Un amor vitalicio

La pregunta más frecuente que me hago es sobre el amor en nuestras vidas. Desde chiquitos y hasta la vejez, pasando por la adolescencia y la adultez; pocas cosas resisten el paso del tiempo y tienen un lugar especial en nuestros corazones. Boca es eso. Un amor azul y oro que adoptamos desde la cuna y defendemos a capa y espada por el resto de nuestras vidas. En mayor o menor medida. Y creo que ser SOCIO VITALICIO es la insignia que acredita esa pasión indescriptible.

Es cierto que para alcanzar esa denominación es necesario acreditar 65 años de edad y una continuidad ininterrumpida de 30 años como socios activos o del interior. Pero eso es un tecnicismo del estatuto. Conozco decenas de Bosteros que jamás se asociaron al club pero gozaron una vida de angustias y satisfacciones ligadas a la institución. Y es una pena que no tengan su credencial, pero a veces la pasión no la determina un reglamento frío.

Hecha esa salvedad, hoy hablaremos con una persona cuya vida (lo sepa él o no) ha sido marcada por las conquistas del Toto Lorenzo, la garra rioplatense de los ´90, los éxitos del Virrey y hasta los fracasos de las épocas más duras. Pero estuvo ahí, en la cancha o en su casa, sufriendo por Boca. Llorando por Boca. Celebrando por Boca. Odia y ama en la medida en que Boca le enseñó a hacerlo. Porque de niño, cuando no sabía lo que era el amor, estoy seguro que se le iluminaban los ojos cuando veía al equipo salir por el túnel. Incluso sin saber lo que era el odio, ya sentía rechazo por esa camiseta blanca y su franja roja de vergüenza.

Aprendió a sentir porque Boca lo hacía sentir. Lo crea él o no, Boca lo educó desde la pasión. Y así como esa pasión no se explica desde la razón, lo hace perfectamente desde lo más inocente de nuestro ser: el corazón. Cómo vas a amar en tu vida con tanta vehemencia si no lloraste por el baile Maradoneano a las gallinas en el ´81. Cómo vas a saber lo que es la decepción, si no te robaron los alemanes en Japón en aquella final del 2001. Te pido perdón Quique Wolff por estas citas, pero si la vida es como el fútbol, Boca es como el amor y el odio, la decepción y la emoción.

Ser vitalicio es coronar una vida amando a Boca. Pocos tienen esa suerte, a muy pocos les llega el diploma de enamorado de esta pasión, por eso le dedicamos esta columna y le agradecemos por defender a Boca en la tribuna. José Luis Torriani, gracias por ser un Bostero de pura cepa.

Gaspar Martinez

Socio de Boca y conductor de La Mitad más 104.1

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