El mejor, de la primera a la última gala

Seis años se cumplen de la última función de Riquelme. Sensaciones similares albergaron el debut y la despedida, por un testigo.

La primavera de noviembre del 96, nos regalaba un domingo caluroso. De pleno sol.
Los fieles de La Bombonera estábamos, (aunque no éramos tantos como los que cuentan que fueron), a pesar de otro torneo irregular y que se escapaba sin gloria de la mano de Bilardo. Esa tarde, (sí todavía jugábamos en horarios con luz natural), debutaba un pibe. Menos de 20 tenía. Y lo que sabíamos era que había llegado en el “combo” de jugadores desde Argentinos.

Flaquito, espigado, con la sensación de que un cruce más o menos fulero lo podía desarmar todo…
Ese pibito, el día de su debut, la rompió.
En un equipo lleno de figuras, con muchos de años en primera, varios de selección, fue el mejor.
Los fieles de La Bombonera lo ovacionamos.
El pibe Riquelme, tímido, apenas levantó su mano para saludar. Declaró que ya había jugado con la Reserva allí. Parecía tomarlo natural, como sabiendo algo que todo el resto todavía no.

Como si tuviese años de experiencia, Román se plantó con autoridad desde la tarde de su presentación en Primera

La tarde/noche de otoño de 2014, fría, oscura, lluviosa, recibía a los fieles de La Bombonera. Bastantes más que aquella cálida tarde del 96.
Los que estábamos sabíamos, aunque nadie oficialmente lo había anunciado, que podía ser la última función.
El tercer ciclo de Bianchi se esfumaba sin gloria.
El ya veterano Riquelme luchaba con los enemigos internos.
Los que necesitaban “evaluar” hasta último momento un nuevo contrato para quién ya había hecho todo y sin embargo, 17 años y medio después del debut, seguía mostrando que era el mejor.

A pesar del diluvio, en su ultimo acto, vestía de etiqueta. Dispuesto a entregar hasta el último girón de inagotable talento.
Como el más fabuloso director de orquesta, entregó todo su repertorio.
Resumió en su último juego, toda la sabiduría que supo incrementar a lo largo de su carrera.
Al fútbol muchos lo han jugado de forma extraordinaria.
Pocos lo han comprendido en su totalidad.
El pibe del 96 lo jugaba fantástico.
El veterano que se fue en 2014 se había transformado en un sabio de este juego.

Hoy se cumplen 6 años de la última noche (ya ni nos acordamos lo que era jugar con la luz solar).
Los fieles de La Bombonera, lo ovacionamos como aquella primera vez.
Cuenta la historia que durante la semana mandó a pedir decenas de camisetas para regalar. A todos los demás nos regaló la imagen final del más grandioso talento que supimos ver en una cancha…

Chau, diez. Así se iba Román tras su última noche. Con la frente y su fútbol bien arriba

Él, sin dejar de lado cierta timidez, ya se había convertido en un declarante de plena lucidez.
Así como en la cancha, afuera manejaba la pelota cómo y hacia dónde quería.
Capaz de inventar un caño sin tocar la pelota ante el más rudo defensor. Como de dejar en ridículo al notero taimado con aires de divo.

Levantó sus 2 brazos. Saludó hacia todas las tribunas de La Bombonera, que se rendían ante su más grande exponente futbolero.
Se fue revoleando una camiseta.
Volvía a ser uno más de ellos.

Adentro, en el patio de su casa, siempre supo, desde la primera a la última vez, que fue el mejor.

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Marcelo Gonzalez

Papá de Ciro . Socio de Boca. Periodista. 22 años siguiendo y comentando los partidos de Boca por Radio Cristal de Entre Ríos.  Comentarista y Director Periodístico de Cadena Xeneize.

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