POSVERDAD. EL RELATO MILLONARIO

POSVERDAD (o mentira emotiva)
Es por definición, un neologismo que describe la distorsión deliberada de una realidad, con el fin de crear y modelar la opinión pública e influir en las actitudes sociales. En la que los hechos objetivos tienen menos influencia que las apelaciones a las emociones y a las creencias personales.

Entender esto, tal vez nos ayude a explicar el sorprendente cambio. Y cómo EL VICTIMARIO PASÓ A SER VÍCTIMA.

La historia cuenta de manera irrefutable que un micro que transportaba al plantel de Boca hacia el estadio Monumental fue atacado, en acción premeditada y cobarde, por un grupo no menor a 300 personas. Todos ellos identificados como hinchas del club River Plate.
Energúmenos que al paso del micro de Boca, con foco en Av Lidoro Quinteros y Libertador, y hasta la entrada misma del estadio, le arrojaron: piedras, botellas y gases todavía no identificados, ni de qué peligrosidad.
Lograron su objetivo. Rompieron todos los vidrios y dañaron, física y psicológicamente a los jugadores que se disponían a JUGAR LA FINAL.
Ellos, los agresores, no querían que se dispute el partido. Y después de larguísimas 5 horas de «deliberaciones» con los encargados de la organización de Conmebol, decidieron apelar a la única reacción posible ante brutal ataque. Era IMPOSIBLE JUGAR.
La secuencia de posponer el partido 24 horas, con presiones del Imperio Fox y todos sus «comunicadores», ya forman parte del recuerdo más nefasto de estos tiempos.
Casi cinco días después, el propio presidente de Conmebol, sin ponerse colorado, admitió que él sabía que el domingo tampoco podía jugarse un partido en esas condiciones…
Todo esto es parte de los HECHOS OBJETIVOS. Pasó. No hay forma de negar la realidad evidente.

Pero claro. Ante la realidad, empieza a actuar, en contraposición, la posverdad.

«Angelici cumplí tu palabra. VENÍ A JUGAR EL PARTIDO». Declaraba desencajado, y cual hincha bajando de la Almirante Brown, Rodolfo D’Onofrio el presidente de River. Responsable como cabeza del club anfitrión de cuidar la integridad de los visitantes. Tal cual lo dice el reglamento de Conmebol.
Horas más tarde, también públicamente, pedía perdón al presidente de Boca. No así a los millones de hinchas de Boca, a los que con sus desubicadas palabras, volvía a provocar.
Tiró nafta en un incendio voraz…

«NOS ROBARON» bajan los tuits del «comando protector» integrado por periodistas que habitualmente cubren el día a día del club cuyos hinchas provocaron este desastre.

«NOS ROBARON» declara Gallardo, haciendose eco del reclamo de sus hinchas por perder la localía en la final.
Parece olvidar también, que esos hinchas celebran no haber jugado 45 minutos hace 3 años…
Seguro no tienen noción del perjuicio que sintió Boca cuando, en similares condiciones o peores en esta ocasión, fue despojado de poder definirlo dentro del campo de juego.
Hoy, los muchachos son los principales impulsores para que el partido se defina con una pelota de por medio…

«NOS ROBARON» gritan maldiciendo a la Conmebol. Sí el mismo ente que les permite la chance de jugar, en otro estadio, otro país, otro continente, pero en definitiva les da lo que jurisprudencia mediante no le permitió a Boca hace tan sólo 3 años.

Son innumerables los ejemplos del relato. Interesado y obsecuente, de muchos sectores del lado agresor.
Los que se animaron a instalar la teoría de los infiltrados entre los que tiraron piedras.
De barras de Boca dentro del estadio.
Y, lo más grave de todo, pusieron un manto de sospechas sobre las víctimas directas de los vándalos.

Importante es saber distinguir dónde estamos parados. Frente a frente con la noticia y el hecho real o envueltos en la maraña ficticia de la posverdad.
Ese es un ejercicio con el que tenemos que lidiar todos los días. Debemos estar alertas.
Y con «la guardia alta».

 

Marcelo Gonzalez

Papá de Ciro . Socio de Boca. Periodista. 25 años siguiendo y comentando los partidos de Boca.  Comentarista y Director Periodístico de Cadena Xeneize.

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