generar. Sin conducción en el mediocampo y con delanteros lentos y desconectados, el equipo se volvió previsible. Alan Velasco, intermitente, fue de lo poco que intentó algo distinto, sobre todo en el segundo tiempo.
El empate llegó sobre el cierre del primer tiempo, desde el punto penal. Una jugada que generó polémica afuera, pero que dentro del campo fue clara: contacto, pisotón y decisión correcta. Milton Giménez lo cambió por gol, en lo que sería prácticamente su única intervención determinante.
En el complemento, Boca hizo lo que indicaba el contexto: fue a buscarlo. Con los ingresos de los titulares, el equipo ganó presencia, pero no claridad. Empujó más por obligación que por juego. Independiente, cómodo con el resultado, se replegó y apostó a sostener el punto.
El problema fue que Boca nunca encontró cómo romper ese bloque. Ni Merentiel ni Bareiro lograron pesar en ataque, y el ingreso de Zeballos no aportó desequilibrio. Hubo intentos, algunas situaciones aisladas, pero faltó precisión, velocidad y, sobre todo, ideas.
El equipo de Úbeda terminó siendo más por intención que por juego. Tuvo más la pelota, jugó en campo rival, pero no supo traducir ese dominio en situaciones claras. Así, el empate se fue consolidando como un resultado inevitable.
El final dejó una sensación ambigua. Por un lado, la tranquilidad de una defensa que respondió y de un equipo que no se resignó. Por el otro, la preocupación por un ataque que no funciona y un recambio que no da garantías.
Boca no perdió, pero volvió a quedar en deuda. Y con lo que viene —Copa Libertadores y un nuevo clásico a la vista— el margen para seguir probando empieza a achicarse.






