El miedo a perder lo supera
Boca perdió en La Plata y otra vez mostró una pálida imagen. Sin juego ni dinámica, depende de alguna inspiración aislada o una pelota parada.

Dicen que no hay nada que paralice más a una persona que el miedo. Y este Boca de Russo está en un momento en el que el miedo lo frena, lo ata. Y se queda siempre a mitad de camino. El miedo a perder es letal y el mensaje desde afuera es claro. ¿Era necesario tres centrales para marcar a Ayoví primero y después a Díaz? ¿De que sirve un doble cinco que se desprende poco y nada? Pero también está el miedo a revelarse, a hacer algo distinto. Y ahí, pagan los jugadores. No hay movilidad, no hay ayuda al compañero. Dos veces en el primer tiempo un jugador llegó lanzado por los costados pero no tenía a quien darle la pelota. Los volantes no llegan. Y así es muy difícil.
Para ganar en el fútbol hay que patear al arco. Pero este Boca ni eso hace casi. Los arqueros rivales descuelgan centros y poco más. No participan. Solo Ramírez intenta algo distinto. Parece que no hay reacción. Ni adentro, ni afuera. Porque es insólito que los cambios llegarán después del gol, y tarde, cuando se veía que necesitaba meter mano desde la mitad del primer tiempo casi.
Para rescatar está la firmeza y entrega de los tres centrales. Lo poco que puede hacer Ramírez en este contexto. Las trepadas de Advíncula en el segundo tiempo y poco más. Hay mucho para mejorar y cambiar. ¿Podrá encontrarle la vuelta Miguel?



