Qatar 2022, como muestra de la historia argentina

Somos argentinos, sabemos sobre adaptarnos, sabemos sacar el fuego interior.

La historia argentina, y no hablo de fútbol, ha sido (y sigue siendo) un sinfín de marchas y contramarchas. De peleas, de disputas, de divisiones, incluso con cinco golpes de estado o elecciones fraudulentas, siempre en favor del dominio de unos pocos por sobre muchísimos.  Más de doscientos años que no han cesado.

Y dentro de ello, para sostener la balanza inclinada hacia el mismo sector de siempre, hubo (con excepciones) una única verdad.

Ahora, empezaremos un juego de comparaciones, que siempre son odiosas y muchas veces arbitrarias. Y en este juego, Messi vendría a hacer el niño europeo, el elegido de la clase dominante, el que tenia que ser el reemplazante del elegido por la otra parte. El que debía ocupar el lugar del otro 10 que está en el alma, en los brazos, en las paredes y en las banderas de los dominados. El jugador ejemplo, el educado, el respetuoso tenía que prevalecer sobre el nacido en Fiorito.

Y, como siempre ocurre en la Argentina, a la orden del día estaban los tironeos por elegir uno en vez de disfrutar ambos. He sido parte de ello, siempre del lado de Maradona. Sudáfrica 2010 nos recuerda que fue el único mundial que Leo Messi no marcó tantos. El 10 DT no logró que el 10 Jugador muestre sus mejores virtudes, mientras que los compañeros en Barcelona del 10 Jugador ganaban su única Copa del mundo.

Sin títulos en la mayor, las derrotas en finales se repetían. Dos Copas América seguidas con Chile, una final del mundo con Alemania. 3 partidos, con alargues y sin goles de la celeste y blanca. El gol de Burruchaga en México 1986 agigantaba más la figura del 10 popular. Es más, el 10 Europeo llegó a renunciar a la selección, hastiado de esta presión y comparación. Messi renunció en Estados Unidos, en el mismo país en el que una enfermera ingresó al campo de juego a buscar al 10 Popular.

Los Argentinos siempre necesitamos a una figura en la conducción. Un San Martín, quien también tuvo sus inconvenientes con los otros. Ahí entró el mejor Messi. No importa si jugó o jugaba mejor que antes, sino como trasciende, todo lo que su figura implicó.  Ese Messi que habló del VAR en la Copa América de Brasil en 2019. Y lo expulsaron, lo sancionaron, lo multaron pero Messi no se desdijo. Tal vez ese fue el primer cambio.

Podemos decir que empezó a hacerse un Messi Maradoneano. Criticó, cuestionó, absorbió toda la presión, dio la cara, jugó y luchó con todo su cuerpo. Ahí Messi dejó de ser el niño europeo a ser el ídolo popular absoluto. Y como explica la historia Argentina, cuando sos un héroe popular, lo sos para siempre, pero algunos no aceptan este cambio. A diferencia de Gardel, Messi empezó a cantar mejor en vida. Y todavía no había hecho su mejor función.

Se dio en el contexto ideal. Scaloni no era aceptado por la voz de la única verdad absoluta. Nunca lo fue. De entrada, tanto al DT como al presidente de la AFA, lo quisieron voltear. Y lo hicieron sin ningún tipo de disimulo. Los programas de los medios hegemónicos pedían su cabeza. Incluso un ex campeón del mundo era parte de esta cantinela. Scaloni no tenía los antecedentes para ser admitido por los dueños de la verdad, quienes querían imponer a todo costa a su niño mimado la poupée. Encima, tanto Messi como Scaloni hablaban maravillas de la Bombonera y del público asistente.

Así es la historia argentina. El no querido por la creme de la crème debe rendir examen  a diario. Y le aparecen cosas. Cuestionamientos de todo tipo. Pero  Scaloni hizo cambios muy fuertes. Mientras algunos históricos se retiraban de la selección, Lionel DT dejó de citar a otros y empezó a armar su selección. Hasta Di María tuvo sus vacaciones con la celeste y blanca. Y Messi, ya sin tantos históricos, empezó a gestarse como el único líder. El capitán verdad, sin tanto apellido a su alrededor. Como una intoxicación de Passarella…

Con Messi líder, Scaloni siguió adelante con la renovación. Se venía la Copa América en nuestro país. Pero, como sabemos, vino una pandemia, se paró el fútbol y el destino llevó la organización de la Copa nuevamente a tierras brasileñas. Cada vez que los de la verdeamarela organizaron una Copa América, la ganaron. Ahí se consolidó todo. Di María volvió a hacer un gol decisivo y Messi levantó la Copa disputada en el Maracaná, la que resultó esquiva del anterior Messi (el de 2014).

