Gracias por el gol

Épocas de transmisiones de radio y tardes de sol, en una plaza, en el campo o en el río. Los bolsillos que siempre fueron flacos, no tenían fondo, lo que alejaban el sueño de una Bombonera presente.
Los relatos eran sagrados, a través de ellos estábamos ahí adentro, dibujando en nuestras mentes cada jugada, cada falta, cada sensación de todo los que pasaba adentro o fuera de la cancha, el relato daba vida a el juego, convirtiéndolo siempre en vibrante, atractivo, nunca escuchábamos un partido chato o aburrido, era esa voz que salía, por esa pequeña radio, que nos tenía atrapados, atentos a cada detalle, la portátil era tal vez heredada y maltrecha, la teníamos que colocar de un lado o de otro para tener mejor recepción o hasta hacer correr a alguien para que no nos modifique la frecuencia.
Las voces nítidas solo se daban a veces, la onda iba y venía como el juego y rogábamos que en los cortes no haya un gol o un peligro de gol, eso sí que sería una locura.
La previa era pura emoción, y como no había tantos y tantos programas deportivos y las redes eran solo para pescar sábalos, escuchar la formación era el momento más importante
¿A ver si pueden hacer silencio, che? Entre mate y mate o alguna torta que se cortaba, un poco seca por el paso de las horas.
El periodista que cubría vestuario, papel en mano comenzaba a nombrar cada jugador con su lugar de nacimiento y su apodo, y cuando llegaba al 7 dentro de cada uno de nosotros sabíamos que un gol siempre le íbamos a agradecer, que la garra, las ganas y la humildad, las tenía de sobra. Esas medias bajas y ese agacharse y correr y correr hasta quedar tan próximo al arco y con el cuerpo casi mirando al suelo, sacaba el más sutil golpe que nos haría tirar por los aires, el mate, la torta, la radio o cualquier cosa que teníamos en la mano.
Hace un año, arriba donde reina la paz, necesitaban un 7, de esos que te saquen un poco la tranquilidad con corridas y gambetas, y lo llamaron a él, pucha que nos dolió y nos duele que se haya ido tan temprano, pero en la memoria de cada bostero, vivirás por siempre y cada vez que una camiseta número 7 entre al templo del fútbol mundial diremos siempre:



