El poder de la pungencia
Un 13 de septiembre de 1991 debutaba con la azul y oro Roberto Cabañas

Cuando nació, la partera allá en Pilar le hizo hacer una vuelta carnero. Él, en lugar de comenzar a llorar, se sonrió y ella le cantó una canción en guaraní.
Su infancia fue a puro potrero, pelota y picardía. Soñando con un mundo de grandes escenarios.
Su carrera lo llevó lejos de esa su ciudad natal, aquella tierra conocida por la cordialidad, la calidez y el don de gente buena y servicial. Paso el tiempo y cuando Buenos Aires empezaba a pintarse de verde, dejando atrás el crudo invierno, un 12 de setiembre del 91 llegó al Templo. Ambos se miraron cara y cara y sintieron que pronto escribirían más historias.
Haciendo halago del lugar nunca calló nada, a base de una personalidad intensa, hecha a la medida de Boca Juniors. Picante fuera, como dentro de la cancha, jugando siempre al límite, siendo un delantero goleador muy difícil de descifrar para los defensores rivales.
Por convicción, sentimientos y pasión, su pungencia hizo mella en varios rivales.
Con un año en el Club logró tocar el cielo con las manos, consagrándose en el ansiado Campeonato del 92 y, desde allí, se metió en el corazón de todos los bosteros, para toda la vida.
Desde arriba, necesitaban un ganador y lo llamaron. Nos dolió y nos duele su partida tan rápida.
Pero solo muere el que se olvida y él nunca será olvidado ni por propios ni por extraños.
Gracias Roberto
Gracias Cabañas
Gracias Paraguayo
PD: La pungencia, el picor o el picante es la sensación de ardor agudo




