¡¡¡CAMPEONES!!! A LO BOCA SE VIVE MEJOR
Cuando todo indicaba que la vida y el fútbol nos darían otra cachetada, Boca respondió. Cuando parecía que nos condenaban a quedarnos con las manos vacías, este equipo sacó a relucir ese carácter que tantas veces ha definido nuestra historia. Boca Juniors conquistó la Tabla Anual, un premio a la regularidad que lo consagra como el mejor equipo del año.
El partido ante Defensa y Justicia arrancó con intensidad, ritmo y una propuesta clara: Boca salió a buscarlo. En el primer tiempo fue superior, manejó los tiempos y lastimó por las bandas, generando las ocasiones más claras. Sin embargo, faltó precisión en los últimos metros. Merentiel no tuvo su mejor noche; desperdició oportunidades dentro del área e incluso gritó un tanto que, posteriormente, fue anulado por posición adelantada.
En el complemento, el encuentro cayó en una meseta. Boca perdió esa intensidad inicial y Defensa y Justicia encontró espacios para lastimar de contragolpe. Pero, en los minutos finales, el Xeneize volvió a adelantar las líneas, fue a buscar el partido con hambre y terminó encontrando la recompensa.
Mención aparte para Leandro Paredes. El capitán jugó con el cuchillo entre los dientes: metió, corrió, barrió y trabó, dejando en claro lo que significa defender esta camiseta. Y, por supuesto, regaló esos pases de tres dedos que solo están al alcance de su clase, dejando a los delanteros en situación de peligro. Ojalá su salida haya respondido únicamente al desgaste físico.
En líneas generales, hubo buenos rendimientos. Herrera tuvo una actuación excepcional: un defensor hecho para vestir la camiseta del club más grande del mundo. Flores, en cambio, no terminó de convencerme. Pareció sentir el peso del encuentro, algo entendible si consideramos su juventud y la falta de roce en este tipo de escenarios.
Hay que tener paciencia. Para él, y para muchos de los chicos que vienen de Boca Predio, este representa un primer título que seguramente jamás olvidarán.
Y entonces… llegó Valencia.
Mi compatriota entró y, por momentos, pareció estar fuera del ritmo. No había tenido demasiada participación y le costaba encontrar su mejor versión. Pero los goleadores tienen algo especial: pueden pasar buena parte del encuentro en silencio y estar exactamente donde tienen que estar cuando llega el momento decisivo.
Valencia es un nueve. Estuvo ahí, apareció cuando Boca lo necesitaba y convirtió el gol que nos devolvió la alegría.
¡Qué orgullo! ¡Qué alegría que haya sido un ecuatoriano quien nos devolviera la posibilidad de gritar campeón! Mi agradecimiento y reconocimiento eterno para un compatriota que hoy quedó en la historia de Boca Juniors.
También merece una mención especial el Vasco. Gracias por volver, Vasco. Gracias por entender lo que representa este escudo, por transmitir esa identidad y por demostrar que no sos solamente un entrenador sentado en el banco: sos un hincha más, alguien que siente a Boca desde adentro.
Después de casi cuatro años, volvimos a conquistar un título. Y aunque queda camino por recorrer, esta conquista tiene un significado especial. La próxima semana tendremos la semifinal de Copa Argentina y también hay que seguir soñando con la Sudamericana. Boca no puede conformarse; Boca siempre tiene que ir por más.
Hoy volvió a aparecer ese Boca que nunca se entrega. Ese Boca que puede sufrir, que puede equivocarse, que puede pasar momentos difíciles, pero que jamás deja de pelear.
Se ganó a lo Boca. Se volvió a las raíces. Y volvió a gritar campeón el club más grande del mundo.
¡QUÉ ORGULLO SER DE BOCA!




