La Ribera, el mejor de los Barrios

Pensar que fue uno de los mejores partidos desde la llegada de Guillermo, sinceramente siento que es exagerado, sin justificación. Es como quedarse con la última foto. Hasta podría decir, más allá del dos a cero con el que terminó el primer tiempo, que ese período fue uno de los peores de los últimos dos años.

El peor, sí. Porque no me quedo con solo el grupo de entusiastas jugadores de Vélez. Pienso en qué sucederá si Gremio te domina como lo hizo el club de Liniers. Si hasta el propio River hace eso… Porque convengamos: fueron 45 minutos que se jugaron en campo de Boca. Fueron 45 minutos en donde Vélez lo hizo correr a Boca siempre de atrás, pero claro, los entusiastas jugadores de Vélez, no tienen peso en el área. No tienen siquiera, un Pavone, un Silva, por poner un ejemplo de delantero peligroso.

Y si este entusiasta grupo de jugadores de Vélez, jóvenes, pudieron dominar y maniatar a un Boca clasificado a los cuartos de final de la Libertadores, no hay comparación. No hay explicación justa, salvo que volvamos para atrás en el tiempo y volver a decir que Boca es como Sandrini: nos hizo llorar en el primer tiempo y reír en el segundo gracias a un tipo que se toma el fútbol ya como algo personal: Wilmar Barrios.

Pero Boca hizo dos goles. Ganaba ese primer tiempo dos a cero. Es verdad, claro. El poderío del medio hacia adelante que tiene el equipo de Guillermo está a la vista, es material; no es una sensación, es un hecho. Y con esto, con sólo esto se puede comenzar a entender por qué Boca le termina ganando a Vélez un partido que, como dije, la cabeza la puso el Fortín y las emociones el Xeneize.

La defensa se mostró firme frente a un equipo que mostró indisimulados problemas para definir. Pero de todas maneras, vale la apreciación de una línea en general muy criticada.

Pero la clave. Eso que hizo festejar a los hinchas y que, de alguna manera fue justificando con esfuerzo el resultado final, fue Barrios. No quiero obviar a Pavón; pero el pibe que fue figura, que recobró la memoria, creció de la mano del colombiano. Y no porque haya sido quien lo asistió; si no que Barrios fue el que puso los puntos sobre las íes y ante la presión constante de Vélez, él solito presionó a todos los rivales. Fue un león hambriento en cada pelota. Levantó a la gente, levantó a sus compañeros y de ahí en más, Vélez ya no fue el dueño del partido.

Y Pavón. Un 10, para mi. Un 10 porque en cancha, mostró mucho más de lo que se puede ver en la televisión. Porque se prodigó hasta el final. Porque recuperó más pelotas que los defensores, que cuando tuvo una, la metió. Y después fue imparable.

Ser imparable no pasa por limpiarse a todos los rivales, pasa por una cuestión mental. Cuando Pavón tenía la pelota, generaba “confianza” de que algo bueno iba a pasar. Y por eso, cuando un jugador te da esa tranquilidad, es el dueño psicológico del adversario. Algo que suele hacer muy bien River: maneja desde la cabeza los partidos.

Los autores de la victoria, finalmente: Barrios y Pavón. Estrellas de un equipo que en general tiende a estrellarse.

Por eso, prefiero, como dije en anteriores notas, hacer un análisis global y no circunstancial. Los detalles de lo circunstancial te da la respuesta para lo que se puede llegar. Y así, en la parte que más importa que es la Libertadores, Boca no la tiene para nada fácil.

Marcelo Rodriguez

Periodista de Crónica. Las opiniones son personales. Autor de Con alma y corazón, el fenómeno Boca Bianchi.

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