En Boca nadie se entera antes

Se repite, no se corrige, nos encontramos siempre con la misma cantinela... Un día bien, un día mal. Un día espectacular, un día desastroso. Y cuando esto sucede, cuando un equipo no logra mantener un nivel de juego, es porque no tiene convicciones. Sí tiene arranques, como caprichos; y cuando la cosa no sale se acostumbraron a perder la cabeza y hacer lo primero que se les viene a la cabeza. No hay orden, no hay plan, no hay planificación. No hubo cuidado para saber que un pibe de Estudiantes, que está en el banco, mide dos metros y medio, y lo dejamos solo en un tiro de esquina.

Porque no supimos que la cancha es chica; que tenía el pasto alto. Que tenía una base dura y que la pelota no iba a correr como debiera; y que el roce iba a ser carta constante. No. En Boca nadie se entera antes. Todo lo descubre en el momento, y siquiera encuentran en ese descubrimiento, la solución para aunque sea, pasar el invierno...

Es abrumadora la prueba. La falta de planificación se ve. La falta de planes, de tácticas, de estrategias. Las decisiones que en un 80% siempre son erradas. Un partido que tal vez, no era para Cardona; y sí para Tevez, que es más aguerrido, más metedor. Pero no. Volvimos a equivocarnos.

Tenés un 10 en cancha que no encuentra con quién jugar. O tenés un 10 en cancha que ese día no la ve ni cuadrada. Bueno, tranquilos muchachos, pongo a Bebelo Reynoso que está en el banco. Pero no... Reynoso estaba en su casa, o en la platea.

Que mal que anda Pablo Pérez; siempre tarde, perdido. No importa, ya con amarilla, lo cambio por Almendra... Pero no, no se le antojó poner a Almendra. Y no me vengan que era un partido chivo y que el pibe no sabe de esas cosas. ¡Hizo todas las inferiores en el club! ¡Pero fue para el pobre Villa, que la primera patada que le tiraron le apuntaron a las encías!

Pero más allá de exageraciones, muy habituales en los periodistas porque creemos que para graficar una situación hay que exagerarla, la verdad está en el verde césped. Y en ese rectángulo más chico o más grande; más lindo o más feo, siempre nos encuentra en la misma posición.

Vemos un equipo que no sabemos si está para ganar, para perder. Un conjunto que no puede hacerse cargo del partido. Que le cuesta horrores. Y que no entiende de alternativas. Sólo entiende de caprichos porque son decisiones sin fundamentos valederos.

Marcelo Rodriguez

Periodista de Crónica. Las opiniones son personales. Autor de Con alma y corazón, el fenómeno Boca Bianchi.

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