Esto es Boca

El sorteo había deparado que tengamos que volver a Curitiba para jugar frente al Atlético Paranaense como en la fase de grupos. Lo bueno era que ya se conocía el estilo de jugo del conjunto brasileño. Lo malo era jugar en una cancha de pasto sintético, donde la física es otra a la de pasto natural.

Desde la derrota con Tigre por la Copa de la Superliga, todo el mundo Boca tenía los ojos apuntados a este partidos, desde los jugadores y cuerpo técnico hasta los hinchas, porque empezaba el “mata-mata”, la que para muchos es la verdadera Copa Libertadores.

La pretemporada había dejado muchas dudas y lesionados que obligaron a Gustavo Alfaro a plantar un defensa nueva, con nombres que nunca habían compartido zaga. Eso, sumado a que no llegaron refuerzos en esa posición y el mercado de pases viene siendo muy criticado por el hincha.

Pero sabemos lo que es el Xeneize, y más aún jugando por Copa en Brasil (Donde ayer obtuvo su 8vo triunfo, siendo el que más ganó allí), y el partido lejos iba a estar de ser el 3-0 en contra de la fase de grupo.

En el Arena Da Baixada debutaba el Boca de Alfaro. No porque estrenáramos técnico, sino porque era la primera vez que se iba a ver un equipo de los que nos acostumbró “Lechuga”. Dos líneas de 4, equipo corto y apostar a la contra para lastimar al rival.

El primer tiempo fue un partido pensado, trabajado, donde Ábila tuvo 3 mano a mano que no supo definir. Boca manejó la pelota y el ritmo de juego durante gran parte de los primeros 45 minutos, con Mac Callister y Nandez haciendo un juego brillante por las bandas, tanto en ataque como en defensa.

En contrapartida, Atlético Paranaense controló el medio campo, donde Capaldo hizo cuanto pudo, pero no tuvo el apoyo de Marcone, que parece una continuidad del que se vio en el primer semestre. A partir de ahí, el local tuvo dos remates de media distancia que pasaron muy cerca del arco de Andrada.

En el segundo tiempo, Mas y Weigandt sufrieron más de la cuenta, porque Tiago Nunes mandó al equipo a jugar con transiciones más rápidas y ahí el Xeneize hizo agua. Goltz y Junior Alonso despejaron cuanto centro cayó al área, pero durante 15 minutos Boca se encontró encerrado sin poder salir.

Los ingresos de Hurtado y Tevez le dieron aire a Boca, que los utilizó para empezar a generar espacios para Nandez y Mac Allister, que seguían disputando todas las pelotas como en el primer tiempo.

Sobre los 83 minutos, Junior Alonso anticipa y despeja en mitad de cancha, la pelota le cayó al ex Argentinos, que jugó una pared con Carlitos, y cuando remató, previo desvío en un rival, la pelota se clavó en el segundo palo para el grito de los más de 3000 hinchas visitantes que había en el estadio.

Boca conseguía, no solo el gol de visitante, sino también el triunfo que lo deja con un buena ventaja de cara al partido de vuelta en La Bombonera la semana próxima.

El partido se acababa, Rony lo encaró, como toda la noche, a Mas, la tiró larga y el defensor, en su afán por cubrir para que salga el arquero, desatendió la jugada el delantero le ganó la posición y terminó en el suelo. El árbitro, a instancias del VAR, no solo cobraba un penal que no fue, sino que le sacaba amarilla a Andrada que nunca tocó al rival.

Se paró frente a la pelota Marco Ruben, que ya le había marcado en los dos partidos anteriores al Xeneize, pero la justicia se hizo presente en Curitiba y el remate se estrelló en el palo para la alegría de todo el pueblo bostero.

Sin todos los titulares y dejando de lado todas las dudas de la previa, Boca consiguió un triunfo importantísimo, de visitante, con el sistema que le gusta a Alfaro y que pedía el hincha, ese estilo que tantas alegrías nos dio y que sube la vara de esperanza, pensando en disputar el partido decisivo en Santiago de Chile, porque esto es Boca.

JotaPe

Periodista y Bostero.

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