BOCA ESTÁ DE LA CABEZA

A veces es mejor quedarse con una imagen. Esa de un par de segundos que puede resumir todo, hasta una vida. Y elegí, o mejor dicho, me eligió una foto del final: el abrazo de Marcone con Campuzano cuando el colombiano anotó el gol.
Dos contrincantes, de esa competencia interna que dicen que es tan buena, que es necesaria, terminaron abrazados por el cuarto gol de una goleada que venía madurando más allá de los diez minutos que el local dominó el juego.
¿Será una de las clave de este momento? ¿Será que por ahí pasó el secreto de semejante cambio en un equipo.
Ya todos sabemos que Boca goleó a Godoy Cruz. Que jugó bien a muy bien; que Pol es un conductor atípico pero conductor al fin. Que Obando, me parece, que ha dejado de ser un proyecto para que el técnico ya pueda poner mano en él y utilizarlo con confianza. Que Alonso está mostrando una inusual autoridad para jugar; como también hay que decir que Mas es menos y que en definitiva, Boca hace lo correcto: titulares y suplentes juegan a lo mismo.
Hasta se notó picardía para jugar. Esa que todo jugador tiene, que es el arte del engaño; hacer pasar a un rival que cree que ibas a la derecha por lógica pero vos decidiste salir por izquierda. Esa mínima cosa hace mucho tiempo que no lo veía en Boca. Como que de repente, muchos jugadores entendieron que el fútbol más allá de todas las presiones y el dinero, sigue siendo esencialmente un juego. Y en todo juego gana no sólo el que tiene más suerte, si no el que mejor engaña al rival. No voy a poner el ejemplo del truco porque es evidente… no siempre gana el que tiene el ancho de espadas, gana el que te corre hasta la falta envido con 24…
Repito algo que vengo diciendo: Russo más que un técnico es un gran psicólogo. Quizás ayudado por sus problemas pasados que en en verdad te hace cambiar la manera de pensar. Te quita la presión de las boludeces y hace que te concentre en lo más importante.
Por que insisto: los grandes cambios estrictamente tácticos fue que Villa cambió de lado para ser delantero, que el equipo se para 30 metros más arriba, que el volante central es menos vueltero y va al frente, que le pide a los volantes que rompan líneas, que no sólo sean los delanteros los que conviertan. Y así podemos armar un rosario de recomendaciones.
Y esto no es en desmerecimiento del entrenador. Al contrario, le destaco que sacó de su experiencia el manual correcto, y esto se vio de principio al fin.
Ganó Boca, goleo, gustó… Sí… parecía que nunca más íbamos a escribir esto. Aunque lo bueno de todo esto es que lo podemos decir con argumentos.

Marcelo Rodriguez

Periodista de Crónica. Las opiniones son personales. Autor de Con alma y corazón, el fenómeno Boca Bianchi.

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