Los dueños de la verdad veían a un plantel de mal educados, beneficiados en un Brasil diezmado, pero sus deseos de cambiar al DT y al presidente de la AFA no habían cesado. En pleno 2021, otra vez aparecen las casuales preguntas sobre la selección a un entrenador del medio local. El medio era el mismo.

No es fácil escribir la historia. Y si hay un lugar en el mundo que es aún más difícil es en Argentina. En ese marco, el equipo de Scaloni se clasifica al mundial de Qatar.

El primer partido fue contra el rival más fácil: Arabia Saudita. Un primer tiempo con olor a 4 a 0 termina en un insólito 1 a 2 como resultado final. Antes de oírse los “Yo te dije que…”, el líder salió a hablar en lo inmediato: “Es un golpe muy duro; tenemos que seguir confiando”. Nada concreto, confiar. Cuando hay liderazgo y convicción, la confianza es la principal herramienta. La FE!

¿Todos los argentinos confiaban? Apuesto a que no. Los que estaban esperando la derrota seguro que no. Sumemos a quienes perdieron la fe por ese resultado. Encima habían jugadores clave del ciclo Scaloni que daban ventajas en lo físico.

En México se consagró el D10S del fútbol. Y se venía justo esa selección. Segunda fecha y ya tenía las características de un partido eliminatorio. Con el empate se complicaba todo. El resultado previo entre Polonia y Arabia Saudita nos dio un pulmón artificial pero, tras un primer tiempo lleno de tensión, Argentina justificó el 2 a 0 final.

A Polonia había que ganarle. El nuevo ídolo del Barcelona estaba enfrente. Pero Argentina  dijo presente y avanzó sin tantas complicaciones.

Como alguna vez Maradona volvió como bombero a la selección para enfrentar a Australia, ahora le tocaba a Messi comandar el timonel. Encima, como jugadores del seleccionado sub 20, Scaloni, Aimar y Walter Samuel había perdido en Malasia contra los australianos. Pero Messi lo hizo, con creces, más allá del sufrimiento final y la enorme tapada del Dibu Martínez.

Países Bajos, la ex Holanda. Rival en la final de 1978, en el peor momento del país, cuando se usó el fútbol como propaganda de la dictadura. Rival en Brasil 2014. Y el que nos aplastó en 1974. Pero además era el equipo de Máxima, la princesa Máxima. La rubia argentina que, viviendo en Nueva York, conquistó al príncipe. Romanticismo en estado puro. Nada mejor para los dueños de la verdad que perder ante la Reina. En 1819 se redacta la unitaria constitución nacional. En 1919 se dio la semana trágica en pleno gobierno de Irigoyen. En 2019 los conservadores perdieron las elecciones. El 19 holandés hizo dos goles y nos mandó al alargue. Pero Messi estuvo genial. Dentro y fuera del campo de juego. Si quedaba alguno sin tener la camiseta del 10, pues ese día salió corriendo a comprarla. Un partido con todos los condimentos. El árbitro español, las malas artes de los rivales en los penales, Van Gaal en la previa (y su historia con los argentinos, principalmente Riquelme), con Leo Messi corriendo para hacerle el Topo Gigio al DT rival. Y manda al 19 rival “payà”.

Croacia nos dejó sin revancha contra Brasil. Ese país era parte de Yugoslavia, rival que tuvimos enfrente en Italia 90. Y este Messi, tan pero tan enorme, pateó el penal como Diego lo hizo ante Italia en las semis de aquel mundial. La diferencia entre Argentina y Croacia se reflejó en el tanteador, 3 a 0.

Qatar tenía a las dos figuras del PSG en la final: el joven sin techo y último campeón Mbappé contra el veterano con una única deuda Messi.

