Un paso firme, pero la misión sigue en el Morumbí
Por los cuartos de la Sudamericana, Boca le ganó 1-0 a San Pablo en La Bombonera, con un gol de Merentiel en el segundo tiempo.
Boca ganó. Y lo hizo a pura garra, en esos partidos de eliminación directa que pesan el doble. Un 1-0 que es corto en el marcador pero gigante en confianza. El Xeneize se tomará el avión hacia Brasil con el deber cumplido y la certeza de que defenderá esta renta en una caldera como el Morumbí.
El arranque costó. São Paulo salió a morder y, en los primeros minutos, hilvanó mejor la pelota. Pero Boca, con la paciencia que dan estas noches, fue creciendo, acomodando las piezas y adueñándose del territorio. Fue un duelo de ida y vuelta, trabado, donde ninguno logró desnivelar con fútbol, pero sí con intensidad.
Y en ese contexto, la gran noticia tuvo nombre y apellido en el fondo: la defensa respondió.
Jagger Herrera fue un monumento. Jugó con la solidez de un veterano de cien batallas, algo impensado para alguien que recién empieza a ganarse un lugar en estas competencias. No se puso nervioso, no inventó. Si había que reventarla, la reventaba; si había que trabar, trababa. Simplicidad, seguridad y, sobre todo, personalidad. El pibe entendió a la perfección qué significa vestir esta camiseta.
Otra que tuvo una noche inspirada fue Velasco. De a poco, empieza a asomar ese futbolista que la gente pedía a gritos. Aún le falta madurar, pero hoy volvió a mostrar esa chispa, esa intención de romper líneas. Para mí, fue el mejor del equipo. Cada vez que tocó la pelota, generó un problema para la defensa paulista y se convirtió en la principal vía de peligro.
Y después está Merentiel, ese jugador que nunca te deja tirado.
Podrá tener tardes más o menos lucidas, podrá perdonar en algún mano a mano, pero cuando el equipo lo llama, aparece. Y si el partido está trabado, él lo destraba. Esa presencia en el área, esa pegada, en Boca vale oro.
Las notas de color, por el lado negativo, las pusieron los ingresos. El de Villa no terminó de cerrar: se lo vio incómodo, lejos de ese uno contra uno que lo puede convertir en un jugador determinante. Le falta ritmo, pero deberá engranar si quiere ser un arma letal. Tampoco fue la noche de Enner Valencia. Se lo nota falto de rodaje, desconectado del circuito ofensivo y lejos de la versión que se necesita. La puesta a punto es urgente.
El cierre del partido dejó una imagen llamativa. Los últimos quince minutos parecieron un acuerdo tácito. Boca dejó de arriesgar y São Paulo no encontró la urgencia del empate. Desde los bancos, Arruabarrena y Dorival Júnior parecieron leer el mismo guion: el 1-0 era un negocio para ambos.
Al final de cuentas, Boca se lleva lo más importante: los tres puntos y la serie a favor.
Hoy se dio el primer paso. Ahora, a Brasil a cerrar la obra.




