Déjenlo jugar, señores

Juan Ramírez, de los más resistidos, volvió a ser pieza clave en el medio para otro triunfo de Boca como visitante. El DT lo bancó cuando muchos pedían que lo sacara y el volante respondió con dos soberbias actuaciones.

En silencio, sin muchas estridencias, Juan Ramírez mostró porqué tanta confianza en él. Cuando muchos pedían que saliera del 11 titular, el zurdo fue ratificado por Battaglia y respondió dentro de la cancha. Tanto en La Plata como ayer en el Monumental, fue figura. Y pieza clave del andamiaje de la mitad de la cancha.

Se soltó, parece. Porque volvió a mostrar esos arranques que había insinuado el año pasado cuando llegó al club. Pero le añadió una dinámica que le estaba faltando. Parado a la izquierda de Pol Fernández, que parece haberlo liberado, ahora hasta pisa el área rival y merodea el gol (frente a Estudiantes y anoche estuvo cerca de poner el 2 a 0).

Durante el segundo tiempo se paró como doble cinco y mostró otra de sus virtudes: el sacrificio. En el cuerpo técnico le reconocen su capacidad para recuperar (es uno de los líderes del equipo en ese rubro en el torneo), pero también para salir rápido y pasar de defensa a ataque. Con Fabra y Villa arman un tándem aceitado por la izquierda, al que también se les suma Molinas. Y Boca, ahí, tiene su arma más peligrosa.

En definitiva, Ramírez pasó de ser de los más resistidos a pieza clave. Y en eso, más allá de sus características, mucho tiene que ver la confianza del entrenador, que siempre lo pensó titular, aún en los peores momentos. Y él respondió en la cancha. Y en un superclásico. Déjenlo jugar, señores…

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