Gracias por ser Maradona

Hoy se cumple un aniversario de lo que jamás se hubiese pensado que iba a suceder. Muchas veces en la vida toca transitar momentos que requieren tomar decisiones. Correctas o incorrectas, deben tomarse y cargar con el peso de la responsabilidad. Sólo aquel que decide tomarlas posee la capacidad de cuestionarse. Se escucha atentamente a los demás, se trata de entender, e incluso en varias ocasiones, y a veces en grandes escalas, es hasta complejo comprender. Pero a fin de cuentas solamente aquellos que transitan en ese camino de las decisiones ambiguas y/o concretas, son los que tratan de interpretar, como pueden, esas determinaciones finales.

Maradona fue eso. En un mundo que lo hostigó y le recriminó su forma de vida, él siempre fue fiel a sí mismo. Siempre blanco y negro, como expresaba fehacientemente. Jamás mendigó cariño. Él representaba a gran parte de los futboleros en todo sentido. E incluso también a los que no son afines al fútbol. Desde el sacrificio para salir de los momentos difíciles como para disfrutar de las pequeñas y simples cosas. Siempre con la cabeza en alto y apuntando a ser mejores día a día a pesar de transitar sobre piedras que lastiman física y mentalmente.

Se visualiza mucho Maradona en la gente porque así suelen vivir aquellos héroes que se levantan todos los días para ganar ese partido que parece no tener fin. Duele como una daga lastimando el corazón porque se desgarró parte del alma. Esa parte que motoriza la pasión y que enciende la llama de la vida misma. Maradona es el fiel reflejo de la pelea contra los poderosos, los que te quieren cagar, los que te quieren pisar aprovechando que se transita por un momento de debilidad. Pero siempre se está ahí, batallando como el Diego.

Cualquier persona sentipensante que entienda de las matices que existen en el fútbol va a llegar a una sola conclusión: El Diego fue el exponente más leal y noble que posee el pueblo argentino.

La creencia de quien redacta esta nota elije pensar que Maradona se fue contento por todo lo que logró y seguramente enojado por las malas decisiones que tomó en su vida. Pero con la satisfacción y convicción que todo lo que proyectó fue en pos de lograr eso tan ansiado que se lo suele llamar felicidad. Esa palabra tan simple pero que conlleva tanta dificultad de compresión y práctica. Porque la fórmula para ser feliz no existe. Sólo existen las intenciones de llegar a ella. Entendibles o no, pero intenciones al fin.

No hay que olvidarse nunca que hay mucho Maradona en el pueblo, pero mucho pueblo en Maradona. Y que de ahora en más se convertirá en la leyenda más linda que toque contar a los hijos y nietos. Maradona, en todo lo que ese apellido pesado encierra, globalizó la sensación de volver a ser felices. Maradona es el manual que se aprende en la calle. Maradona es el fiel exponente que tan sólo con una simple pelota de fútbol uno puede llegar a entender, en 90 minutos, que la felicidad existe y está al alcance de absolutamente todas las clases sociales. Desde aquel que planifica sus vacaciones en diferentes puntos de Europa, como del otro que vive con la soga al cuello y trata de llegar a fin de mes con lo que puede. Pero en esa diferencia notoria hay algo que los une: el fútbol. Y en ese fútbol está Maradona. Juntos, a la par.

Gracias por ser Maradona y argentino. Gracias por los atisbos de felicidad. Gracias por la defensa a ultranza de lo que significa la bandera argentina. Gracias por ser el mago que al tocar con su varita le cambiaba la vida a todos. Gracias por estar ahí. El recuerdo estará latente para toda la eternidad.

Marcelo Merkato

Periodista

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