Sin once, no hay paraiso

Cuando llegaron tantos refuerzos y de jerarquía, lo primero que pensé es: “Guillermo tenés que armar un once y bancarlo”.

Lo pensé yo, claro. No lo hice por el técnico, ni el DT mismo pensó eso, porque lo visto en estos últimos tiempos (no tanto), que Boca tenga un once titular frente a un plantel con tantos nombres, se hace muy difícil. Y se hace difícil tener un equipo cuando no tenés once titulares.

No digo que tengas a los once mejores. Digo que tengas a los once que te cubran las necesidades del equipo. Que puedan satisfacer lo que pretende el técnico pero, si estas necesidades son adversas al equipo, deberá cambiar y girar en el aire para buscar una respuesta. Bastante buena plata se lleva para que encuentre las soluciones.

Ahora aparece la posibilidad de que juegue Sebastián Villa, Carlos Tevez… Que juega Edwin Cardona, que no juega. Se escucha que algunos han tenido gran actividad (?) (¿estoy loco o se jugaron dos fechas de Superliga y una de Libertadores?).

La sensación es que Boca es un barco sin capitán. Es tanto lo que tiene que no sabe por dónde empezar. Y se arranca del medio, cuando tenés que pensar muy bien qué pretendés y de qué manera conseguirlo.

Cambiar dos o tres jugadores en todos los tiros no es bueno. Es malísimo. Es lo peor que podés hacerle a un equipo, a un plantel. Nunca jamás vas a tener funcionamiento. Que va a sembrar en la cabeza de los jugadores la incertidumbre de ser o no suplente. O si te toca y te mandás una macana, ya pasás a degüeyo y aparecerá otro en tu lugar y vos, a Siberia.

No sé cómo terminará esta historia. Quizás Boca termine ganando la Libertadores y consagrándose Tricampeón. Ojalá, pero ni eso hará cambiar mi opinión, mi manera de ver el fútbol.

Estamos en manos no experimentadas, con pocas ideas, que sólo acumula nombres y más nombres. Del resto se habla poco y nada.

Marcelo Rodriguez

Periodista de Crónica. Las opiniones son personales. Autor de Con alma y corazón, el fenómeno Boca Bianchi.

Articulos relacionados

Botón volver arriba