UN TRIUNFO DE PELÍCULA (sin trampas ni manchas)

Se cumplen 20 años del día de la paternidad. Marcelo González, comentarista de Cadena Xeneize, despliega sensaciones únicas a través de una crónica cinematográfica que reproduce una noche épica

El del 24 de mayo de 2000, sin dudas, es digno de un Oscar…
INTRIGA Y SUSPENSO, ACCIÓN Y COMEDIA, ROMANCE, EMOCIÓN, PASIÓN Y LOCURA…

Como en los grandes clásicos del cine mundial, la escenografía y puesta en escena tiene que ser la mejor.
La Bombonera es ideal, jamás falla.
Y hay algo que la distingue, allí los extras saben cómo convertirse en los protagonistas.

Los actores, los de reparto y las estrellas, van en la misma sintonía. Se necesitan. Trabajan por un mismo logro.
Por supuesto, ninguna película con tintes de épica, se puede llevar a cabo sin un gran director.
Ésta no fue la excepción.

Salteamos la primera parte de la película.
Vamos directo a lo interesante. Donde los corazones se exaltan.
Cuando La Bombonera late…

Ese Boca-River de Libertadores en la revancha de cuartos de final, era la última parte de una trilogía que incluía un partido por torneo local y la ida en esta serie de Copa.
Por lo tanto era el más importante, donde cara a cara se definía la suerte en un duelo final, cómo en una de Cowboys, los últimos dos campeones argentinos…

La previa venía con algunos pasos de comedia, “Si Palermo va al banco; yo lo pongo al Enzo”, con sorna deslizó públicamente “Tolo” Gallego.
Nunca pensó que esa frase se le clavaría como una daga. Y sería su peor pesadilla…

El suspenso crecía, la intriga del resultado que no se movía, las emociones condensadas en esa caldera en que se había transformado el estadio que desbordaba.
Las escenas donde el susto te hace saltar y te retuerce las tripas estuvieron, ¡claro que sí!
No pueden faltar.
Y “el muchachito” sin entrar en cámara.
El director precisa encontrar el momento justo, y todavía no lo era.

Los minutos corren, el epílogo acelera y Román, una joven promesa que ya era realidad, se hace cargo. Entiende que su rol protagónico, que desde ahí sería para siempre, es esencial para que está película tenga su final felíz.

Cambio de frente, centro y salida en falso del arquero, Chelo que se la lleva por delante con en una rara forma de pirueta circense, y el alarido. Las emociones a tope.
Ya nada podía parar el ritmo de esas tomas de acción incontenibles.
Mano a mano.
La película vertiginosa se niega a estirar el suspenso más allá de los 90 minutos.
Ahora sí es el momento. El director abstraído de la locura que se vive alrededor, entiende que es el tiempo justo.

La vuelta del guerrero goleador herido, ha llegado.
La ironía burlona del de enfrente, se muerde la lengua.
La explosión provocada por el ingreso es sólo comparable al de un grito de gol.
Las luces, las cámaras, todo se centra en el regreso del héroe goleador.
Que se perdió varias batallas. Pero que siempre ganó sus guerras contra el destino.

Desde allí, todo cambió. La película tuvo un sólo equipo en pie. Era cuestión de tiempo. Uno estaba groggy, el otro empujaba para dar el golpe final.

Un jovencito atrevido, que años después de convertiría en mito ganador, entró al área, cayó. Grito enloquecido de PENAAAAAL!
El árbitro lo cobró. Los otros, de tan perturbados ni siquiera esbozaron reclamo.
Otra vez Román, el dueño de los grandes momentos, se hizo cargo.
Y el segundo, alarido eterno de un romance que no moriría más.

El final de ciencia ficción, todos esperando lo que parecía imposible.
Ni el mismo “muchachito de la película” lo soñó así.
Sólo en la mente maestra del director.
El final en cámara lenta.
Control, acomodar el cuerpo todavía recuperando viejas heridas, ponerse ergido, levantar la cabeza, ver el hueco.
Lo incierto, lo increíble se vuelve realidad.
Martín Palermo, el actor más increíble, hacía lo que sólo él podía.
Nadie en esa noche de locura escapó de al menos una lágrima.
Miles, millones, de alegría inconmensurable.
Otros tantos miles de angustia irremediable.

En la imagen del final, todos nos abrazamos.
Con él y por él.
El héroe goleador volvió.
La Bombonera en una de sus noches de mayor pasión de locura estalló.
La película, sin trampas ni manchas, nunca pudo ser mejor.

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Marcelo Gonzalez

Papá de Ciro . Socio de Boca. Periodista. 22 años siguiendo y comentando los partidos de Boca por Radio Cristal de Entre Ríos.  Comentarista y Director Periodístico de Cadena Xeneize.

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