Si gana Boca todo el año es carnaval

El Xeneize goleó 3-0 a Lanús en la Fortaleza con un gran juego de conjunto. El juvenil Aranda y Leandro Paredes fueron figuras. Merentiel convirtió dos goles.

ué linda noche para Boca. Qué linda noche futbolera en el estadio de Lanús. La Fortaleza fue testigo de una goleada 3-0 que no solo entregó tres puntos, sino algo que el equipo necesitaba con urgencia: funcionamiento, identidad y una señal clara de recuperación en este 2026 turbulento.

En una de las tribunas, casi 10.000 hinchas xeneizes coparon el sector visitante. Pagaron entradas carísimas, viajaron con dudas y con bronca acumulada por actuaciones decepcionantes, pero estuvieron. Otro acto de fidelidad absoluta. Y se fueron felices. Porque más allá del resultado, que siempre manda, Boca esta vez gustó. Y eso hacía rato que no pasaba.

Del otro lado también había contexto: el equipo de Mauricio Pellegrino venía de consagrarse en la Recopa Sudamericana nada menos que ante Flamengo. Es cierto que sufrió bajas sensibles —la venta de su goleador Castillo y la lesión de Marcelino Moreno—, pero eso no empaña lo hecho por Boca. El mérito fue propio. El equipo de Claudio Úbeda entendió cómo debía jugarse este partido y lo ejecutó con precisión.

La explicación, aunque el fútbol siempre tenga margen para la sorpresa, es lógica: poner a los mejores en su lugar. Por primera vez en el año, Úbeda armó lo que hoy parece el once ideal disponible. Cada intérprete ocupó el sitio donde puede rendir mejor. Y cuando eso pasa, el juego fluye.

La figura excluyente fue Tomás Aranda. Hace tiempo que su nombre pedía pista. Esta vez fue titular desde el arranque, con el partido 0-0 y en igualdad de condiciones. Y marcó la diferencia. Gambeta corta, quiebre de cintura, decisión para ir siempre hacia adelante. No sobran jugadores así en el fútbol argentino. Se animó a encarar, dejó pagando a más de uno —incluido Izquierdos en un par de ocasiones— y fue protagonista central en el segundo gol. Su partido fue, como mínimo, de nueve puntos.

Apenas por debajo en el podio estuvo Milton Delgado. Despliegue incansable, inteligencia táctica y una actuación que desarma el mito de que no puede jugar junto a Leandro Paredes. Sí puede. Se complementaron. Delgado sostuvo desde la marca y también jugó entre líneas; Paredes, aun al 50% de su plenitud física, manejó los tiempos con la cabeza, que en este deporte es todo. Trote suave, pase filtrado preciso y lectura superior. El tercero fue una obra riquelmeana: asistencia magistral para dejar mano a mano a Miguel Merentiel, que la picó con categoría para sellar la goleada.

El partido se abrió a los 14 minutos del primer tiempo. Boca ya insinuaba dominio con circulación y amplitud. Tras un control fallido de Bareiro, la pelota quedó viva y apareció el “Ruso” Santiago Ascacíbar con una volea potente. Hubo desvío, sí, y algo de fortuna, pero también decisión. Nada pudo hacer Nahuel Losada. A partir de ahí, Boca manejó los ritmos con madurez: tocó, movió de lado a lado, desgastó a un rival que se notaba cansado y eligió cuándo acelerar.

El segundo tanto nació, otra vez, desde Aranda. Diagonal inteligente dentro del área, centro exigido antes de que la pelota se pierda por el fondo, rebote y cabeza de Merentiel. 2-0 y sensación de equipo serio. El tercero fue la frutilla: pase filtrado de Paredes y definición sutil del uruguayo para el 3-0 definitivo.

La defensa casi no sufrió. Correctos Di Lollo y Ayrton Costa, seguro Blanco. Y arriba, más allá de los goles, el trabajo de Bareiro fue clave: terminó fundido, pero sostuvo, chocó y dio aire. Úbeda entendió que no era noche para tocar demasiado. Los cambios llegaron recién en el tramo final. Decisiones lógicas en un partido que, por primera vez en mucho tiempo, no pedía volantazos.

Boca ganó, goleó y gustó. Hacía rato que no se podía escribir esa frase sin matices. El equipo mostró intensidad en la mitad, amplitud por las bandas, inteligencia para administrar ventajas y convicción para sostener el plan. Funcionamiento. Esa palabra que tantas veces faltó en las peores versiones, esta vez apareció en su máxima expresión del año.

La gente lo necesitaba. El plantel lo necesitaba. El cuerpo técnico también. Úbeda llegaba al límite, pero no solo consiguió el resultado: consiguió que el equipo juegue bien. Y cuando eso pasa, el crédito vuelve.

Ahora el desafío es sostenerlo. El próximo miércoles, en La Bombonera, espera el clásico ante San Lorenzo de Almagro. Un partido que vale tanto como el de esta noche. Si Boca repite esta versión —con Aranda desatado, Delgado equilibrando, Paredes pensando y Merentiel definiendo— estará mucho más cerca de la victoria que de las dudas.

En la Fortaleza, el Xeneize encontró algo más que tres puntos: encontró un equipo. Y cuando Boca encuentra un equipo, todo parece posible. Pulgares para arriba. Que sea punto de inflexión. Porque si gana Boca, para su gente, todo el año es carnaval.

Marcelo Gonzalez

Papá de Ciro . Socio de Boca. Periodista. 25 años siguiendo y comentando los partidos de Boca.  Comentarista y Director Periodístico de Cadena Xeneize.

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