Es la última chance

Lo primero que uno debe hacer es, ante un comentario, decir lo que siente, lo que ve. Explicarle al hincha que pasa tal cosa o que haciendo tal otra, pueden suceder tal y tal situación. Por eso, ante tantas prerrogativas, ante tantos “peros”, ante las variadas y lógicas justificaciones que se pueden esgrimir ante ciertas circunstancias, hay que ser medido sin pasar la línea. Pero ya cansa esta historia.

En general, tras un Mundial, uno crece porque aprende de los distintos sistemas que ve, los periodistas, los entrenadores… Y tal vez, que Francia se haya llevado la Copa, determine que uno deba ratificar su rumbo o su estilo. Y este Francia le está haciendo mucho mal a Boca… al fútbol en general. Como el bielsismo, que llevó este juego a expresarlo en jugadas utópicas defendidas por esto de que no se gana nada, pero qué lindo juega… ¿no? Y no se habla de un estilo Bianchi, por ejemplo. Llamativo… Bianchi fracasó en su último paso por Boca. Los bielsistas nunca fracasaron y está bien; porque nunca ganaron nada.

Expresada esta catarsis, propia, íntima, volvemos a la actualidad xeneize. Y una vez más no podemos tener 10 días de paz futbolística. Porque ante los colombianos se mostraron cosas positivas, más individuales que colectivas, y ante los Rapiditos de Colorado, mostramos la peor de las caras. Un equipo desconcentrado, fastidioso, que no supo nunca a qué jugar.

Porque si vamos a plantear los partidos como Francia, por ejemplo, tenemos que regalar la pelota, y no lo hacemos. Pero además, no tenemos los jugadores de Francia… Mbappé no es Pavón y Zárate no es Griezmann. De todas maneras, y más allá de esta humorada (?), con corredores no alcanza, porque esto que uno ama tanto se llama fútbol, y es un juego más allá de todo superprofesionalismo. Y como tal, juego, hay que jugar. Y sin futbolistas que lo hagan, es muy difícil.

Con Cardona, Tevez, Maroni y Reynoso, no podemos carecer bajo ningún punto de vista del juego. Y no hay excusa. No pasa por darle rodaje a los futbolistas, a los cuales se les puede dar ritmo sin la necesidad de poner en cancha un equipo ilógico. Un equipo preparado para correr y nada más.

No somos normales. No lo pone en cancha el técnico. No lo ve. No lo quiere hacer. O vaya a saber qué sucede. O si se siente en obligación de poner a todos para que nadie se enoje, o cree sinceramente que sólo corriendo se ganan los partidos.

Es raro. Guillermo avanza un paso y retrocede dos. No hay justificativo. No se puede decir que está experimentando. No y no. Porque la cosa no es así. Como diría ese personaje chino que apareció un día por la TV y se hizo un meme viral, uno podría decir que “no hay por qué”.

Está claro que no hay proyecto, hace años que no hay nada. Hay un sólo objetivo que es ganar sea como sea, a costa de lo que fuera. Se compra al por mayor, los pibes del club saben que nunca van a tener una chance ni van a ser bancados porque son moneda de cambio. Porque el mercado se los lleva ya a los 15… Incapacidad, porque los de afuera ven lo que no pueden ver los de adentro…

¿Cómo puede ser que no haya un rinconcito para tres o cuatro chicos? ¿Cómo puede ser que Maroni tenga él la responsabilidad de decidir si llega Olaza o no? ¿Por qué lo exponen? ¿Por qué Pochettino, volante con características que no abundan, ni siquiera es considerado? Y esos por qué (no hay por qué), se repiten y se extienden en el tiempo. Porque a ver, supongamos que Boca gana la Libertadores, ¿luego sí? Luego tendremos un proyecto, una manera de entender el juego respetando a los chicos, armando un equipo lógico, equilibrado… que vaya sumando juventud a la experiencia, que se armen cimientos sólidos… Eso no va a pasar, lamentablemente.

Guillermo tendrá su última chance. Sabe que después de tener semejante plantel, no logra siquiera ganar la Libertadores, su ciclo se habrá acabado. Pero no será sólo responsabilidad de él.

 

Marcelo Rodriguez

Periodista de Crónica. Las opiniones son personales. Autor de Con alma y corazón, el fenómeno Boca Bianchi.

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