Boca volvió a decepcionar en La Bombonera: empate con San Lorenzo, silbidos y otra noche de preocupación

A Boca le cuesta cada vez más encontrar noches de felicidad en La Bombonera. Cuando parecía que el equipo había encontrado un respiro tras la buena victoria frente a Lanús, el empate 1-1 ante San Lorenzo de Almagro volvió a dejar expuestas las falencias futbolísticas y encendió otra vez las alarmas en el mundo xeneize. El resultado dejó bronca en la tribuna y profundizó las dudas sobre el rumbo del equipo que dirige Claudio Úbeda.
El contexto generaba ilusión. Apenas una semana antes, el equipo había mostrado una imagen positiva, con buen juego y un triunfo que parecía marcar un punto de inflexión. Sin embargo, lo ocurrido en el clásico frente al Ciclón terminó confirmando que aquello fue apenas un espejismo. Boca volvió a mostrar su versión más apagada, sin ideas claras y con dificultades para imponer su jerarquía ante un rival limitado.
El dato es contundente: en los últimos 11 clásicos, el Xeneize ganó solamente uno, nada menos que ante River Plate. El resto fueron empates y derrotas que reflejan una tendencia preocupante. En este caso, el empate frente a San Lorenzo dejó una sensación aún más amarga porque el equipo de Boedo ofreció muy poco desde lo futbolístico.
De hecho, el propio desarrollo del partido dejó en evidencia que Boca terminó empatándose solo. San Lorenzo planteó un encuentro de fricción, de interrupciones y de desgaste físico. El técnico azulgrana, Damián Ayude, dispuso un plan sencillo: trabar el juego, cortar el ritmo y aprovechar cualquier oportunidad que apareciera. Y eso fue suficiente ante un Boca que nunca logró dominar el partido.
El Xeneize había logrado ponerse en ventaja gracias a una jugada iniciada por el juvenil Milton Delgado y definida por Santiago Ascacíbar. Delgado, de hecho, fue nuevamente el jugador más destacado del equipo y para muchos el mejor del partido. Su despliegue y personalidad volvieron a sobresalir en un contexto donde varios compañeros estuvieron lejos de su mejor nivel.
Sin embargo, la ventaja duró poco. En una jugada que expuso errores defensivos, San Lorenzo encontró el empate. El lateral derecho Marcelo Weigandt quedó señalado en la acción: permitió un sencillo “uno-dos” por su sector y luego perdió la posición con demasiada facilidad, lo que terminó derivando en el gol del Ciclón.
Ese momento cambió completamente el partido. Boca tenía la ventaja en el bolsillo y solo debía administrarla. Pero volvió a cometer errores que le costaron caro. El equipo se desordenó, perdió claridad y terminó deambulando por el campo sin encontrar soluciones.
Uno de los problemas más evidentes volvió a ser la falta de generación de juego. Cuando el rival bloquea a los futbolistas que pueden crear, Boca se queda sin alternativas. En este encuentro, además, Leandro Paredes tuvo una noche errática. El capitán alternó buenas intenciones con imprecisiones y volvió a caer en discusiones innecesarias con rivales y árbitros, una situación que ya se repite con frecuencia.
Las estadísticas también marcan un dato llamativo: Paredes acumula cuatro tarjetas amarillas en pocos partidos, muchas de ellas producto de protestas o discusiones más que de acciones propias del juego.
El otro nombre que volvió a encender la ilusión en la tribuna fue el del juvenil Tomás Aranda, de apenas 18 años. En el segundo tiempo fue uno de los pocos que intentó desequilibrar con gambeta y decisión. La Bombonera lo reconoció con aplausos, aunque su esfuerzo resultó insuficiente ante la falta de acompañamiento.
El problema es estructural: Boca depende demasiado de individualidades aisladas. Cuando un chico de 18 años debe cargar con la generación ofensiva, el equipo queda expuesto. Aranda intentó, buscó, encaró, pero casi siempre se encontró solo, sin compañeros cercanos para descargar o continuar la jugada.
Ante esa falta de asociaciones, el recurso volvió a ser el de siempre: centros al área. Una fórmula que terminó siendo inofensiva. El defensor azulgrana Romaña se encargó de despejar prácticamente todos los envíos que llegaron desde los costados, ya fuera desde la izquierda con Lautaro Blanco o desde la derecha con Weigandt.
La falta de variantes también quedó expuesta en el banco de suplentes. Cuando el equipo necesitaba soluciones, el técnico no encontró respuestas. De hecho, Úbeda realizó apenas una modificación: el ingreso de Zufiaurre… en el minuto 91 por Bareiro. Un cambio tardío que prácticamente no tuvo impacto en el juego.
Ese detalle generó aún más críticas hacia el entrenador. En el fútbol actual, donde se permiten hasta cinco cambios, resulta llamativo que un equipo que no encontraba el rumbo no apelara a más variantes. La decisión dejó la sensación de que el propio técnico no confía en las opciones que tiene en el banco.
Otro de los focos de debate pasa por el lateral derecho. Weigandt quedó en el centro de las críticas por su actuación, mientras que muchos hinchas se preguntan por qué no tiene oportunidades Gorosito, uno de los juveniles con proyección del club. La situación se vuelve más llamativa si se tiene en cuenta que el pibe ni siquiera concentró para este partido.
Mientras tanto, Boca sigue acumulando puntos perdidos en su casa. De 12 unidades disputados en La Bombonera, apenas consiguió cuatro. Empató con San Lorenzo, con Racing Club y con Gimnasia y Esgrima de Mendoza, resultados que reflejan la dificultad para hacerse fuerte como local.
La reacción del público no tardó en aparecer. Los silbidos y los reproches fueron dirigidos principalmente al cuerpo técnico. El momento más tenso se dio cuando Úbeda abandonó rápidamente el campo de juego, sin esperar junto a sus jugadores el cierre de la noche. Desde las plateas bajaron insultos y gestos de desaprobación que evidencian el desgaste del ciclo.
La gente parece haber perdido la paciencia. La victoria ante Lanús había generado cierta esperanza, pero el empate ante San Lorenzo volvió a instalar la sensación de que nada cambió realmente.
El calendario tampoco da respiro. En la próxima fecha, Boca deberá visitar a Unión de Santa Fe, un equipo que suele hacerse fuerte en su estadio. El conjunto dirigido por Leonardo Madelón ya demostró que puede complicar a cualquiera jugando como local.
Además, el horizonte inmediato incluye compromisos de alto voltaje: clásicos ante Independiente y nuevamente frente a River Plate en el Monumental. Partidos que podrían marcar el futuro del equipo en el torneo.
A todo esto se suma un factor clave: en apenas una semana se realizará el sorteo de la fase de grupos de la Copa Libertadores. Y en ese contexto surge inevitablemente la pregunta sobre el rumbo del proyecto deportivo.
Muchos hinchas apuntan hacia la dirigencia encabezada por Juan Román Riquelme. La continuidad del entrenador vuelve a estar bajo discusión y el clima en el mundo Boca es cada vez más tenso.
Por ahora, lo único claro es que el equipo sigue atrapado en un círculo repetido. Una semana ilusiona, la siguiente vuelve a decepcionar. Y mientras tanto, los puntos se escapan y las dudas crecen.
La Bombonera volvió a despedir a su equipo con gestos de frustración. Otro clásico pasó y Boca no pudo ganarlo. Y en el horizonte inmediato, el interrogante sigue siendo el mismo: ¿hasta cuándo durará esta situación?






