BOCA ES COMO SANDRINI: TE HACE REIR Y LLORAR

Sería sano que Guillermo convoque a una conferencia de prensa y diga: “Señores, este Boca, mi Boca, juega a atacar sea como sea. No me importa si nos hacen dos o tres goles, porque nosotros vamos a hacer cuatro o cinco. Muchas gracias, felicidades”. Entonces ahí, yo por lo menos, voy a dejar de escribir.

Porque de esta manera, no habrá qué hablar. Sólo se podrá decir me gusta o no. Y ahí termina cualquier polémica.

Pasamos a cuartos, siendo de estos octavos, tal vez el equipo más flojito. O no, perdón. No el más flojito, tal vez el que más dudas genera. Dudas que hace tiempo vienen siendo las mismas y, dos años de trabajo hace repensar que se hizo muy pero muy poco. Porque no es que Guillermo tuvo que rearmar cuatro equipos, porque se le iban 10 jugadores y traía 15. No, si hay algo para destacar en este aspecto es que se mantiene una base importante desde hace mucho tiempo, respondiendo, además, que el mundo futbolístico no está posando sus ojos en los jugadores xeneizes (digamos que es la parte negativa porque es evidente que no sobresalen demasiado).

Entonces, ¿de qué hablamos? De que Boca depende que los tres de arriba estén inspirados. O que el rival sea tan débil que a pesar de las ventajas que damos en el medio y abajo, no es capaz de lastimarnos. Bueno, un poco bastante es lo que pasó en los últimos campeonatos locales. Donde tampoco los “otros” grandes fueron regulares. No es que Boca es el peor de todos, o el menos peor. En realidad deseo hablar del equipo sin entrar en comparaciones con otros clubes, ya sea sólo por una cuestión de filosofía de vida.

En el ámbito local, el fútbol es perdonable. Afuera, no. Y aquí radica todo esto.

A veces me canso de hablar de partidos. Por eso prefiero hablar de ciclos porque es la única forma en la que se encuentra cierta explicación. Y cómo los partidos dentro de ese ciclo, tiene repeticiones, tiene elementos que no cambian. No ayuda decir que se jugó mal por la cancha. No ayuda hablar de una selección para justificar tu forma de defender las pelotas paradas.

La vida extensa de Guillermo como técnico de Boca, se la debe a los jugadores pura y exclusivamente. Sigue estando ahí, por ellos. No por su trabajo que, casualmente, no se deja ver en la semana.

Cuando vos cerras entrenamientos, no es para trabajar tranquilo o para putear o retar a los jugadores. Te recuerdo Guillermo que Boca salió campeón de TODO, durante muchos años sin cerrar una puta práctica. Hasta el maestro del que tendrías que haber aprendido, Carlos Bianchi, nos dijo un día: “Vean la práctica, pero no cuenten”. El Virrey estaba ensayando pelota parada para el partido contra el Milan, nada menos. Partido en el cual se hizo una jugada preparada que por poco no terminó en gol.

Por eso, cuando uno esconde, es porque no quiere que vean ¿qué? ¿Lo bien que se entrena, se planifica? ¿O todo lo contrario, lo mal que se trabaja y lo poco que se planifica? Es más, hasta uno podría separar mucho mejor y diferenciar si lo que pasa es por culpa del entrenador o por culpa del jugador.

En fin… Convengamos que estuvimos a un gol del papelón. Pero bueno, señores. Esto es Boca. A algunos le gusta más a otros menos; a mi no me gusta. Es un conjunto que depende exclusivamente en cómo se despierten los jugadores. Digo, para eso mejor contratar a un psicólogo.

Si tenemos que ir al hueso de la cuestión, Guillermo tendría que darle descanso a los dos centrales. Para sufrir con Goltz y Magallán, prefiero sufrir con Balerdi, porque sé que en un año, voy a sufrir menos, y así sucesivamente. Pablo Pérez ya cumplió su ciclo. El juego de Boca necesita de un jugador con DINÁMICA, cosa que este ya no tiene. Adentro Almendra o Nández. Y hay que pensar muy bien qué hacer con Cardona. A mi gusto, titular inamovible. Y sí vi algo positivo. Sí, algo positivo: el entendimiento de Benedetto con Zárate… Entre tanto, algo bueno tiene que salir.

Hasta el próximo capítulo. Veremos si esta vez Sandrini nos deslumbra con alguna comedia, o con algún drama.

Marcelo Rodriguez

Periodista de Crónica. Las opiniones son personales. Autor de Con alma y corazón, el fenómeno Boca Bianchi.

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