¡Vamos Boca, carajo!
La opinión de Marcelo González desde Córdoba.

Más de 30.000 hinchas de Boca llegaron hasta Córdoba para vivir una noche tremenda, no apta para cardíacos. Justicia divina. Así se puede resumir lo que vivió el Xeneize en el Mario Alberto Kempes, donde eliminó a Vélez por penales y avanzó a cuartos de final de la Copa Argentina.
Boca hizo lo necesario para ganar en los 90 minutos, pero también, como defecto inevitable, hizo lo preciso para quedar al borde de la derrota. Increíble. El equipo de Arruabarrena tuvo al menos cinco o seis situaciones clarísimas de gol y las perdonó todas. Cuando tenés esa cantidad de oportunidades, la historia debería cerrarse antes. Pero Boca no bajó la persiana, algo que habla de un equipo que todavía le falta madurez.
Dominio con dudas
Por momentos, Boca avasalló a uno de los mejores equipos del fútbol argentino como es el Vélez de Guillermo Barros Schelotto. En el segundo tiempo, durante al menos 35 o 37 minutos, el Xeneize lo borró de la cancha. El primer tiempo fue un dominio alternado.
Resultó extraña la formación inicial, no por la presencia de Alan Velasco sino porque se lo volvió a ver aislado por la banda derecha, justamente lo que el propio técnico había marcado como error en el último partido con Lanús.
Tan flagrante fue esa situación que el propio jugador terminó corrigiéndose, involucrándose más en el juego a partir de la mitad del primer tiempo. Y cuando cambió Velasco, cambió Boca.
Las carencias creativas
Boca ha perdido puntales fundamentales en la generación de juego y creatividad: la obvia lesión de Tomás Aranda y un Leandro Paredes muy disminuido físicamente. Así y todo, Paredes en una pierna sigue siendo imprescindible. ¿Por qué? Porque de esas cinco o seis jugadas clarísimas que tuvo Boca, la mayoría partieron de pases excelsos del capitán, que ve y encuentra lugares donde la mayoría de los jugadores mortales no ven.
Pero no se puede explicar cómo Belmonte erró lo que erró en esa última jugada del primer tiempo. Ya había tenido una anterior muy clara también. Extrañamente viene de hacer una definición magnífica contra Lanús el último viernes y hoy, con el arco grandote enorme para empujarla, la perdonó de una manera verdaderamente inexplicable.
El sufrimiento necesario
La salida de Leandro Paredes sabiendo que se venía la definición por penales dejó al equipo casi sin jugadores experimentales desde los doce pasos. Tanto es así que en la serie de cinco, solamente Lautaro Blanco había participado de la última definición contra O’Higgins en Chile. El resto, o por lesión o porque no estaba jugando, no tenía rodaje.
Un combo que hacía pensar que a Boca lo perseguía un maleficio. Pero no se trata de mala suerte: es mala definición, son malas decisiones en los metros finales.
Montero, de villano a héroe
Álvaro Montero no terminó redondeando un gran partido, pero terminó siendo jugador importante para el desgaste. Mucho desborde, mucho centro, aunque ninguna terminó siendo jugada de gol.
Pero se convirtió en héroe. ¿Vamos a darle un changüí al arquero de Boca? Sí, claro que sí. Incluso para aducir esa pizca de suerte fundamental: no en los penales atajados, sino en el que no salía ni en la foto y terminó impactando en el palo.
Porque en el último instante del partido, Vélez, que no había hecho absolutamente nada para justificar poder llevarse la victoria, encontró una posibilidad con una defensa completamente abierta. Montero no le quedó más alternativa que voltearlo porque era gol. Terminó tomando una decisión excelente: se dio una posibilidad más y en esa posibilidad más, Godoy se paró frente a la pelota, rompió el palo derecho y todos estallaron.
A Boca, a los gigantes, cuando lo tenés arrodillado, evidentemente hay que darle el tiro de gracia. Y Vélez, que no había hecho nada, no le dio ese tiro final. Y ahí Boca revivió.
La épica de los penales
Llegaron los penales, la épica, la historia, el aura. Boca lo terminó ganando simplemente poniéndole el moño a esta noche con un estricto acto de justicia futbolera, porque el único equipo que de verdad intentó ganarlo desde el principio hasta el final, y por sobre todas las cosas en el segundo tiempo, fue el Club Atlético Boca Juniors.
La diferencia también se notó en las tribunas: uno que trae 30.000 hinchas y otro que trae 3.000. No hace falta entrar en discusiones cuando los números hablan por sí solos.
Boca está vivo
Boca está en el campeonato, Boca está en la Copa Argentina, Boca todavía está en la Copa Sudamericana. Vamos todos juntos y vamos hasta el final. Vamos que podemos. Con los inconvenientes, con nuestras carencias, pero también con nuestras virtudes, que no son pocas.
A pesar de todos los inconvenientes, más allá de las carencias, de los goles errados, de los jugadores que se caen, de los lesionados, de los que siguen apareciendo de a ratitos, Boca está. Y Boca está recontra vivo.
Ahora viene Racing. Gracias por este sufrimiento y, por sobre todas las cosas, gracias por esta alegría. ¡Vamos, Boca, carajo!





