Boca tiene dos opciones: cambiar…o cambiar

El equipo de Russo debutó en la Copa de la Liga con un empate que dejó poco para destacar. Dudas desde el armado hasta la ejecución y nombres que brillan más en el papel que en la cancha

Jugó mal Boca, desde la previa hasta el final del partido pareció un equipo previsible y sin más argumentos que el de sus individualidades. El rendimiento y la reacción del equipo y de Miguel Ángel Russo preocuparon mucho más que en la derrota con Santos. El once que puso en cancha el DT tuvo al peruano Carlos Zambrano como el principal receptor de críticas, desde su inexplicable titularidad primero y con su pasividad en la marca en general y en los goles rivales en particular ya con el partido en marcha. Sin embargo, esa es sólo una muestra de los problemas que presenta Boca de cara a lo que viene.

Aunque en estas horas se cerraran los pases del colombiano Andrés Román y de Esteban Rolón está claro que estos nombres no van a revertir el presente del equipo. El déficit está claro desde los papeles: Boca pone lo mejor que tiene sin medir consecuencias y sin siquiera maximizar su potencial.

Nicolás Capaldo -por citar un ejemplo- va a ser un crack, va a costar millones y va a tener una gran carrera en Europa. Pero a este paso y si no se cruza con ese “padre futbolístico” que le dé contexto y orden para mostrar su mejor versión, terminará sus días en Boca sin mejor recuerdo que el de un pibe que corre y siempre está. Debe ser el ocho de Boca. Como el primer Battaglia, como el Cagna de Bianchi.

Pero ahí juega Villa. Y abro otro paréntesis. Porque desde el ciclo Arruabarrena a esta parte Boca se ha empecinado en comprar jugadores veloces y utilizar un esquema que no le ha dado resultados más que para aplastar a equipos pequeños. El colombiano -como antes Carrizo, Pavón, Chávez, Centurión, Junior Benítez, el mismo Cardona, incluso Zárate- no solo no termina sacando la ventaja que sus condiciones le permitirían sino que ocupa un lugar en la cancha que tiene especialistas y que sería de gran utilidad para que Boca logre algo de lo que hace años carece: volumen de juego.

Otra cuestión grave son los laterales. Es inadmisible que Jara y Fabra sigan ocupando esos lugares cinco años después de haber llegado y -en distinta medida, por supuesto- seguir demostrando que no tienen nada mejor que ofrecer de lo ya conocido, que es poco. Porque hablamos de un puesto donde los jugadores se generan, no nacen. Ningún chico se pone la cuatro cuando su papá le compra la primer camiseta. Sin embargo, con aptitudes físicas, perseverancia y un buen equipo, cualquier pibe de inferiores se puede convertir en un gran lateral. Clemente Rodríguez es el mejor ejemplo por estos lados, pero también Burdisso y Matellán supieron quedarse con lugares ahí donde los laterales de otros clubes llegaron y flaquearon. Ya conocemos la historia: o creemos que Tenaglia sería distinto de Olaza? O que los chascos de Más y Buffarini no pudieron haberse salvado a tiempo si alguien confiaba un tiempo más en Molina Lucero o hasta en Weigandt? O incluso ahora no era mejor tener cien mil menos en caja y darle pista a Gastón Ávila de tres?. O no se piensa, o no se quiere, o directamente se decide como se está decidiendo. Y si es así, no hay mucho más por hacer.

Si el problema fuesen las formas, si la solución pasara por hacer una reunión o incluso si se piensa que reforzar algunos puestos puede cambiar la ecuación, se estaría cayendo en un error de cálculo. A esta altura, planteado un disconformismo desde el plantel y sabiendo de la rienda corta que intenta imprimir el Consejo de Fútbol al manejo del mismo, las opciones se van limitando: renovación o…renovación. 

Gonzalo Suli

Periodista. Cubriendo Boca para Cadena Xeneize y Pintado de Azul y Oro. Jefe de redacción de www.cadenaxeneize.com

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