¿Qué está pasando?

Soy hincha de Boca desde que nací. Respiro Boca Juniors las 24 horas del día, de todos los días y lo seguiré haciendo hasta que el cuore diga basta. Cuando escribo columnas de opinión, nunca dejo mi pasión a un lado. Al sentimiento trato de agregarle información, perlitas, historias y demás. Primero Boca, segundo Boca y siempre del lado bostero de la vida.

Esta columna será distinta. Tal vez sea una interpelación, tal vez esté equivocado. Tal vez exagere, o tal vez haya algo que no esté interpretando correctamente lo que ocurre, a pesar de haber visto en la cancha a mi querido Boca Juniors en varios centenares de ocasiones. Y de seguir esperando que llegue el próximo partido con la misma ansiedad de siempre.

Boca Juniors perdió 2 a 0 ante Estudiantes de La Plata. Esa derrota implicó que el Xeneize, el bicampeón AFA, pierda el primer lugar de la tabla de posiciones tras 46 partidos, 617 días. Una racha –record- que jamás se dio en los más de 120 años de torneos que se juegan en nuestro fútbol doméstico.

A pesar de ello, el contexto en que se dio esa marca dista de ser el ideal. No voy a opinar del ajeno. Toda la vida fue Boca contra todos. Allá ellos, se lo pierden, nunca lo van a entender. Voy a centrarme en los nuestros.

Si bien las redes sociales (twitter es la que empleo) son parte de un micro clima que no repercute en las tribunas, he advertido que hinchas de Boca pidieron la expulsión de un jugador de nuestro equipo. No tiene sentido referirse a Pablo Pérez en particular porque ayer eran los Peruzzi, Vergini, Rossi o Betancur, por mencionar a algunos de los más recientes. No quiero circunscribirme a los apellidos, sino más bien a lo que mamé de chico respecto de algunos cambios que veo hoy.

Si bien es una verdad de Perogrullo, siempre es mejor un jugador rengueando, parado, estático, que el tener un jugador de menos. Jamás pediría que expulsen a un jugador de Boca. Aunque se trate de alguien que no haya hecho méritos para representarnos o no los esté haciendo en este momento. Salgamos de los nombres. Son todos circunstanciales, aunque a algunos los sintamos como nuestros para siempre. Sí, hay jugadores que están y estarán siempre presentes en nuestros corazones. Pero los 11 que juegan, sean quiénes sean, son los jugadores que voy a apoyar. Después del partido habrá tiempo en demasía para comentar, para opinar, para dar veredictos, para pedir cabezas. Durante los 90 minutos del juego, lo que importa no son quiénes la visten, sino lo que visten: la camiseta de Boca. Su historia, lo que significa para propios y extraños. Importan los colores, aunque nos hayan teñido de rosa o de negro alguna vez. Siempre supe que lo que verdaderamente importa es Boca.

De ninguna manera voy a avalar que del lado Bostero de la vida se cuestione a Abal por no haber expulsado a Pablo Pérez. Merecía la segunda amarilla, no tengo dudas, pero no la voy a pedir ni me voy a indignar por ese error arbitral. Es un jugador de Boca. Si voy a cuestionar que no expulsó a Apaolaza. Si Pablo Pérez debe seguir siendo capitán, si debe seguir siendo titular, etc. es un debate que empieza cuando terminó el partido y perdura hasta que Boca entró al campo de juego del siguiente compromiso. Mi opinión, si a alguien le importa, es que su nivel actual requiere de un descanso, de dejar el primer equipo. Pero eso lo digo cuando el partido terminó.

Algo ya percibía en las dudas que mostraba Agustín Rossi. ¿Qué le trasmitimos a un arquero que atajó 51 veces con nuestra camiseta y recibió 37 goles? ¿Qué debe sentir Betancur, titular de la selección de Uruguay y jugador de la Juventus? De todas formas, déjeme insistir en que no quiero caer en apellidos sino en el concepto.

Pedir el cambio o criticar a un jugador X (no importa quién) es una cosa. Enojarse porque no lo hayan expulsado es otra. Y lo digo sin darle importancia a que Boca perdió la punta tras 617 días. Lo mismo diría aunque llevemos cinco años merodeando la mitad de la tabla.

Hay un límite infranqueable. Jamás leí o vi algo así. Es hora de preguntarse entonces ¿Qué está pasando?

Leandro Valdés

Abogado. Periodista. Escribí Los verdaderos Mellizos de la Boca y  Mística 2000.

Articulos relacionados

Botón volver arriba