Sí, pasaron cosas: el balance es positivo

Casi un año después del despojo en Belo Horizonte, Boca vuelve a Brasil en una fase eliminatoria. Las vicisitudes del mientras tanto son propias de un club único y arrojan un Boca Campeón y con buena expectativa de cara al futuro

Menos de un año después del despojo sufrido ante Atlético Mineiro, Boca vuelve a jugar una instancia eliminatoria en la Copa Libertadores de América. En el medio pasaron muchas, demasiadas situaciones que en cualquier otro club harían una película del año que no dejó casi tiempo para respirar. En Boca, sin embargo, es habitual convivir con la euforia, la ansiedad, los nervios y la necesidad de sangre que acompaña la repercusión de cada paso que dan jugadores, cuerpo técnico, dirigentes y todos en su conjunto. Vamos a repasar entonces los puntos más destacables de los 347 días que sucedieron desde que Everton sentenció aquella tanda de penales que nunca debió jugarse tras los dos goles que el VAR le anuló a Boca en la serie, uno en cada partido.

Todos recordarán el escándalo y la gresca en los vestuarios que desencadenó en las suspensiones a seis futbolistas xeneizes (Rojo, Izquierdoz, Villa, Pavón, Pulpo González y Javi García) y también a miembros del Consejo de Fútbol. Producto de este episodio, comenzaba la novela de la ruptura del “protocolo” que decidió al Ministerio de Salud de la Nación actuar de oficio para aislar a la delegación íntegra de Boca, impidiéndoles así jugar los dos partidos que se avecinaban. Así las cosas, el xeneize tuvo que jugar contra Banfield y San Lorenzo con los suplentes de la Reserva, comandados por un tal Sebastián Battaglia.

 

 

Claro, el equipo todavía era comandado por Miguel Ángel Russo, quien sentiría la onda expansiva de la eliminación y el mal momento del equipo en el comienzo de la Liga y, a pesar de haber eliminado a River por penales en los octavos de la Copa Argentina, el CdF decidió cambiar el DT menos de treinta días después de la derrota en Brasil. Era la hora de Battaglia, quien redebutó ya con el equipo titular y le supo sumar en un principio lo más destacado de su Reserva. Entonces Luis Vázquez empezó a jugar con continuidad, Zeballos a tener minutos y el mediocampo volvió a tener presencia de la antigua MVA que Russo había abandonado unos meses antes.

 

 

La derrota ante River -signada por el atenuante de jugar con uno menos casi todo el partido- y un bajón en el rendimiento y los resultados casi que jaquearon el ciclo, que logró sobrevivir gracias a la obtención de la Copa Argentina ante Talleres y por penales.

 

 

El verano trajo nuevos vientos y también nuevos nombres: Benedetto, Pol Fernández, Figal y -sobre la hora- Oscar Romero completaron un plantel que, con el correr del semestre, se convertiría en el más completo del medio local. Pero faltaba un camino por recorrer aún, que incluía dudas sobre el entrenador hasta llegado casi el mes de mayo. Boca le ganó a Estudiantes y a River como visitante, pero los detractores veían planteos defensivos y victorias aisladas en esos encuentros. En la Copa las dos derrotas como visitante emplazaban el trabajo de todo el año. Y llegó el bendito partido con Godoy Cruz. Esa noche del 20 de abril Boca jugó realmente mal y quedó comprometido en la clasificación a los cuartos de la Copa de la Liga, además de tener encima el trascendental partido contra Always Ready en La Paz, que podía eliminarlo de la Libertadores a falta de dos fechas para el cierre del grupo.

 

 

El empate frente a los mendocinos en La Bombonera no solo no apagó el fuego, sino que lo reavivó. Muchos -la mayoría- pedían un cambio urgente y Boca vivió doce horas de rumores y transmisión en vivo de cada paso de Riquelme y Battaglia. Fue la tarde que el DT entró al predio, se calzó los lentes de sol y mostró los dientes para seguir en el puesto. A partir de ahí, el equipo hizo los deberes en cuanto a los resultados y no solo clasificó en ambas competiciones, sino que en el ámbito local creció en juego y funcionamiento hasta ganarle la final a Tigre con goleada incluida.

 

 

El sorteo de la Copa deparó que Boca debía volver a Brasil, esta vez a enfrentar a un Corinthians con el que ya se midió en la fase de Grupos. La realidad es distinta a la de un mes atrás y mucho más que la de los once meses que nos separan de aquella noche en Belo Horizonte en la que Boca juró revancha. Todavía hay un libro de pases abierto y hasta se dará el lujo de despedir a uno de sus protagonistas en medio de la serie, pero la mente de Battaglia y los suyos está puesta en esta noche y en la del martes próximo. Sí, pasaron cosas. Pero son más buenas que malas. Y el balance es positivo.

 

Gonzalo Suli

Periodista. En Twitter @gonsul.

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