Agónica Satisfacción: Boca nunca teme luchar
En la mitología griega, Ágonos (o Agon) representaba el sentimiento de la lucha. Personificaba el concepto mismo de la rivalidad, el esfuerzo supremo y el combate honorable. Pero nada sería de Ágonos sin Niké, la victoria.
Y nada sería de nuestro Rodolfo Arruabarrena sin su padre, Rodolfo Tomás Arruabarrena. Aquel de los viajes eternos desde Marcos Paz, el de la prueba de 1986 para demostrar las dotes goleadoras de su hijo. Luego, la humildad, el tesón y el amor por Boca Juniors le marcaron al Vasco un camino largo y lleno de gloria. El técnico rompió el muro del éxito y hoy es ídolo y bandera.
Nada fue fácil. Todo tiene detrás trabajo, y más trabajo; esfuerzo, y más esfuerzo. Arruabarrena debió inculcarle al plantel el compromiso por un juego que se había perdido y la convicción de priorizar las prácticas por sobre las confortables camillas de fisioterapia. Exigió recuperaciones rápidas, no solo de pelotas perdidas, sino de lesiones ocurridas. Impuso disciplina, corrigiendo publicaciones indebidas en redes sociales y hasta la música mal habida en el vestuario.
Ágonos lucha dentro y fuera de la cancha. Hoy, ayer y siempre. Cada minuto da muestra de ello.
Zelos, su contraparte, siempre está presente. A veces planteando la competencia limpia, donde se puedan medir fuerzas, juego y habilidades en este hermoso deporte que es el fútbol. Pero Zelos fue más allá: se ha convertido en un aparato propagandístico que busca dañar la verdadera esencia de la contienda, excusándose en errores ajenos para ocultar las fallas propias. Como dice el dicho: no se puede tapar el Sol con un Di Carlo.
El final del torneo estaba muy cerca. En otros puntos lejanos, los festejos rivales comenzaron tal vez más temprano de lo esperable; no solo los de los protagonistas de aquella zona, sino los de los históricos «cambistas de camisetas» y especuladores. Y en ese preciso instante, la batalla final dio comienzo.
Ágonos, personificado en Rodolfo Arruabarrena, de un lado. Niké, la victoria, del otro. Y Zelos, personificado en hinchas de todos los clubes, periodistas deportivos de escritorio, influencers y todo aquel que no es Xeneize.
Porque en la vida, o sos de Boca, o sos Anti-Boca. Todos estaban atentos, esperando con ansias que este momento no se concretara. Su mejor aliado era Tánatos, la personificación del peor final, la muerte deportiva.
Pero Ágonos es sinónimo de lucha. Esa que se da en la agonía, esa pelea de la última batalla para alcanzar la gloria. Y así llegó Niké, personificada por Enner Valencia, casi sobre la campana. El ecuatoriano le dio el tan esperado triunfo al Xeneize y el final fue victorioso.
Ágonos ya camina junto a la victoria. Su campeonato está consumado. El título que él, y este grupo, merecen más que ninguno. Un campeonato que también amerita que la justicia divina de Themis le dé la revancha por aquellas deudas de épocas pasadas, de manipulaciones arbitrales y «mágicas vitaminas» en los rivales.
Hoy es tiempo de festejos, sin olvidar el camino que queda por recorrer.
¡Salud, Campeones! 💙💛💙





