Boca ganó, pero el partido dejó más preguntas que alivio

Boca consiguió una victoria que, con el diario del lunes, probablemente valga más de lo que hoy parece. Es uno de esos triunfos que, si no los ganás, los llorás. Y si los sacás de esta manera, con sufrimiento, con desgaste y contra un rival que te saca de quicio, te vas de la cancha con una mezcla rara: alivio, bronca y dudas.
Porque el 1-0 ante Deportivo Riestra no fue un partido más. Fue, probablemente, el choque contra el equipo más incómodo del fútbol argentino. No por virtudes propias, sino por su manera de jugar: friccionar, ensuciar, cortar, provocar, molestar, empujar, hacer tiempo, romper ritmo. Riestra no vino a competir: vino a resistir. Y lo hizo durante casi todo el partido.
Boca tenía la obligación de romper ese cerco. Y no le sobró absolutamente nada.
Un rival que te saca del partido
Riestra juega a eso. A desesperarte. A llevarte a su terreno. A convertir el partido en un pantano. Y lo logró durante largos pasajes.
Boca dominó territorialmente, pero no logró transformar ese dominio en peligro constante. Le costó encontrar fluidez, ideas, sorpresa. Y cuando los caminos parecían cerrados, el cansancio empezó a pasar factura.
Ahí aparece el primer síntoma preocupante: cuando Paredes se apaga, Boca se queda sin luz.
El desgaste de Paredes y el vacío creativo
Leandro Paredes fue, otra vez, el termómetro del equipo. Pero a los diez minutos del segundo tiempo ya mostraba señales claras de agotamiento. Bajarse las medias, tomarse la cintura, respirar hondo: el cuerpo avisa antes que la cabeza.
Y si Paredes no puede sostener el ritmo, la pregunta es brutal:
¿a quién recurre Boca para generar juego?
Herrera tuvo un partido muy pobre. Incómodo, absorbido por la maraña de camisetas de Riestra, nunca encontró claridad. Y sin ese circuito, Boca se volvió previsible.
Zeballos, el desata nudos
En ese contexto, el único que rompió el molde fue el Chango Zeballos. Desde la izquierda, donde mejor se siente, fue el que desarmó el entramado defensivo rival. En el primer tiempo se asoció bien con Blanco y generó las pocas situaciones claras:
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A los 3 minutos, el cabezazo de Di Lollo
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Luego otro centro que terminó en chance clara
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Y más tarde, el rebote de Blanco que dio en el travesaño
En menos de un minuto, Boca tuvo tres situaciones que no entraron. Porque a Boca, además, la suerte le esquiva.
Los errores de siempre
Después de ese arranque prometedor, Boca volvió a perder claridad. Los caminos se cerraron otra vez. El equipo entró en una dinámica lenta, sin sorpresa, sin profundidad.
Velasco, errático, volvió a dejar la sensación de que siempre le falta algo. Intenta, sí, pero se equivoca demasiado. Y con la camiseta de Boca, eso pesa.
Cuando Zeballos fue cambiado de banda, Boca perdió su mejor herramienta. El único que desataba el nudo.
Un esquema que no fluye
Boca arrancó en un 4-2-3-1, con Paredes y Belmonte como doble cinco, Velasco a la derecha, Zeballos a la izquierda y Herrera por el centro. Arriba, Janson, absorbido por los centrales de Riestra.
No fue un 4-3-3. Fue un equipo partido, sin conexión clara entre líneas. Janson tuvo que retroceder para tocar la pelota, porque arriba estaba aislado.
El gol: pelota parada y justicia
Cuando parecía que ya no había más caminos, llegó el tiro libre. Falta cerca del córner, centro perfecto de Paredes, y Di Lollo atacando con todo de cabeza.
Fue justicia. Porque Boca lo buscó. Pero también fue síntoma: otra vez, el gol llega desde un defensor.
Y eso abre otra pregunta: ¿por qué los que más convierten en Boca son los zagueros?
El banco y las decisiones
Hubo otro punto que dejó ruido: el manejo de los cambios. Dos ventanas gastadas con apenas un minuto de diferencia. Falta de previsión. Y luego, la lesión de Herrera dejó al equipo sin margen.
Detalles que parecen menores, pero en partidos cerrados son decisivos.
Conclusión
¿Boca jugó bien?
No.
¿Era fácil?
Tampoco.
¿Tiene Boca la obligación de hacerlo mejor?
Sí, sin dudas.
Ganó, y eso es lo más importante. Pero el equipo sigue mostrando los mismos problemas: poca generación, escaso gol, dependencia de Paredes y dificultad para romper partidos cerrados.
Los tres puntos están en el bolso.
El funcionamiento sigue en deuda.
Y ahora se viene Estudiantes. Un rival que no perdona.