Y otra vez la historia Argentina aparece. País naturalmente rico, que tenía todo para ser potencia pero internamente no lo logramos. De hecho, los franceses cambian dos puntas en el minuto 40!. Y así fue hasta el minuto 75 y más. Pero errores impensados: uno de ellos un tonto penal del mejor defensor del mundial y Mbappé nos recordó que estaba en el campo de juego en tan solo dos minutos. Parecía una autodestrucción tan característica. Esas profecías autocumplidas que se repiten desde hace 200 años. Ese tango triste. Tener la gloria al alcance y ver que se nos escapa en segundos.

Se viene el alargue ante el mejor equipo del mundo, ante el último campeón, con Mbappé on fire. Todos rivales morenos enfrente, físicamente superdotados, que no jugaron alargues, que se dieron el lujo de poner suplentes antes Túnez. Crisis total. Pero somos argentinos, sabemos sobre adaptarnos, sabemos sacar fuego interior.

Scaloni, como ante el equipo de Máxima, recogió el guante de Bilardo e hizo lo que había que hacer. Y Argentina fue a buscarlo. Y lo pudo ganar. Messi volvió a marcar otro tanto en la final. Como en México 1986: 2 a 0, 2 a 2 rápidamente y nos adelantamos 3 a 2. Todo invocando al 10 que no deja de alentar desde el cielo. Pero como dice el tango Naranjo en Flor, “Primero hay que saber sufrir, después amar…”.y Mbappé marcó su tercer tanto, igualando al inglés Hurst en 1966. Encima Dibu Martínez nos salva en el último minuto y de contra el otro Martínez (Lautaro) lo tuvo ante Lloris pero cabeceó afuera. Ni una ficción de Hollywood lo pudo haber planeado así. Tamaño sube y baja emocional, idas y vueltas del resultado y estado de ánimo. Gloria y Devoto en segundos, como desde 1810. Argentinidad al palo.

Penales. Argentina debió ganar en 90 minutos y en los 120 pero lo pudo perder. Estuvo siempre arriba pero Mbappé no se resignó.

Arranca el rival. Las estadísticas son claras: tienen más chances de ganar quienes empiezan. Y Mbappé metió su tercer penal para confirmar todo. Le tocaba a Messi. Mbappé ya había cumplido con creces, el argentino tenía todo para perder pero el líder -ese líder- no iba a fallar.

Dibu Martínez agigantó su historia, por encima de los guantes de Goycochea.  Y Montiel, quien jugó mal, marcó el tanto final.

Contra propios y extraños, generando la antipatía mediática de los Madridistas y hasta de varios latinoamericanos, Argentina es justo campeón.

Y digámoslo:  Lionel Messi se erigió en el nuevo D10S del fútbol. Siendo Maradoneado (ayer, hoy y siempre), que cuestioné las odiosas y hasta arbitrarias comparaciones entre los dos “10”, que consideraba a Diego, a sus dos goles a los ingleses, a su carisma, a su todo, como inalcanzable, hoy puedo decir (con las disculpas -y entendiendo- a quienes no lo aceptarían) que Messi comparte su lugar en el trono. Con sus propias características (campeón juvenil, de JJOO, Copa América y del mundo, máximo goleador en mundiales y en general), con sus virtudes, pero, principalmente a partir de su cambio y rol en el liderazgo, cuando dejó de ser el niño europeo obediente, cuando él fue el líder real sin nadie cerca, este Messi también debe ser parte de lo inalcanzable -con Diego Armando Maradona-, y estar en el alma, en los brazos, en las paredes y en las banderas de todos los argentinos.

La  historia argentina tiene pocos líderes populares, y el final de casi todos ellos resulta trágico, cruel o, cuanto menos, poco feliz. Es parte de nuestra idiosincrasia. Esperemos que la unión y hermandad que genera un mundial de fútbol, la convicción del DT, la alegría de la gloria y este liderazgo a lo Messi, todo ello colabore en torcer el rumbo del país. Porque el camino estuvo plagado de trampas, agoreros, conflictos, intereses individuales sobre los colectivos pero contra viento y marea llegaron al Olimpo. Ojalá las cúpulas dirigenciales estén a la altura de estos héroes. Que entiendan el mensaje. El tango no siempre tiene que ser triste cuando nacimos en la tierra de Diego y Lionel.

Leandro Valdés

Abogado. Periodista. Escribí Los verdaderos Mellizos de la Boca y  Mística 2000.

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