Con las defensas bajas: Boca, entre el paso atrás y la cruda realidad

 

De la noche horrible de Boca en la cancha de Estudiantes de La Plata queda una pregunta central: ¿fue un paso atrás estruendoso o simplemente la confirmación de una realidad que el Pincha dejó brutalmente expuesta? La respuesta, aunque duela, parece inclinarse por ambas cosas. Y hay un dato que no admite discusión: el 2 a 1 quedó cortísimo.

Durante largos pasajes del partido —gran parte del primer tiempo, el último cuarto de esa etapa y buena parte del complemento— Boca estuvo a merced de una goleada del campeón del fútbol argentino. No ocurrió por dos razones muy claras: la falta de contundencia de Estudiantes y porque, siendo justos, el Pincha tampoco jugó un gran partido. La diferencia estuvo en otro lado. En uno solo. Lo pésimo que jugó Boca.

Estudiantes hizo exactamente lo que Boca le permitió. Ni más ni menos. Y ahí aparece una actuación individual que merece mención: Cristian Medina. El ex Boca se metió el partido en el bolsillo, pero también contó con la ayuda invalorable de un mediocampo xeneize nulo, inexistente, ausente. Todos de floja actuación. Todos.

Un mediocampo que no estuvo a la altura

Lo de Alarcón en el primer tiempo es incalificable. Apático, desconectado, sin reacción. Un rendimiento que invita a pensar seriamente si este jugador puede seguir teniendo oportunidades. Leandro Paredes, por su parte, mostró algo aún más preocupante: cansancio extremo. Lento, caminando la cancha, impreciso incluso en zonas donde nunca falla. Cuando el físico no responde, la jerarquía no alcanza.

Paredes es el salto de calidad de este plantel, nadie lo discute. Pero cansado no rinde y no sirve. Si el domingo ante Newell’s tiene que ir al banco, que vaya. En el fútbol, como en la vida, no hay imprescindibles. Boca necesita plenitud física, sobre todo de su mejor jugador, porque el resto —quedó claro— aporta muy poco.

Sistema vs. jugadores: un debate que arde

Boca volvió a mostrar un problema estructural: no tiene generador de juego. Falta inventiva, gambeta, ruptura. El equipo queda atrapado en una estructura rígida, cuadrada. Se esperaba un 4-4-2, trabajado en la previa, pero desde el primer movimiento apareció otra vez el 4-3-3, un dibujo que parece haberse vuelto una obsesión.

Y surge la pregunta inevitable: ¿los jugadores deben adaptarse al sistema o el sistema a los jugadores? Boca no tiene extremos. Tiene uno solo: Zeballos. El resto, forzado a jugar ahí, ofrece versiones pobres. Zenón lo confirmó: por derecha no rindió; por izquierda, en el tramo final, fue donde mejor le aportó al equipo. Casualidad, ninguna.

Una defensa que hizo agua

La zaga central tuvo una noche directamente deplorable. Lo peor que se le vio al dúo Di Lollo – Ayrton Costa, con este último como gran responsable del resultado. En el primer gol, pierde la marca de Núñez en una jugada donde todo Boca fue pasivo, increíblemente pasivo. Córner corto, nadie bloquea, centro pasado, Núñez gana cómodo y Marchesín, otra vez, sin salir a tiempo.

Ese gol, a los 27 minutos, fue el punto de inflexión. Hasta ahí, Boca manejaba la pelota, se acercaba sin profundidad, pero era un partido parejo. A partir de ese momento, colapso total. Y antes del descanso llegó el segundo: otra distracción defensiva, Costa vuelve a perder la marca, cabezazo de pique al suelo y 2-0.

Marchesín, paradójicamente, evitó que el resultado fuera escandaloso con dos mano a mano salvados. Tranquilamente, el primer tiempo pudo terminar 4-0. Y ahí sí, la cabeza de Boca hubiera explotado.

Los pibes como salvavidas

En el segundo tiempo, el ingreso de Ander Herrera mejoró apenas el panorama. Nada extraordinario, pero al lado de Alarcón parecía un jugador de élite. Y cuando ya no había esperanzas, cuando el partido parecía sellado, aparecieron los pibes.

Rebeldía, ganas, actitud. Gelini, en la primera pelota, fue hasta el fondo como si se jugara la vida. Tomás Aranda, con apenas minutos, justificó todas las buenas referencias de la Reserva. No tienen la responsabilidad de sacar a Boca del pozo, pero sí pueden ayudar. Y lo demostraron.

De una jugada por izquierda —otra vez Zenón por su mejor perfil— llegó el centro, el cabezazo al medio y el gol de Zeballos. Inesperado. Insólito. Boca descontó y Estudiantes empezó a dudar. Si esos chicos entraban antes, si había unos minutos más, tal vez hoy estaríamos hablando de un milagro futbolero.

No alcanzó. Y tampoco puede taparse todo lo anterior.

La pregunta que incomoda

El descuento no modifica el concepto general: Boca jugó mal. Muy mal. Los grandes, los que tienen la carga, los que “tienen que demostrar”, siguen sin hacerlo. Y entonces la pregunta cae sola, incómoda, inevitable:

¿Cuánto tiempo más se va a esperar a los que no rinden?

Tal vez la respuesta esté donde menos se busca. En los pibes. No como salvadores, sino como impulso. Porque desde las ganas, desde la rebeldía y desde el hambre, hoy demostraron que pueden darle a Boca un plus que este equipo todavía no tiene.

Marcelo Gonzalez

Papá de Ciro . Socio de Boca. Periodista. 25 años siguiendo y comentando los partidos de Boca.  Comentarista y Director Periodístico de Cadena Xeneize.

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